El premio del PNUD a los defensores del Apaporis

La semana pasada, las comunidades indígenas que detuvieron la minería en el Parque Yaigojé del Amazonas fueron galardonadas por su labor de protección e investigación. habló con uno de sus líderes.

Mientras usted lee este artículo, Maximiliano Tanimuca está emprendiendo la parte final de ese eterno viaje que lo llevará de nuevo hacia lo más profundo del Amazonas. Estará embarcándose en un bote en La Pedrera para cruzar, de nuevo, el inmenso río Apaporis. Serán los últimos ocho días de una travesía que lo llevó hasta Nueva York, hasta las instalaciones del Programa para el Desarrollo de la ONU (PNUD), para recibir un reconocimiento que simboliza el esfuerzo de toda una comunidad indígena: el Premio Ecuatorial 2014.

“Los honramos esta noche porque demuestran cómo las comunidades indígenas y locales pueden abrir el camino. Ellos están en la primera línea de la lucha por el desarrollo sostenible”, dijo el pasado lunes Helen Clark, administradora del PNUD.

Pero el galardón es mucho más que una distinción que anhelaban 1.234 candidatos. Para Maximiliano, representante de la Asociación de Capitanes Indígenas Yaigojé-Apaporis (Aciya), es mucho más que eso. Es, en sus palabras, la muestra de que el conocimiento que han acumulado por siglos aquellos pueblos ancestrales del sur colombiano, puede ayudar a resolver muchos de los dilemas ambientales que hoy enfrenta la humanidad.

“Mientras allá, en Occidente, todos estaban hablando de cambio climático, yo pensaba que nosotros, a nuestra manera, también sabemos qué es y podemos ayudar a detenerlo. Nuestro conocimiento y nuestra manera de vivir pueden hacerles a entender la importancia de proteger un territorio, un planeta que se ha ido debilitando”, dice Maximiliano.

Su experiencia es el mejor ejemplo. Su comunidad indígena, en compañía de otras 18, lograron lo inimagible hace casi ocho meses: que dos magistrados de la Corte Constitucional viajaran hasta su territorio para, en una audiencia, escuchar sus argumentos frente a un conflicto que se robaba la atención del país entero: la pelea entre la minera canadiense Cosigo por explotar oro y los pobladores que querían defender el Parque Nacional Yaigojé Apaporis. Conflicto que, como cuenta Maximiliano, aún no se ha resuelto.

Sin embargo, el reconocimiento del PNUD es también un espaldarazo a esta labor de protección que han desempeñado los pueblos indígenas desde que en 2009 se formó el parque. A partir de entonces se han dado a la tarea de defender los bosques, de garantizar, con prácticas sostenibles, la salud de ese ecosistema que esconde 362 especies de aves, 81 de reptiles y 1.683 plantas vasculares.

“Luego de ese año —recuerda— se declaró que el cuidado del parque iba a estar a cargo de nosotros. Y a partir de ahí nos empezamos a organizar para crear un grupo de investigación ayudado por la Fundación Gaia Amazonas, que se ha enfocado en dos puntos: uno, recuperar la historia de cada grupo étnico: ¿hace cuánto llegó?, ¿cómo?, ¿cuál fue su ruta? Y dos, rescatar nuestro conocimiento, el de los sabedores. Para comunicarnos mejor con Occidente, para hablarles, para que nos entiendan. Lo que hacemos es transformar lo inmaterial en lenguaje escrito”.

¿Y con qué recuerdo se va de Nueva York? “Después de conocer varias comunidades indígenas del mundo, me llevo un mensaje de tristeza. Muchos de ellos ya no tienen agua ni territorio. Y en esa ciudad tan grande también me di cuenta de algo: que mientras nosotros, con la caza, los cultivos, nuestra chagra, vivimos bien, allá para subsistir deben tener plata. Es una vida muy distinta, en la que las necesidades de las personas no se pueden solucionar”.

 

ssilva@elespectador.com

@SergioSilva03

 

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