Así controlan los incendios los turcos

Turquía es uno de los países más exitosos en la lucha contra los incendios forestales. El Espectador estuvo en uno de los centros de control que monitorean los bosques de ese país.

Mientras un país como España perdió por incendios más de un millón de hectáreas de bosque en los últimos 10 años, Turquía apenas 90 mil. / Servicio de Lucha contra Incendios Forestales de Turquía

Los turcos saben que si hay fuego hay que marcar 177. Lo han aprendido porque en la televisión da vueltas una campaña —los árboles arden, un helicóptero sobrevuela las llamas, en tierra unos hombres sudan mientras luchan con el fuego— que les recuerda todos los días por qué los incendios forestales son una amenaza permanente.

Turquía, un territorio de suelos áridos, de clima mediterráneo y fuertes vientos, es muy vulnerable a los incendios. Por años fueron una de las principales catástrofes que padeció. Cualquier chispa terminaba arrasando miles de hectáreas. Pero las cosas han cambiado.

Cuando cualquier ciudadano marca esos tres números para reportar un incendio forestal, el que contesta raras veces se sorprende. De cada 100 llamadas, 75 llegan tarde: el sistema de alertas de fuegos forestales del país ya ha detectado el fuego antes que la gente, incluso la que vive muy cerca, lo pueda ver o incluso oler.

“Hemos logrado ser muy eficientes en nuestra lucha”, me dice Mithat Ateç, director del grupo de prevención de incendios forestales del gobierno de Turquía, mientras vemos las imágenes que transmite en tiempo real un helicóptero a la gigantesca pantalla del centro de control en Ankara, la capital y por estos días la sede de la conferencia mundial de Naciones Unidas sobre degradación de suelos, precisamente una de las consecuencias de los incendios.

Turquía tiene el programa de control de incendios forestales más eficiente de Europa. Mientras países como Portugal o España perdieron por incendios más de un millón de hectáreas de bosque en los últimos 10 años, Turquía perdió 90.000 hectáreas, más de diez veces menos, pese a ser más vulnerable por su condiciones geográficas. Esa es casi la misma extensión de tierra arrasada en Colombia por incendios (93.000 hectáreas) en lo que va del fenómeno de El Niño en este año.

Para proteger los casi 22 millones de hectáreas de bosque del país, Turquía tiene uno de los modelos de gestión más exitosos del mundo.

Entre otras cosas, ha levantado una telaraña de torres de observación a lo largo de sus zonas boscosas claves o sensibles, o en las alturas que las rodean, que le permite monitorear con cámaras cada centímetro de bosque durante las 24 horas.

“Somos capaces de detectar un incendio en apenas 15 segundos”, dice Ateç. El humo, primer efecto visible a la distancia, pero también el calor que emana de cualquier conflagración, es captado por las cámaras, que disparan las alarmas.

Una vez hay una alerta, los bomberos de cada municipio cuentan con una flotilla de reacción rápida que les permite llegar en menos de 15 minutos. Para eso cuentan, no con camiones de bomberos, sino con motocicletas y cuatrimotos equipadas con lo necesario para detener un fuego incipiente.

“Los incendios se salen de control después de 30 minutos y pasan a una escala catastrófica”, explica Ateç. “Si usted logra llegar al foco antes de ese tiempo, resulta fácil controlarlo”. El 98% de los incendios que se presentan en Turquía llegan a consumir menos de 10 hectáreas.

Anticipación, la clave

El equipo de Ateç ha enfocado buena parte de sus esfuerzos en la prevención. Se basa en información meteorológica —como temperatura, humedad y vientos— para producir mapas de riesgo que logran identificar las zonas críticas con tres días de anticipación.

Los incendios forestales se concentran en las zonas más pobladas del país, precisamente en un anillo que rodea sus costas y donde viven cerca de 50 millones de personas.

Aunque puede no parecerlo, su lucha es sobre todo con sus paisanos, antes que con la naturaleza. La principal causa de incendios forestales es el muy arraigado hábito de los turcos de hacer picnics en el bosque. La barbacoa de cordero y los vegetales asados al carbón son casi obligatorios los fines de semana. La mayoría de parques tienen instaladas barbacoas públicas diseñadas especialmente para evitar que el fuego se propague, aunque no todos las usan.

La otra fuente importante son las quemas agrícolas que, debido a los vientos, pueden extenderse a los bosques vecinos.

Cuidar los bosques es clave para Turquía, un país que lucha por cada mililitro de agua. La pérdida de su bosque resulta crítica, no sólo por las consecuencias en cuanto a polución ambiental, sino al daño en las cuencas de sus ríos. Sin bosque, los suelos son altamente sensibles a la erosión por su régimen de vientos y sequía.

“El cambio climático ha alterado mucho las cosas aquí”, dice Ilhami Aydin, uno de los administradores del centro. “Si antes la época de incendios era en agosto, ahora la tenemos hasta mayo”.

Además de un sistema de anticipación y prevención, los turcos han puesto a la orden de su servicio forestal una flota de helicópteros que ha adaptado herramientas militares, como los FLIR, cámaras de reconocimiento térmico. En Colombia, la mayoría de helicópteros militares de combate, como los Black Hawk que tanta mella le hicieron a la guerrilla, cuentan con este recurso. En Turquía, en tiempos de paz y mucho calor, los usan para apoyar a los bomberos en tierra y mandar información en tiempo real para combatir a ese otro y muy volátil enemigo.

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