Las mujeres invisibles

Aunque existen normas al respecto, las trabajadoras del servicio doméstico en Colombia carecen de condiciones laborales que garanticen sus derechos, según informe de la Escuela Nacional Sindical.

Las empleadas domésticas en Colombia no tienen las condiciones de un asalariado.   / David Campuzano
Las empleadas domésticas en Colombia no tienen las condiciones de un asalariado. / David Campuzano

l trabajo doméstico está lejos de parecerse al trabajo asalariado en Colombia. Aunque tiene normas que lo rigen y en el papel a las empleadas se les garantiza una pluralidad de derechos parecidos a los de cualquier trabajador, la realidad es otra.

Según un documento reciente de la Escuela Nacional Sindical (ENS), pese a que Colombia aprobó el Convenio 189 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo) mediante la Ley 1595 de diciembre de 2012 (la cual busca mejorar las condiciones del trabajo doméstico), las mujeres que prestan servicios en los hogares son discriminadas desde la misma norma.

Por un lado, las trabajadoras internas que deben permanecer más de 10 horas diarias laborando (tiempo a partir del cual empiezan a contar las horas extras, según una sentencia de la Corte Constitucional de 1998), no reciben dichos beneficios. Asimismo, estas mujeres no tienen derecho a una prima, ya que según la norma (artículo 306 del Código Sustantivo del Trabajo), los hogares no son unidades económicamente productivas que generen utilidades, como las empresas.

“¿Acaso el trabajo nuestro vale menos que el de un trabajador vinculado a una empresa? ¿Por qué?, si incluso es a nosotras a quienes nunca nos pagan recargos por trabajo extra o nocturno”, se pregunta una empleada doméstica de Medellín, que narra de forma anónima su experiencia en el informe de la Escuela Nacional Sindical.

De acuerdo con Sandra Muñoz, investigadora de la ENS, la principal dificultad para que se respeten los derechos de estas trabajadoras es la ausencia de control por parte de las autoridades. “Hay una precariedad laboral total. Es un sector totalmente descuidado por el Estado. Las mujeres no creen en la institucionalidad; para ellas, el Ministerio de Trabajo o las alcaldías no son una fuente para reivindicar derechos”, dice Muñoz.

De otro lado, el artículo 17 del convenio 189 establece que se “formulen y pongan en práctica medidas relativas a la inspección del trabajo, la aplicación de las normas y las sanciones”. Sin embargo, en la práctica, la inspección laboral a hogares es casi inexistente: en el año 2011 sólo se realizaron cinco inspecciones laborales a este sector en todo el país, aunque el registro hable de 742.000 trabajadores que se desempeñan en la categoría de empleado doméstico. “Esto dificulta el control por parte de las autoridades a empleadores y la protección efectiva de derechos a los trabajadores domésticos, aunque esperamos que con la nueva normativa el sistema de inspección laboral, en cabeza del Ministerio del Trabajo, cumpla con su obligación”, afirma Muñoz.

Por otro lado, dice el informe, la mujer trabajadora doméstica no accede a los colectivos de mujeres ni a sindicatos, por lo que no hay un autorreconocimiento como sujetos de derechos ni acciones colectivas que las representen y recojan sus problemáticas laborales. Sin embargo, en Medellín un grupo de 40 mujeres, bajo el nombre de Unión de Trabajadoras Afrocolombianas del Servicio Doméstico, están cambiando la situación.

Desde el 1º de marzo están registradas como sindicato de gremio y la Escuela Nacional Sindical las está capacitando en derechos humanos. Su objetivo es mejorar las condiciones en las que se encuentran. De acuerdo con la investigación “Barriendo la Invisibilidad”, publicada la última semana por el American Center for International Labor Solidarity, al 76% de las mujeres negras de Medellín que trabajan en el servicio doméstico les gustaría cambiar de trabajo.

Según la investigación, el promedio de ingreso del 62% de las encuestadas está entre $301.000 y $566.000. El 64% no están afiliadas a un fondo de cesantías y el 55% dice haber sido víctima de discriminación por el color de piel en sus trabajos. Al respecto, Beatriz Quintero, directora de la Red Nacional de Mujeres, dice que quienes vienen del campo desconocen sus derechos . “Por eso es necesaria más información para estas mujeres y para quienes las contratan”.

El panorama de las empleadas domésticas en Colombia se reproduce de forma similar en América Latina. Según un informe de este año de la Organización Internacional del Trabajo, éstas ocupan el 7,5 % del total de los trabajadores de la región, muy por encima de la media mundial, que es de un 1,7 %, y tienen “enormes disparidades de ingresos”.