El delfín mular, principal enemigo de los pescadores de Marruecos

En el mar de Alborán viven tres especies de delfín, incluido el mular. El animal puede alcanzar cuatro metros de largo y más de 400 kilos de peso y se distingue del resto por su color gris oscuro, casi negro, de donde le viene el apodo. 

Tomada de Pixabay/Referencia

El delfín mular, que los marroquíes llaman "el negro", causa estragos en las redes de los sardineros del puerto marroquí de Alhucemas, en el Mediterráneo occidental, y agrava un poco más la grave crisis de la pesca local.

"Desde siempre, en Alhucemas, la economía ha sido la pesca", cuenta Said Sahib, de 44 años, patrón de pesca y sardinero. "Cohabitábamos con el delfín. Pero desde 2010 los ataques del negro se han disparado", explica.

"Cuando ataca, a veces no nos quedan más que entre 10 y 20 cajas de sardinas y unos daños enormes en las redes", por lo que "la factura sube rápidamente", se queja el armador. 

En los muelles del puerto, los tejedores se afanan en reparar las redes desgarradas por los dientes del cetáceo. 

"Hay un problema con este delfín (...), la pesca ha sufrido mucho" en esta parte del Mediterráneo, admite Mohamed El Yaakubi, gobernador de esta región del norte del país. 

En el mar de Alborán viven tres especies de delfín, incluido el delfín mular (Tursiops truncatus). El animal puede alcanzar cuatro metros de largo y más de 400 kilos de peso y se distingue del resto por su color gris oscuro, casi negro, de donde le viene el apodo. 

"Su tamaño le da una gran fuerza para desgarrar las redes", explica un especialista en fauna local. "Este animal es muy inteligente. Ataca para alimentarse", asegura.

"Nos ve llegar, sabe exactamente cuándo y cómo atacar la red", dice Said, el pescador. 

Las estadísticas oficiales reflejan el impacto de estos ataques: desde 2011, las capturas en Alhucemas se han reducido a la mitad, pasando de 8.972 toneladas anuales a 4.576. 

El fenómeno ha adquirido tal magnitud que ha provocado el éxodo de barcos de Alhucemas hacia los puertos del Atlántico. Igual que Said, para quien la sardina "ya no era rentable", otros armadores vendieron sus navíos y sus redes para reconvertirse a la pesca con palangre (línea). 

Hay varias explicaciones: "Con la sobrepesca, hoy en día hay menos recursos y, por ello, más competencia", aduce un responsable de Aguas y Bosques, Mohamed Jabran.

En octubre la muerte de un vendedor ilegal de pescado, que acabó triturado accidentalmente por un camión de basuras, sacó a la luz los tejemanejes y tráficos del pequeño mundo local de la pesca, con la presunta complicidad de funcionarios corruptos.

También provocó una oleada de manifestaciones contra el Estado, acusado de todos los males.

"¡El Estado no hace nada contra el negro!", sostiene Abdelhamid, un pescador, repitiendo lo mismo que se escucha por todo el puerto.

"Tenían el mismo problema en España con el negro, empezaron a matarlos. ¿Por qué no hacemos eso nosotros?", se pregunta otro pescador. "¡Porque el delfín es bueno para los turistas!", asegura el exsardinero, que acusa al Estado de querer "matar la pesca" en beneficio del puerto de recreo. 

"¡Eso no tiene ningún sentido! La economía de aquí descansa en dos patas: la pesca y el turismo", replica un responsable local, Nourredin Bughdan. 

Marruecos es firmante del Accobams (un acuerdo regional para la conservación de los cetáceos) y "respeta escrupulosamente la protección de la especie", recuerda por su parte el gobernador Yaakubi.

Todos los métodos probados hasta ahora para luchar contra el delfín, como los ultrasonidos, han dado pocos resultados. En breve se pondrá a prueba un nuevo tipo de red francesa, más resistente, mientras se pone en marcha un sistema para indemnizar a los pescadores por sus redes rotas.

Marruecos intenta llevar el problema ante las instancias implicadas, como Accobams, a quien ha alertado de los "desafíos socieconómicos graves" de las "interacciones negativas entre los cetáceos y la pesca". 

Mientras tanto, el caso del pescador fallecido en el camión de basuras y el estancamiento de la pesca local han hecho volver las redes de malla, prohibidas desde 2010 porque son mortíferas para estos cetáceos.

"Los palangreros de la pesca costera y artesanal reutilizan en masa estas redes, todo el mundo las compra en este momento", afirma, alarmado, un activista.

"Declaran sus capturas como de pesca con palangre. Con la pasividad de algunos miembros de la administración, que esperan así calmar el descontento de los pescadores", acusa la misma fuente.