Así fue la canonización de la madre Laura

Colombia tiene una santa.

Desde temprano el Vaticano se preparaba para la canonización de la madre Laura. Una santa de Medellín que dejó su huella porque siempre se preocupó por los menos favorecidos.

En el Vaticano, el corazón católico del mundo, se preparó desde el viernes la famosa y espectacular plaza de San Pedro para acoger a los fieles que llegaron de todo el mundo, pero especialmente de Colombia a presenciar la magna ceremonia.

A las 7 de la mañana, hora local de Italia, ya estaba colmada de fieles la plaza que sería testigo no solamente de la canonización de Santa Catalina de Siena Montoya sino también de Antonio Primaldo y sus compañeros mártires (fallecidos en 1480) y María Guadalupe García Zavala, mexicana (fallecida en 1963), cofundadora de la Congregación de las Siervas de Santa Margarita María y de los Pobres.

Por esa razón los principales fieles que colmaban la plaza eran de México y Colombia. En particular, se podía distinguir a los nacionales por una particular gorra roja que llevaban para protegerse del calor de Roma que por esta época está entrando en verano.

A las 9:30 de la mañana finalmente se dio inicio a la tan esperada ceremonia que para muchos significó un viaje de 12 horas de vuelo y de un gran esfuerzo financiero. Sin embargo, tal como lo definió María del Carmen Contreras una católica de Antioquia que desde pequeña se ha encomendado a la madre Laura, con tan sólo llegar a la plaza de San Pedro "el viaje se pagó sólo".

"Estar acá es imposible describirlo con palabras. Muchas veces imaginé estar acá parada, acá en esta plaza que desde pequeña he visto en fotos y vídeos. Pero Dios mío. Cuando llegue finalmente, me quede sin palabras y me salieron lágrimas. Mi madre y yo simplemente nos abrazamos y ambas pensábamos que estábamos soñando", narró la fiel.

La espera finalizó muy puntual a las 9:30 de la mañana (hora local) cuando el papa Francisco hizo su presencia en la plaza de San Pedro.

Los fieles con mucho respeto guardaron silencio y escucharon las palabras el sumo pontífice argentino.

"(La madre Laura) Nos enseña a ser generosos con Dios, a no vivir la fe solitariamente -como si fuera posible vivir la fe aisladamente -, sino a comunicarla, a irradiar la alegría del Evangelio con la palabra y el testimonio de vida allá donde nos encontremos", dijo el papa.

En la homilía, el papa Francisco afirmó: "Nos enseña a ver el rostro de Jesús reflejado en el otro, a vencer la indiferencia y el individualismo, acogiendo a todos sin prejuicios ni reticencias, con auténtico amor, dándoles lo mejor de nosotros mismos y, sobre todo, compartiendo con ellos lo más valioso que tenemos: Cristo y su Evangelio”.

Unas palabras que sin duda reflejan lo que fue la vida de la madre Laura.

De hecho, narra el ex secretario de la Conferencia Episcopal, Juan Vicente Córdoba, la mamá de la madre Laura le inculcó a ella a rezar el Rosario por un señor de nombre Ipólito Uribe " hasta que un día ella preguntó: ¿por qué nos haces rezar por ese señor todos los días? Y ella respondió: él fue la persona que mató a su papá, pero toda la vida he querido criarlos con perdón y con reconciliación. No les pido que lo olviden, pero sí les pido que perdonen".

Tras las palabras del Sumo Pontífice en la plaza de San Pedro apareció el médico colombiano Carlos Restrepo, a quien sanó milagrosamente la madre Laura.

Restrepo se dirigió al Sumo Pontífice y le entregó una reliquia. En declaraciones a la prensa el médico dijo que la canonización es algo que le despierta muchos sentimientos, más allá de lo terrenal.

"Son millones de sensaciones estar presente en este día y que siento que se agrupan en mi garganta" narró.

Fue a las 12:30 de la tarde que finalizó la ceremonia. Una misa que tuvo de fondo la imagen de la madre Laura y de los otros dos santos que fueron canonizados este domingo.

Al final de la homilía, el papa se refirió a la paz en Colombia. "Que por medio de la madre Laura Montoya el señor conceda un nuevo impulso misionero y evangelizador a la Iglesia y que, inspirados en el ejemplo de concordia y reconciliación de esta nueva Santa, los amados hijos de Colombia continúen trabajando por la paz y el justo desarrollo de su patria”, dijo.

La canonización

Mientras eran las 2:30 de la mañana en Colombia y en Jericó, Antioquia se celebraba con fuegos artificiales, en el Vaticano el papa realizaba el ritual de canonización.

Se trató de una larga fórmula en latín. "En honor de la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica e incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra", comenzó leyendo.

Tras las palabras del papa, sonó música sacra y las miradas de los miles de fieles reunidos en la plaza se dirigieron a la fachada de la basílica donde colgaban los dos grandes retratos de las monjas latinoamericanas y un tapiz que representa a los "mártires de Otranto", la ciudad del sur de Italia donde fueron asesinados.

Francisco prosiguió: "después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos santos a los beatos Antonio Primaldo y compañeros, a Laura de Santa Catalina de Siena Montoya y Upegui y a María Guadalupe García Zavala".

"Los incluimos en el libro de los santos y establecemos que en toda la Iglesia sean devotamente honrados entre los santos", agregó el papa.

Una vez proclamados santos fueron portadas reliquias al altar donde se celebra la misa, para la veneración.

La canonización estuvo marcada por una mañana soleada, aunque con algunas nubes.