Las cinco treguas de las Farc

Aunque sólo se habla de la de diciembre, las Farc declararon cinco treguas en 2014, con una duración total de 56 días y que se cumplieron en el 98%, dice la Fundación Paz y Reconciliación. La intensidad de la confrontación cayó 40%.

Que el proceso de paz entró en una fase definitiva y casi irreversible es algo que aceptan tanto quienes protagonizan las negociaciones entre el Gobierno y las Farc como quienes analizan desde Colombia los movimientos de las partes en Cuba.

Y en medio de semejante desafío no es de extrañar que se presenten declaraciones contundentes de parte y parte, como ocurrió ayer. Que el jefe de la delegación de las Farc, Iván Márquez, insista ante los medios de comunicación que no pagarán un día de cárcel. Que el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, conmine a la guerrilla a acelerar la búsqueda de un cese definitivo del fuego...
 
Pero en medio de esa serie de diferencias ventiladas en público hay hechos que invitan a mirar la situación con moderado optimismo. Quizá la más contundente tenga que ver con el reconocimiento de parte y parte en el sentido de que la guerrilla ha cumplido —en cuanto a combates y ataques a la infraestructura— con el cese unilateral e indefinido del fuego decretado en diciembre pasado. Lo reivindican los subversivos desde Cuba y lo reconoció ayer De la Calle en un foro en la Universidad del Rosario.
 
¿Qué tan cierto es que las Farc cumplieron esa promesa? La verdad es que durante el año pasado no declararon una sino cinco “treguas unilaterales”, que tuvieron una duración total de 56 días, influyeron para que las confrontaciones armadas cayeran 40% en comparación con 2013 y, al decir de la Fundación Paz y Reconciliación, se cumplieron en el 98%.
 
En últimas, se redujeron los combates, los muertos, los heridos, los secuestrados, los desplazamientos forzados y los ataques a la población civil, aunque aumentaron los ataques a bienes particulares y a la infraestructura energética del país, según dice hoy ese centro de pensamiento en la presentación de su balance de las treguas de las Farc durante 2014.
 
Son varias las lecciones que deja el estudio de Paz y Reconciliación, que tiene la ventaja de reunir estadísticas oficiales (Ministerio de Defensa, Fuerzas Militares, etc.) e investigaciones propias realizadas en 242 municipios y en las 14 zonas principales de operación de la guerrilla. Una de ellas es que durante 2014 hubo una alta coincidencia entre el ritmo de la confrontación militar y el de la mesa de negociación. Esto quiere decir que cuando los diálogos en Cuba “fluyen”, la intensidad de las acciones de las Farc disminuye, y cuando la mesa está paralizada, el ritmo de la confrontación aumenta. La vieja estrategia guerrillera de la presión militar para buscar determinados resultados en una mesa de diálogos.
 
Eso no significa, como señalan algunos sectores políticos de oposición al Gobierno, que las Fuerzas Militares hayan perdido iniciativa. Con mapas en mano, el informe de Paz y Reconciliación pone en evidencia que sí hubo reducciones en la operatividad en algunas regiones, pero que ello se debió a la dinámica propia del conflicto y al ingreso en una fase de desescalamiento del mismo.
 
Por otro lado, el que en pleno año electoral la guerrilla no haya acudido a la también antiquísima estrategia de boicotear las votaciones es otra evidencia de un cambio en el proceder del grupo armado en 2014. Incluso en zonas rurales del Cauca, la información recopilada por la fundación da cuenta de que se ejercieron de manera inusitada las libertades para hacer proselitismo. Son derechos inherentes a cualquier ciudadano y en modo alguno las Farc están regalándoles nada a esos pobladores, pero la verdad es que, en la práctica, sólo en 2014 resultó posible que esas comunidades participaran del debate democrático con tranquilidad.
 
Un punto que no se debe perder de vista en cuanto al cumplimiento de las treguas de las Farc (tres de las cuales fueron en época electoral y la otra en Navidad) es que muestra que sus frentes están más coordinados de lo que se llegó a creer. Si la guerrilla cumplió sus anunciadas treguas en el 98% es porque “existe mando y control de la comandancia de las Farc”, como lo ratifica el análisis.
 
Pero ¿a qué se dedicó la guerrilla si no fue a sus acostumbrados ataques? Al respecto, el informe presenta un hallazgo que, aunque ya había sido enunciado en otros trabajos del mismo estilo, aquí aparece con mayor amplitud: desde finales de 2013 las Farc se enfocaron más “en el trabajo político, en reconstruir su base social y en general prepararse para el posconflicto. Incluso se podría decir que han comenzado a pensar en la opinión pública y ahora sus acciones armadas son calculadas no únicamente desde el punto de vista militar”.
 
Algunos de esos cambios tienen que ver con el sistema de administración de justicia de la guerrilla en sus zonas de influencia, que hasta 2005 se hacía de manera directa, en reuniones con las comunidades (con todas las arbitrariedades que ello implica), pero que poco a poco se ha ido cediendo “a las comunidades por medio de las juntas de acción comunal”.
 
Un segundo ejemplo tiene que ver con el papel de los nuevos reclutas. Según entrevistas en terreno citadas por el informe de Paz y Reconciliación, durante 2014 fue notorio que “los nuevos reclutas vivían la mitad del año en sus veredas, con sus familias, y la otra mitad del año recibían entrenamiento militar; tampoco dormían en campamentos, sino en casas, muchos incluso cumplían laboras agrícolas”. Una situación impensable hace 15 años, cuando los guerrilleros tenían prohibido pernoctar en las viviendas de los lugareños.
 
Finalmente, las Farc están preocupadas por reconstruir su base social y eso es evidente en sus constantes invitaciones a reuniones con la comunidad en zonas de Caquetá y Putumayo, por ejemplo.
 
Se preparan para el posconflicto, es claro. Pero para llegar a ese escenario, primero se le debe poner fin al conflicto.
 
 
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