Los cultivos de caña que amenazan la principal laguna del Valle del Cauca

Sobre la laguna de Sonso, cuya extensión supera las 2.000 hectáreas, fue construido un dique ilegal de 2,5 km para expandir actividades agrícolas. Aunque las obras ya se detuvieron, pobladores reclaman mayor atención. Dicen que habrá un desastre ambiental.

Así se ve la laguna en época de sequía. / Cortesía

La última semana de diciembre, mientras los valles caucanos despedían los últimos días del año, alguien tomó la decisión de modificar la laguna más importante del departamento. Sin permiso de ninguna autoridad ambiental y saltándose todas las advertencias que alertan sobre la importancia ecológica de este ecosistema, un cultivador de caña empezó a construir un dique sobre la laguna de Sonso o del Chircal, un complejo acuático de 2.045 hectáreas (745 de espejo de agua) que históricamente ha servido como un sistema de regulación natural del río Cauca.

A lo largo de tres semanas, muchos pobladores y pescadores de los municipios de Buga, Yotoco y Guacarí vieron cómo, poco a poco, con la ayuda de buldóceres y retroexcavadoras, un pedazo de la laguna estaba desapareciendo. En su reemplazo apareció un jarillón de 2,5 kilómetros de largo y de unos dos metros de alto. Y, además, la maquinaria y los varios trabajadores que invadieron el terreno llevaron a cabo dos obras que tienen alertados a todos los de la región: taparon el canal que comunicaba la laguna con el río Cauca y lo sustituyeron por uno nuevo que desemboca en un cultivo de caña.

“Aprovecharon la época de sequía para robarle espacio a la laguna. Estamos aterrados con lo que está sucediendo. Eso va a generar una tragedia ambiental cuando vuelvan las lluvias. Nosotros vivimos de ese ecosistema, de ahí sale nuestra agua y se ha convertido en un sustento para muchos pobladores que hacen ecoturismo”, cuenta una de las habitantes del sector que pide no ser nombrada. Además cuenta que tiene miedo porque los rumores le han hecho creer que quien está al frente de esas obras está dispuesto a tomar retaliaciones por las constantes denuncias y quejas.

A ciencia cierta, nadie tiene certeza sobre quién está detrás de esa intervención que hoy tiene en vilo al Valle del Cauca. Sólo se sabe que quien lo hizo es el mismo dueño de las dos fincas que estaban separadas por el canal que conectaba el río Cauca con la laguna de Sonso: el predio La Miel y el predio Rancho Grande. Según asegura otro habitante del lugar, se desconoce su nombre y la idea era cerrar esa zanja para conectar ambos terrenos y expandir los cultivos de caña. Su dueño, como afirma Asocaña, la asociación que representa este gremio, no está en su lista de afiliados.

Y aunque quien planeó esa operación logró su cometido sin que nadie lo frenara y con una que otra intimidación, hoy, de acuerdo con la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), los trabajadores están detenidos. “A finales de 2015 detectamos tres buldóceres y con la ayuda de la Policía los decomisamos. Sin embargo, la semana pasada alguien ingresó más máquinas. No sabemos con precisión cuántas son y es cierto que se apropió de un pedazo de la laguna para expansión agrícola. Pero ya, con la colaboración de la Fuerza Pública, suspendimos las actividades y la estamos patrullando las 24 horas”, explica un vocero de la entidad.

Pese a que eso lo confirman los pobladores, reclaman que las intervenciones llegaron demasiado tarde, aun cuando ellos habían hecho varias solicitudes a funcionarios de la CVC para que impidieran la construcción de un dique. “Sólo hasta que el problema se volvió incontenible y hasta que se radicó una denuncia formal, decidieron venir”, recuerda uno de los líderes de la comunidad.

“Pero hoy”, responde el vocero de la CVC que también pide anonimato por miedo a retaliaciones, “ya iniciamos un proceso sancionatorio. Ahora estamos cuantificando los daños ambientales para obligar al propietario a restituir el área”.

Justamente esa es la principal preocupación de los habitantes: de no devolverle pronto a la laguna el terreno que le robaron, puede desencadenarse una tragedia ambiental cuando llegue la época de lluvias. Cuando vuelvan, dicen, “habrá inundaciones en otros sectores, pues el Sonso no cumplirá con su función de vaso regulador. En 2008 vivimos una situación similar y en 2011 el agua se desbordó e invadió una de las carreteras cercanas. Ahora, con esta nueva intervención, las cosas empeoran, porque además tenemos serios problemas de sedimentación que ni la CVC, ni la Gobernación ni las alcaldías han querido solucionar. Y todo eso afecta nuestro medio de sustento, principalmente la pesca. No aguantamos más”.

El caso, afirma Renata Moreno, candidata a Ph.D en política ambiental de la Universidad del Estado de Nueva York, le recuerda varios incidentes por los que ha tenido que pasar esta laguna. “En 1955 un terrateniente intentó hacer algo similar y eso desencadenó varias protestas en la década de los setenta. Hoy es considerada un patrimonio muy valioso del departamento que debe hacerse respetar. Puede desencadenar una tragedia ambiental”.

Tal y como cuenta Moreno, la laguna hoy, incluso, se encuentra en estudio para ser declarada como sitio Ramsar, una de las más importantes figuras internacionales de protección para ecosistemas acuáticos. Quizás, dice, esta protección logre detener de una vez por todas los abusos que en las últimas décadas se acostumbraron a ver los vallecaucanos.