Colombia no sabe cuánta hambre padece

Investigadores aseguran que la metodología con que Colombia calcula su seguridad alimentaria es imprecisa.

Se estima que 20 millones de colombianos no tiene acceso a  una canasta familiar básica.
Se estima que 20 millones de colombianos no tiene acceso a una canasta familiar básica.

En Colombia, cerca de 20 millones de personas no tienen acceso a los productos básicos de una canasta familiar: según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el 34,1% de los colombianos vive en la pobreza y otro 10,6% en la indigencia.

Si estas cifras se comparan con las entregadas por la última Encuesta Nacional de Situación Nutricional (Ensin), publicada en 2010, según la cual el 42% de los hogares del país padece hambre, quizá los datos permitan llegar de nuevo a la conclusión de que la pobreza y la mala nutrición van de la mano.

Pero más allá de las cifras, un grupo de investigadores de la Universidad Industrial de Santander (UIS) y de la Universidad Nacional de Colombia están seguros de que la metodología con que Colombia viene calculando el índice de seguridad alimentaria desde 2005 está lejos de entregar un panorama preciso sobre la verdadera situación dentro de las familias.

A partir de un estudio realizado con 432 hogares de Bogotá, Bucaramanga, Tenjo y Sibaté, los investigadores encontraron que el índice de hambre que señala que, en promedio, 42 de cada 100 hogares se encuentran en esta condición se queda corto para estas regiones, situación que reflejaría lo que puede estar ocurriendo en el resto del país. Asimismo hallaron que, en el mejor escenario, 36 de cada 100 hogares, como mínimo, estarían padeciendo hambre, y, en el peor, 87, como máximo.

En la investigación financiada por Colciencias y que tomó alrededor de dos años, los académicos detallan cómo el uso de la “escala del hambre” (referencia internacional validada en Colombia por estudios de la Universidad de Antioquia) para la realización de la Encuesta Nacional de Situación Nutricional (la última de este tipo que se ha hecho en el país) llenó el panorama de datos imprecisos, gruesos y generales, que no permiten visibilizar qué tan bien están comiendo los colombianos.

“Estas son escalas atractivas porque entregan resultados rápidos y son baratas, pero poco rigurosas. Incluyen, por ejemplo, preguntas como: ¿usted en los últimos días se ha preocupado por falta de dinero para comprar alimentos? Hasta una persona de estrato 6 se preocupa por esos temas. Consideramos que las escalas no sirven. Los hogares quedaron mal clasificados”, dice el líder del estudio, Óscar Fernando Herrán, director del Observatorio Epidemiológico de Enfermedades Cardiovasculares de la UIS.

Lo preocupante es que la Ensin, hecha por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), Profamilia, el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Salud y Protección Social, es un referente nacional importante para el direccionamiento de políticas públicas.

La pregunta que se hacen los investigadores es: por qué si el Estado cuenta con un departamento de estadística como el DANE y un monitoreo del Índice de Precios al Consumidor (IPC), no analiza y utiliza parte de estos datos para generar información precisa en lugar de “invertir dinero en estudios de poco rigor con escalas que no garantizan mecanismos serios de medición”, dice Herrán.

La también investigadora Sara del Castillo, coordinadora del Observatorio de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Obsán), explica que las investigaciones sobre seguridad alimentaria deben cambiar la forma como recogen sus datos.

Una alternativa sería complementar los estudios con métodos como el recordatorio 24 horas, cuyo propósito es evaluar periódicamente la nutrición de una persona o familia, a lo cual habría que sumar pruebas en las cuales se examinen las medidas del cuerpo humano y se las relacione con la alimentación (antropometría).

Para la experta, es necesario hacer estudios más precisos, acompañados de recordatorios de dieta y mediciones más cercanas a la realidad de lo que consume la gente y combinadas con información de valoración de la situación nutricional.

Aunque la aplicación de estas metodologías, advierte el profesor Herrán, es más costosa e implica mayor trabajo, de esta manera entregarían, sin duda, un panorama más claro de cómo se está alimentando Colombia, un país en el que, a pesar de ser despensa de alimentos, sigue padeciendo hambre.