El presidente tiene hasta el 18 de agosto para firmar o negar el informe

¿Aceptará Trump que el cambio climático llegó a Estados Unidos?

Un documento elaborado por científicos pertenecientes a 13 agencias federales de Estados Unidos señala que en ese país las décadas recientes han sido las más calientes de los últimos 1.500 años.

Niños juegan en lo que normalmente sería el Lago Folsom en California, que vivió una sequía que duró cinco años. / Rich Pedroncelli - AP

Por más que Donald Trump se empeñe en taparse los ojos ante la evidencia del cambio climático, la ciencia llegó hasta su escritorio para ponerlo cara a cara con esa realidad que él sigue negando. Esta semana, el diario The New York Times publicó un borrador sobre los efectos del cambio climático en Estados Unidos y que, según ese periódico, ya está sobre la mesa de Trump, listo para la firma presidencial.

El informe, que fue elaborado por científicos pertenecientes a 13 agencias federales, señala que la temperatura promedio de los Estados Unidos ha aumentado “rápida y drásticamente” desde la década de 1980 y que en las últimas décadas ha alcanzado niveles que no se veían desde hace 1.500 años en esa región del mundo. (Lea también: Trump calienta el planeta)

A lo largo de 545 páginas, los investigadores exponen por qué están convencidos de que el cambio climático ya llegó a Estados Unidos. Señalan, por ejemplo, que la cantidad e intensidad de noches frías ha venido disminuyendo desde 1960, mientras que la frecuencia e intensidad de los días cálidos ha aumentado. Desde 1980, encontraron los investigadores, las olas de frío extremo han disminuido, mientras que las de calor, son cada vez más comunes.

La evidencia del cambio climático abunda, desde lo más alto de la atmósfera hasta las profundidades de los océanos”, dice el informe, que continúa: “muchas líneas de evidencia demuestran que las actividades humanas, especialmente las relacionadas con las emisiones de efecto invernadero (que atrapan el calor), son las principales responsables para el cambio climático recientemente observado”.

El reporte revelado por The New York Times concluyó que los efectos de los gases que aceleran el cambio climático persistirían incluso si la humanidad dejara de emitirlos de golpe. Según el documento, aun si toda la actividad humana que genera estos gases se detuviera de inmediato, para el final del siglo la temperatura aumentará 0,3°C.

Aunque no parece mucho, esos pocos grados pueden hacer una diferencia significativa en el clima de cada día: si se logra que las temperaturas aumenten menos de 2°C este siglo –tal como lo plantea el Acuerdo de París–, las olas de calor que vienen podrían ser más cortas, las tormentas tropicales menos intensas y la desintegración de los arrecifes de coral podría frenarse.

El informe encontró que es “extremadamente probable” que más de la mitad de la temperatura promedio global desde 1951 haya sido causada por la influencia humana.

No obstante, la Casa Blanca y la Agencia para la Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) se ha mantenido en silencio respecto a si le darán el visto bueno al informe para que se haga público. No cabe duda de por qué: tanto el presidente Donald Trump, como el jefe de la EPA, Scot Pruitt, han dicho públicamente que no creen en el cambio climático, a pesar de la evidencia.

Antes de ser candidato presidencial, Donald Trump ya había mostrado su posición respecto al tema. En 2012, a través de su cuenta de Twitter (¿dónde más?), el hoy presidente publicó una frase que sus detractores le siguen cobrando: “El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos para hacer no competitiva a la manufactura de EE.UU.”.

Y nadie puede negar que desde que asumió la Presidencia de Estados Unidos ha sido coherente con esas palabras: no solo desmanteló todos los planes del gobierno Obama para reducir la emisión de gases que contribuyen al calentamiento global y sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París, sino que nombró a Scot Pruitt, un escéptico del cambio climático y abogado de vieja data de los intereses del sector del carbón y el petróleo, como director de la EPA.

A pesar de los cientos de miles de informes disponibles, poco antes de asumir su cargo Pruitt señaló en una columna de opinión que “los científicos siguen en desacuerdo sobre el grado y el alcance del calentamiento global y su conexión con las actividades humanas”.

Además, en 2014, Pruitt, en calidad de fiscal general de Oklahoma, se unió a otros 27 estados norteamericanos para demandar a la EPA, por las regulaciones medioambientales que impuso la administración de Barack Obama. Y por si fuera poco, el abogado representó a varias empresas del sector energético en una demanda contra las regulaciones federales sobre el uso del carbón para producir energía eléctrica.

Con estos antecedentes, los científicos que participaron en la investigación han dicho que tienen miedo de que la administración modifique el informe o, simplemente, opte por suprimirlo: por taparse los ojos. Lo único seguro es que Scot Pruitt y su jefe, Donald Trump, tienen hasta el 18 de agosto para firmar –es decir, aprobar– un informe que contradice lo que han venido afirmando desde que se subieron al poder.