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Nacional 19 Nov 2012 - 11:27 pm

Cerca de 100 familias volvieron a sus tierras en la hacienda Las Pavas

Misael Payares, de la Asociación Campesina de Buenos Aires cuenta el viacrucis jurídico que han padecido. "Necesitamos la tierra para vivir" dice.

Por: Camila Zuluaga, Especial para El Espectador
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Misael Payares es gerente general de la Asocab. / Cortesía

La historia de Misael Payares y los integrantes de la Asociación Campesina de Buenos Aires, corregimiento del sur de Bolívar (Asocab), pone en evidencia el viacrucis de miles de campesinos que han luchado por permanecer en sus tierras y trabajar en ellas. La decisión del Incoder, tomada el miércoles de la semana pasada, que ordena la extinción de dominio de esos terrenos, es histórica y da un paso adelante en la transformación de Colombia en cuanto a la repartición de predios, como parte del proceso de paz. Por esa razón, El Espectador habló con este campesino que nos lleva a recorrer la historia jurídica de más de 100 familias por recuperar el derecho a usufructuar unas tierras.

¿Cómo recibió la decisión del Incoder sobre Las Pavas?

Con mucho beneplácito. Gracias a Dios se nos vienen dando las cosas que habíamos pedido a las instituciones del Estado. Esperamos que ahora la decisión jurídica se falle en derecho para sentirnos bien servidos.

¿Cuántas familias campesinas se benefician con esta decisión?

En 2009, cuando resolvimos retornar a Las Pavas, éramos 129, que equivalían a unas 562 personas. Pero nos dividieron y quedamos ahora 116 familias. Nos da tristeza que esos compañeros no puedan gozar de este triunfo.

¿Quién los dividió?

Las empresas Aporte San Isidro y CI Tequendama por medio de la CGT, que se han venido apoderando del terreno, entre otras cosas, sembrándonos corozo, porque el corozo es aceite.

¿De qué forma les dividieron la comunidad?

Ofreciéndoles dádivas a nuestros compañeros para que declararan en contra de nosotros. Declarando en contra se les solucionaba más rápido su problema económico. Ellos tenían mucha plata y nosotros éramos unos simples campesinos que reclamábamos sin fundamento.

¿Dónde están las familias que se fueron?

Aquí en el poblado de Buenos Aires. Los usaron para que hablaran en contra diciendo que éramos malas personas y creando una organización paralela, Nuevo Liderazgo Campesino.

Ahora, con la decisión del Incoder, ¿qué han dicho esos excompañeros?

Están calladitos y diciéndoles a los compañeros que eso todavía no está claro, que eso que está haciendo el Incoder no es legal sino algo acomodado.

Usted pertenece a Asocab. ¿Qué hace esa organización?

Nació el 3 de octubre de 1998. La creamos para tener unidad y poder reclamarle derechos al Estado porque sabíamos que los campesinos sin asociarnos no podíamos pedir nada.

¿Desde cuándo los desplazaron de las tierras?

La primera vez fue en 2003, por el bloque Central Bolívar de las Auc. Nos reunieron y dijeron que no podíamos regresar porque no respondían por nuestra vida.

¿Y, entonces, cuándo decidieron regresar?

Los que estábamos en la parte visible volvimos en 2005 y los que estaban en la parte donde nadie los miraba, se quedaron por ahí haciendo sus cosas un poco escondiditos, donde no los veían. Después de 2005, empezamos a ir a las instituciones. Llegamos al Incoder en Cartagena a decirles lo que nos estaba pasando y vino una visita en junio de 2006. Fue ahí cuando comenzamos el proceso jurídico.

Si no podían cultivar, ¿de qué vivieron entre 2003 y 2005?

Vivimos de pesca, de babilla y de otros trabajos particulares de la tierra firme. Uno en el campo busca la forma de sobrevivir. Los campesinos no tenemos un sueldo fijo, nos arreglamos de cualquier manera cuando no tenemos tierra para producir.

¿Y después de 2005?

Nos quedamos en la tierra hasta que se presentó el señor Jesús Emilio Escobar con un grupo armado; ya habíamos sembrado una parte de cacao para un señor que al final nos robó. Nosotros los campesinos de Asocab hemos sufrido lo que no se imagina.

¿Quién es Jesús Emilio Escobar y cuándo llegó con ese grupo armado?

El presunto dueño de Las Pavas, además de ser el testaferro de Pablo Escobar. Vinieron después de la visita del Incoder en 2006.

¿Por qué saben que era el testaferro de Pablo Escobar?

Eso es lo que siempre se decía aquí; no es que lo hayamos investigado pero es lo que todos los campesinos sabíamos.

Después del 2006, ¿cuándo volvieron a las tierras?

Seguimos esperando, como nos habían dicho las autoridades. Ya teníamos un abogado del Incoder que nos decía que el proceso iba a salir adelante, que tuviéramos paciencia. Sin embargo, volvimos a la tierra el 15 de enero de 2009 y encontramos que ya había sembrada una porcioncita de palma.

¿Qué hicieron en 2009?

Comenzamos todo el proceso jurídico porque en esa época no nos conocía nadie, apenas el Estado. Hablamos con un sacerdote de Regidor; él nos dijo que había un programa del Magdalena Medio que ayudaba a campesinos y ahí arrancamos con esto.

¿Cómo es un día laboral suyo?

Depende del tiempo en el que estemos trabajando. El lunes comenzamos a laborar y terminamos los sábados y, de acuerdo a lo que sea, lo hacemos tempranito o las ocho horas. Hay quienes duermen en Las Pavas. Producimos lo poquito que nos dejan producir, porque tenemos una falencia de que lo que ponemos nos lo dañan para sacarnos rabia, para sacar el argumento de que somos personas malas.

¿Por qué siguen cultivando si les dañan sus cosechas, como me ha dicho?

¡Porque queremos resistir! Queremos mostrar que estamos resistiendo porque no queremos sembrar en la Plaza de Bolívar en Bogotá ni en la de Medellín. Queremos sembrar aquí donde la tierra produce lo que nosotros necesitamos.

¿Quiénes les queman lo que siembran?

Todo el equipo de Pedro Mármol, que nos ha venido a sembrar sobre nuestro sembrado con otras comunidades.

Cuando dice “equipo”, ¿a cuántas personas se refiere?

A todas las que ellos pueden formar. Usted sabe que el que tiene plata forma equipo a la hora que quiere y lo pone a hacer lo que quiere. Usted no sabe que esa es la guerra en el país. ¿Que la gente que tiene plata le compra armas al que se dedica a hacer el daño y ese sale a matar? Eso es lo que estamos viviendo nosotros.

¿Suena como si la estrategia paramilitar continuara en las regiones?

¡Eso es lo que ve ahí! Hay que hacer un examen de las acciones que vivimos y quiénes las aplican. Los actos de barbarie de tumbarle la casa a una persona, tumbar los ranchos que tenemos para meternos cuando calienta el sol y uno se fatiga, quemar las plantas de plátano, de maíz, de todo lo que uno siembra. ¿Esas acciones de quiénes son? ¿Y esos son poseedores de buena fe, cómo se decía?

¿Qué siembran ellos encima?

Siembran un maíz híbrido y luego lo fumigan y el de nosotros, criollo, inmediatamente lo matan. San Isidro sembró Palma por encima de un comunicado del Incoder, que se lo prohibía hasta que no se resolviera el problema de a quién le pertenecía la tierra.

¿Qué les han dicho sobre cuándo se hará la división de las tierras después de la decisión del Incoder?

No nos han dicho nada, pero desde que las autoridades nos garanticen la permanencia en el territorio a nosotros no nos importa el papel, nosotros necesitamos la libertad en la tierra para sembrar. El papel puede demostrar alguito más que lo que queremos es la libertad, la seguridad, y que no se nos repita lo que le he comentado.

¿Qué tan optimista es usted como campesino frente a la política de tierras del gobierno actual?

Creo en este presidente y en su proyecto, aunque ya sabrá usted que este proceso tiene enemigos y son quienes quieren apoderarse de la tierra, los que tienen más tierra, que no quieren que se la entreguen a campesinos. Nosotros necesitamos la tierra para vivir.

Los supuestos ataques contra reclamantes

 

¿Hubo un choque con las empresas que dicen tener los títulos de la tierra?

Nosotros no nos hemos enfrentado a ellas, ellas se han enfrentado a nosotros, haciéndonos daño: quemas de ranchos, daños de animales, tumba de cultivos. Todavía nos siguen haciendo daño. Y por eso es que hacemos el llamado y le pedimos al Estado que nos respalde y nos dé la oportunidad de quedarnos en la tierra en la que siempre hemos estado.

Cuando dice que las empresas les hacen daño, ¿a quiénes han designado ellas para que hagan eso? 

Personas como Mario Mármol, quien en 2003 era el que aquí, en la comunidad de Buenos Aires, mandaba matar los cerdos para dárselos a ellos, el que nos agarraba los burros para venderlos, el que capturaba.

¿Las empresas contrataron a un exparamilitar para que cuidara los terrenos?

¡A varios! Porque hay unos que fueron reinsertados y también trabajan para ellos.

 

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