Nacional| 27 Mayo 2008 - 10:26 pm

Así viven las familias en la orilla del río

Pesadilla en las riberas del Magdalena

Por: Enrique Rivas / Enviado especial

En Puerto Salgar y La Dorada las víctimas se aferran a los corotos, lo único que les quedó.

Pesadilla en riberas del Magdalena
Foto: Herminso Ruiz - El Espectador
Los habitantes de las orillas del Magdalena no tienen otra posibilidad que la espera.

La noche anterior al susto, Jorge Tobón soñó que toda la ribera del río Magdalena se anegaba brutalmente y que las casas flotaban sobre el agua como pequeños barcos de papel.

Una pesadilla que volvió a repetir en la vida real el domingo pasado, cuando el ensordecedor ruido de las gotas de lluvia que caían sobre el techo de su casa, en el barrio Primero de Mayo de Puerto Salgar (Cundinamarca), lo despertó y lo puso a correr con su mujer y sus cuatro hijos a la media noche. Un susto que también invadió a unas 60 familias que viven próximas al río más largo del país.

Hogares en cuyas viviendas se veían flotar vajillas de plástico, colchones, electrodomésticos y arbustos que terminaban enredados en predios y salas de pequeñas casas con inmensos patios.

Ni Jorge, ni los 2.000 habitantes del barrio, mucho menos los vecinos de las casas fiscales de la base de Palanquero de la Fuerza Aérea Colombiana (Fac), habían visto un desbordamiento similar del río en 22 años.

La última vez que lo vieron, fue cuando el Volcán Nevado del Ruiz descargó su furia y provocó un deshielo que cayó sobre las aguas del río Gualí y éste lo descargó en el Magdalena.

Es por eso que al pescador Jorge Tobón le dio miedo esa madrugada, sobre todo porque el río Magdalena rugió como lo hizo en la avalancha de piedra y lodo que sepultó al municipio de Armero (Tolima) en noviembre de 1985, luego de que el Gualí le descargara todo lo que arrastró del Ruiz y acabó con la vida de más de 22.000 personas.

Jorge regresó a su casa a las 6 de la mañana del martes, en una pequeña canoa que lo llevó unas ocho cuadras adentro del barrio en un recorrido que jamás olvidará.

A lo largo de las calles que se convirtieron en vías exclusivas de embarcaciones fluviales, el hombre de 46 años de edad,

  • Enrique Rivas / Enviado especial | Elespectador.com

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