Un agujero en el pulmón del mundo

Este departamento es el más deforestado de Colombia y el segundo de América Latina.

Área selvática deforestada en el municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá), para cultivo de coca. / Cortesía Maríana  García
Área selvática deforestada en el municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá), para cultivo de coca. / Cortesía Maríana García

“Dicen que somos el pulmón del mundo, la vida del resto del Planeta, pero no nos dan garantías para serlo”, según Roberto Ordoñez, líder indígena uitoto del municipio de Solano, en Caquetá.

Su infancia, recuerda, transcurrió entre cedros, carrecillos, guamos, ceibas, canelos, tamarindos y otros árboles que servían como parque de juegos y hábitat de guacamayas y monos.

Ahora, para encontrar un árbol como los de vieja data tiene que recorrer dos días agua abajo por el río Caquetá, a donde no han llegado caucheros, coqueros, madereros, ganaderos y, ahora, los mineros.

Tan escaso es el bosque en este extremo de la Amazonia, región verde por naturaleza, que Dairon Cárdenas, director del Herbario Amazónico Colombiano, tuvo que pasar por 18 jardines botánicos del país buscando muestras de cedro, palorosa y canelo de los andaquíes , ya que en los lugares donde se supone que estarían (según registros históricos), sólo había potreros y plantas invasoras.

Este escenario coincide con los datos entregados por el Ideam el lunes pasado: tras años de estudio de la deforestación, entre 2011 y 2012 la Amazonia volvió a ser la zona más afectada por la tala.

Pese a que han dejado de perderse unas 10.000 hectáreas anuales de bosque desde 2010, la región es culpable del 47% de la destrucción de cobertura vegetal y Caquetá tiene la mayor responsabilidad, no sólo de la región, sino del país y de Latinoamérica.

La nueva tasa de deforestación elaborada por el Ideam deja ver que este departamento pierde el 19% de los bosques del país.

Por su parte, Terra-i, un sistema de monitoreo satelital que mide la deforestación de varios países y en el que interviene el Centro Internacional de Agricultura Tropical, con sede en Palmira, coincide con los cálculos de Colombia.

Según su último informe, Caquetá se perfila como el segundo lugar de América Latina más deforestado (después de la provincia del Chaco, en Paraguay). Además, se estima que si la tendencia se mantiene a ese ritmo, en diez años el departamento será sólo un “gran potrero”.

Con un escenario de tal magnitud, Fernando Franco, profesor de la Universidad Nacional sede Amazonia, pronostica que las consecuencias serían “inconmesurables”.

Según el docente, Caquetá, aunque pertenece a la Cuenca Amazónica, tiene comunicación permanente con los ecosistemas de la cordillera de los Andes y se alimenta de sus aguas.

Si se rompen esos corredores biológicos, “¿qué será de tanta biodiversidad que resulta de esos intercambios?, ¿qué pasará con la disponibilidad de agua?”, se pregunta Franco, y concluye que sólo imagina una “catástrofe natural”.

De acuerdo a Rodrigo Botero, consultor en medio ambiente y exdirector de la territorial Amazonía y Orinoquía de Parques Nacionales, las empresas petroleras inauguraron el gran agujero de deforestación que hay en Caquetá, el cual continúo a manos de grupos campesinos alentados por las promesas de la ganadería extensiva y el cultivo de coca. Este círculo del terror para tantas especies de fauna y flora lo siguieron la construcción de carreteras, el cultivo de palma en grandes áreas y ahora la minería ilegal.

Álvaro Parra, secretario de Planeación del departamento, atribuye la problemática de su región al conflicto armado, a la pobreza y a una cultura “de conquista y depredadora” de la gente.

De acuerdo al actual Plan de Desarrollo del Caquetá, la proporción de necesidades básicas insatisfechas es del 41,72%. Es decir, cerca de la mitad de la población habita en viviendas con hacinamiento crítico, carece de servicios elementales o sus niños no van a la escuela.

A esto se suma que un 90% de los desplazados por grupos armados en lugares como San Vicente del Caguán o Cartagena del Chairá se quedan en municipios cercanos, en condiciones como las que describe el Plan de Desarrollo, lo cual no deja muchas más alternativas que dedicarse a la siembra de cultivos lícitos o ilícitos en zonas de bosque.

Para Juan de Dios Vergel, director territorial de Corpoamazonia en Caquetá, la proliferación de sembrados de coca es la causa de la tasa de deforestación alarmante en su territorio.

La hipótesis coincide con el último informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci) de las Naciones Unidas, según el cual, después de Norte de Santander, Caquetá es el departamento con mayor incremento de cultivos de coca (pasó de 3.327 hectáreas a 3.695) en el último año. De hecho, si se antepone el mapa de deforestación del país y el de cultivos ilícitos, puede observarse que este departamento concentra gran parte de las hectáreas de coca en zonas deforestadas (ver gráfico).

El secretario de Planeación también alerta que el negocio de los hidrocarburos y la minería ilegal (principalmente a orillas de los ríos Caguán y Caquetá, y al mando de las Farc) amenazan cada vez más con ser motores poderosos de deforestación.

Pero el boom minero y petrolero no sólo atenta contra los ecosistemas. Según dice Parra, muchos campesinos ahora se dedican a estas actividades ya no quieren dedicarse al cultivo. Mientras tanto, el 85% de los alimentos que consumen los caqueteños son importados de Tolima, Huila y Valle.

Estas condiciones encienden las alarmas del Gobierno. La Administración del Caquetá tiene un proyecto de restauración de áreas afectadas por la tala y otro de reconversión ganadera hacia mejores modelos para desarrollar esta actividad. De otro lado, el Ideam y el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible planean generar alertas semestrales de deforestación para controlar los principales focos del problema. ¿Será suficiente?, se pregunta Roberto Ordoñez, el líder uitoto que con el paso de los años ve menos árboles cerca a su hogar.