De Medellín a EE.UU, la ruta del oro

Entre 2010 y 2014 Colombia exportó 310 toneladas de oro. Ojo Público determinó que más del 70% tuvo como destino compañías de EE.UU., principalmente Republic Metals Corporation y el grupo Metalor.

Un día, de tanto bucear en las profundidades del río Caquetá para extraer oro, W casi pierde la vida. Llevaba unos meses trabajando en una balsa minera, sumergiéndose hasta el fondo para instalar una potente manguera que succiona y remueve la arena del río, cuando el tanque de oxígeno se dañó: “Creí que iba morir”. W tiene 17 años, es de la etnia yucuna y su padre lo prepara para ser un maestro chamán.
 
“Esto no es de oro, es sólo bañada, de aquí el oro se lo llevan todo”, dice sobre la cadena dorada que lleva en el cuello y que le recuerda el día que el miedo lo sacó de la minería. W no sabe a dónde va el oro que alguna vez ayudó a extraer del río, pero, como otros indígenas de la comunidad de Villa Azul que trabajan en las balsas, asegura que acaba en Medellín y Bogotá.
 
Villa Azul forma parte de la reserva indígena Nonuya, ubicada en el departamento de Amazonas, a orillas del río Caquetá. Todo el oro extraído en esta zona es ilegal. No hay concesiones ni áreas con títulos mineros. Es una región de difícil acceso y controlada por uno de los frentes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc). Una de las primeras cosas que le advierten a uno al llegar, luego de navegar tres horas desde el aeropuerto de Araracuara, es qué sí y qué no se puede hacer y filmar. La inseguridad y la incertidumbre definen el plan de viaje hacia los alrededores del Caquetá.
 
Las Farc y las organizaciones paramilitares que ahora son denominadas bacrim (bandas criminales) pasaron de cobrar cupos o “vacunas” a ser comercializadores de oro. La Policía reconoce que el mineral es uno de los temas centrales en la logística del grupo armado, principalmente en zonas como Amazonas, Cauca, Chocó y Antioquia. Hace más de 10 años que los reportes oficiales reconocen que la extracción de oro es el negocio más importante de los grupos alzados en armas, después del narcotráfico.
 
Las cifras oficiales de la Dirección de Aduanas de Colombia (DIAN) y la Agencia Nacional de Minería no dejan espacio a la duda: el 82% del total de unidades productoras de oro en Colombia no tienen título minero y la producción de zonas autorizadas representa apenas al 17% del total.
 
En Villa Azul, a los extraños no se les habla de “la guerrilla”, pero todos notan su presencia. Surcan el río, participan en reuniones, intervienen a desconocidos, cobran vacunas a las balsas y ellos mismos han comenzado a extraer el metal. Nada se hace en esta frontera de la Amazonia colombiana sin que ellos lo sepan.
 
Enormes cifras
 
El gobierno de Colombia reconoce que gran parte del oro que se produce en el país procede de zonas no autorizadas. Durante los últimos cinco años este país exportó 310,3 toneladas del mineral y el 72% tuvo como destino compañías de EE.UU., principalmente la norteamericana Republic Metals Corporation (40%) y el grupo Metalor (23%), la compañía suiza con 17 filiales en el mundo, entre ellas EE.UU., ambas integrantes de la prestigiosa London Bullion Market Association (LBMA), organización que fija el precio referencial del oro. Ambas empresas compraron en este tiempo 196,5 toneladas de oro.
 
El aumento del valor del mineral en la última década incrementó su producción, pero no su legalidad. El 83% del metal proviene de zonas no autorizadas, sobre todo de Antioquia, Chocó, Nariño, Bolívar, Cauca y, en menor medida, Amazonas y Caquetá. Cada año Colombia produciría alrededor de 50 toneladas de oro informal. El metal extraído coincide en un espacio común: Medellín, capital de Antioquia y ciudad convulsionada por el narcotráfico en la década de los 90, desde donde sale vía aérea el 93% del oro de toda Colombia.
 
Ojo Público identificó que entre 2010 y 2014, las principales exportadoras de oro en Colombia fueron las compañías: Comercializadora Internacional J. Gutiérrez, CI Metales Hermanos, Goldex S.A., Mineros S.A., CI de Metales Preciosos de Colombia, Sociedad Comercializadora Internacional S & JIL, SCI Antioqueña de Exportación, Ciigsa, CI Fundición Escobar, SCI del Nordeste Anti y CI Giraldo & Duque. Estas empresas de capitales colombianos concentraron el 92% de los envíos de oro al extranjero en los últimos cinco años. Todas —a excepción de Giraldo & Duque, que exporta desde Cali (en el Valle del Cauca) y exclusivamente a Republic Metals— se encuentran en Medellín.
 
Uno de los casos que resumen la penetración de la ilegalidad en el comercio de oro en Colombia es el de Goldex S.A., acusada por las autoridades colombianas de lavar alrededor de un millón de dólares de actividades ilegales. La compañía fue una las tres mayores exportadoras de oro del país y su propietario, John Hernández Santa, está preso y enfrenta cargos por blanqueo de activos y financiamiento del terrorismo.
 
La compañía justificaba la compra de oro con documentos de proveedores que no existían. Entre 2010 y 2014 Goldex exportó más de 30 toneladas de oro; de estas, 29,8 fueron enviados a EE.UU., principalmente a las empresas Republic Metals Corporation y el grupo Metalor.
 
En un comunicado, Metalor sostuvo que “decidió detener sus negocios [con Goldex] tan pronto como la primera información negativa sobre esta compañía apareció en los medios de comunicación”. La noticia inicial de la investigación fiscal contra la empresa ubicada en Medellín apareció en septiembre de 2013, pero Goldex continuó enviando despachos a la empresa de origen suizo hasta el 13 de junio de 2014. Sólo ese año la empresa envió casi una tonelada de oro a Metalor. El último envío a Republic Metals Corporation fue en septiembre de 2013.
 
El avance de la investigación penal no detuvo las exportaciones de Goldex. En los meses siguientes los envíos continuaron hacia India y Turquía. Los datos de Aduanas revelan que envió 34 despachos a las empresas Shirpur Gold Refinery, Istanbul Altin Rafinerisi y Ons Kiymetli Madenler.
 
Las autoridades colombianas señalan que las investigaciones podrían alcanzar a otras empresas exportadoras, pero, mientras, la destrucción ocasionada por la minería ilegal y la incorporación de este oro en la cadena de exportación continúa. El informe del PNUD sobre ambiente señala que sólo el 11% de la producción de oro en Colombia tiene la trazabilidad completa.
 
Otro de los problemas que revela el cruce de la base de datos de Aduanas y las cifras del sistema de información minero de Colombia es la diferencia de cantidades entre la producción oficial de oro y lo exportado. En los últimos cinco años el Gobierno registró una producción de 289 toneladas de mineral, pero se exportaron 310 toneladas. Entre 2010 y 2012 se registraron las mayores diferencias de volúmenes: casi 10 toneladas por año.
 
Territorios tomados
 
La extracción ilegal de oro avanza en territorios dominados por las Farc e inaccesibles para el Estado. “La guerrilla anda por ahí, pero con nosotros no se mete”, dice Adriano Paqui, líder indígena de la comunidad Villa Azul, en la reserva Nonuya del río Caquetá, mientras envuelve y mete a su boca una bola de mambe, una mezcla de harina de hoja de coca y ceniza que los muinanes usan tradicionalmente.
 
Con la fiebre del oro la minería aurífera que se concentraba en Antioquia se expandió a otros departamentos, como Chocó, que incrementó su producción en los últimos años, causando la destrucción de ríos y bosques.
 
Paquí, el líder muinane, ignora las crecientes cantidades de oro que su país exportó en los últimos cinco años. No sabe de cifras, pero reconoce la arena fina del río donde aquél se encuentra. “Mira, ve, aquí hay oro”, dice mostrando los restos de una de las dragas bombardeadas por los militares hace unos meses. El Gobierno persigue la minería ilegal del Caquetá, pero el comercio y la exportación de oro ilegal continúan desde otras regiones.
 
*Vea el reportaje completo en http://ojo-publico.com/.

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