Mincit quiere fortalecer la industria turística

Lo que dicen los ambientalistas sobre ecoturismo y construcción dentro de parques naturales

Expertos consideran que es necesaria una reglamentación clara y robusta sobre el turismo de naturaleza que se quiere en Colombia. Aseguran que el posconflicto es un escenario interesante para que colombianos conozcan su territorio pero teniendo en cuenta la conservación en áreas protegidas.

Esta semana, El Espectador reveló un proyecto de decreto que sigilosamente se había estado cocinando en el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo para incentivar el ecoturismo dentro de los parques naturales del país. La iniciativa ha generado toda clase de discusiones sobre el tipo de turismo que se quiere en Colombia, el fin de las áreas protegidas, la pertinencia o no de construir infraestructura hotelera dentro de ellos y las nuevas oportunidades económicas que traería el posconflicto con la llegada de más visitantes e inversión privada. (Leer: Parques naturales: ¿para conservación o generación de divisas?)

El documento habla de “promover la construcción de alojamientos, hospedajes y plantas turísticas amigables con el medio ambiente” y “construir nuevas infraestructuras”dentro de las áreas protegidas. La propuesta no fue bien recibida por todos los sectores, teniendo en cuenta que la conservación debe ser la prioridad dentro de estos ecosistemas. Cuatro de los ambientalistas más importantes del país se sumaron al debate y dieron su opinión al respecto. 

Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander Von Humboldt

Es indudable que se requiere reglamentar el turismo de naturaleza, sobre todo porque las expectativas y el potencial de crecimiento del sector en el posconflicto son importantes y probablemente constituyan uno de los principales motores de inversión y desarrollo local. También es cierto que las múltiples modalidades de turismo de naturaleza requieren normatividad específica para garantizar la sostenibilidad, el retorno adecuado de parte de los ingresos en conservación y una apertura a todos los colombianos para que recorran nuevamente su país. Las áreas protegidas públicas tienen ese objetivo precisamente y es muy positivo que el Mintic considere aportar en su gestión, dentro del marco de las políticas de gestión integral de la biodiversidad y los servicios ecosistémicos.

Los Parques Nacionales son un patrimonio invaluable de la nación y deben abrirse a los visitantes, ofrecer información y facilidades para su disfrute, siempre con criterio educativo y recreativo, como señalan los planes de manejo y zonificación, y las inversiones en infraestructura que lo faciliten deben ser una prioridad para la administración del sistema. Un mecanismo de alianzas público-privadas es una opción interesante, con las debidas salvaguardas para que el interés privado nunca prevalezca sobre el común, ni genere condiciones que limiten el acceso equitativo al disfrute de los bienes.

Desde el Instituto Humboldt no consideramos recomendable abrir expectativas para la construcción de hotelería dentro de los Parques Nacionales, así esté acompañada de certificaciones y garantías de manejo responsable; la biodiversidad colombiana es única en el planeta y nuestro mejor seguro adaptativo para los siglos venideros, no vale la pena arriesgarla en un debate de rentabilidad inmediatista.

Desde el Instituto Humboldt estamos listos a proveer toda la información y conocimiento de la flora y fauna silvestres, de la ecología de los paisajes y los procesos culturales asociados  más interesantes para la demanda creciente de turismo de naturaleza, tal como mostramos en la reciente BirdFair que tuvo lugar hace un par de semanas en la ciudad de Cali.

El turismo de naturaleza en el país de la megabiodiversidad abre oportunidades a la vez que impone condiciones, no podemos dilapidar un patrimonio histórico que se abre a la mirada del mundo repitiendo errores que en muchos casos han deteriorado el patrimonio natural y cultural.

Juan Pablo Ruiz Soto, economista especialista en estudios ambientales

Es cierto que la prioridad dentro de los Parques Naturales es la conservación de los sistemas estratégicos, la estructura ecológica principal debe ser lo más importante, pero eso no quiere decir que no se pueda hacer turismo.

Ahora bien, el ecoturismo puede estar articulado con los parques, pero no necesariamente las instalaciones deben estar dentro de ellos. Ese es el caso de Costa Rica, donde gran parte de las alternativas de hotelería están por fuera de las áreas protegidas, los visitantes no se quedan dentro de ellas, sino alrededor, donde limita el parque.

Si se quiere ofrecer hotelería dentro de los parques, la discusión es más profunda, pues deben considerarse opciones para los distintos grupos socioeconómicos, pues no se pueden convertir en áreas de uso exclusivo para extranjeros o gente con altos ingresos. Esa es la diferencia entre la propuesta de un privado vs. la de un privado en asocio con el Estado, pues este último no puede permitir que se privaticen los parques. Hay que tener en cuenta que los parques naturales están mal financiados y el ecoturismo puede ser visto como una opción de ingresos y una alternativa para mejorar las condiciones de vida de la gente que vive ahí. Generar opciones de trabajo es también disminuir presión sobre los mismos ecosistemas.

Finalmente, de ninguna manera se le puede entregar el manejo de un PNN al Ministerio de Comercio, pero sí se pueden hacer alianzas en el manejo del desarrollo de infraestructuras fuera de las áreas protegidas, en publicidad y capacitación.

Gloria Amparo Rodríguez, directora de la especialziación en derecho ambiental de la U. Rosario

El decreto propuesto por el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo presenta varias dificultades. Entre ella está el hecho que le corresponde a la autoridad ambiental la protección de estas áreas y que tal y como está planteado excede las competencias dadas por la Ley 99 (art 5). Además, crea nuevas instancias de planificación que suplen las establecidas para Parques.

A todas luces está excediendo sus competencias. Está volviendo los PNN como un tema económico y está dejando sin competencias a parques, como si fuera un invitado de piedra. Lo que hay que hacer es fortalecer lo público, tener claro el tipo de modelo ecoturístico que queremos y apostarle a eso desde el fortalecimiento institucional (en recursos y personal) de Parques.  

Ya se ha dicho que la protección del ambiente obliga al Estado a adoptar medidas encaminadas a evitar o minimizar su deterioro y a que el desarrollo económico y social se realice de manera armónica con el ambiente y la gente. En consecuencia, el mandato de conservación impone la obligación de preservar ciertos ecosistemas. Estos no están sometidos a la obligación de garantizar un desarrollo sostenible, sino a procurar su intangibilidad. De ahí que únicamente en estas áreas se autoricen usos compatibles con la conservación y que no sea posible realizar actividades turísticas a gran escala y, mucho menos, que no sean responsables, sostenibles y no tengan en cuenta la carga de los ecosistemas.

El proyecto del Mincit termina por desconocer el valor excepcional que tienen estas áreas y simplemente les otorga un valor económico.

Julio Carrizosa Umaña, considerado el padre del ambientalismo en Colombia

La contaminación y, en general, el deterioro ambiental producidos por infraestructuras privadas permanentes dentro de los parques es un proceso de muy difícil control y el deterioro de los paisajes naturales por esas estructuras es casi inevitable. Cuando se otorgan concesiones en las áreas protegidas inmediatamente surgen las confrontaciones entre los intereses públicos y los de los privados, que han invertido en esas estructuras y que por lo tanto exigen adecuados rendimientos a sus inversiones.

En general, estas confrontaciones suscitan procesos de corrupción y concluyen en la exclusión de los visitantes de menores recursos económicos convirtiéndose así el parque en un instrumento de deterioro ecológico y segregación social en lugar de un escenario de integración nacional. 

Modificar la política establecida por el Ministerio del Ambiente en 2013 significa facilitar la privatización de las áreas más atractivas para el turismo en los parques más bellos del país. Se alega que esto ocurre en otros países, pero no se menciona que en casi todos se están cerrando los pocos que fueron autorizados. En realidad, ningún turista culto o medianamente informado aspira hoy a despertarse en medio de un parque, sino a visitarlo con respeto a la vida silvestre que ahí sobrevive.

Lo que se proyecta es lo más fácil para atraer unos pocos inversionistas pero es también la forma más rápida de destruir los parques y al final puede que se obtengan más divisas, no muchas, pero se corre el riesgo de perder un capital natural que se ha protegido mediante enormes esfuerzos.