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Nacional 10 Ene 2013 - 10:00 pm

Club de bicicleta clásica

De vuelta al asfalto

Hace seis meses que decenas de bicicletas antiguas ruedan de nuevo por las calles de Zipaquirá. El Club del Zipa, el más grande del país, está detrás de ese regreso.

Por: Viviana Londoño Calle
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El Club del Zipa nació en julio de 2008 para congregar a los amantes de las bicis antiguas. / Sebastián Ochoa

Era apenas un objeto. Una bicicleta vieja que tenía que conservar. Era sólo eso hasta hace seis meses, cuando por las calles de Zipaquirá corrió la voz de que un grupo de muchachos estaba conformando un club de bicicletas clásicas y antiguas. Hoy, la bicicleta que hace más de 60 años traía a su mamá desde una vereda hasta la plaza, y que era su único medio de transporte, es la misma en la que Humberto Torres sale de paseo los domingos.

El Club del Zipa fue la mejor excusa para arrebatarle la bici al polvo, sacarla a la calle y empezar a pedalear como lo hicieron sus papás. Torres no fue el único que se animó. El club se convirtió en un motivo, en un aliciente para recordar, un impulso para compartir y vivir el camino al propio ritmo. El Club del Zipa nació apenas el 15 de julio de 2012, pero ese tiempo ha sido suficiente para que hoy sea el club de bicicletas clásicas más grande del país: 112 bicicletas, identificadas por una placa numerada y con las iniciales del propietario, conforman el equipo.

Encima de su bicicleta, al frente de la antigua estación del tren de Zipaquirá, lugar que se ha convertido en el punto de encuentro del club, Fabián Rojas, uno de sus fundadores, cuenta cómo lo que empezó como una idea de amigos está tomando cada vez más forma. El grupo se reúne todos los domingos en las mañanas para hacer un paseo que puede alargarse hasta por tres horas y llegar a los municipios vecinos.

El plan incluye un elemento adicional: el atuendo. El domingo es el día para sacar los vestidos elegantes, los trajes, los zapatos y los buenos sombreros. Nada de tenis ni de sudaderas. Hasta los niños salen elegantes, como antes. Por eso, mientras el club rueda por las calles, son muchas las sonrisas robadas y las miradas de curiosidad.

No hay ninguna restricción para hacer parte del club. Entre sus integrantes hay desde recicladores, pasando por empleados que aún van en bicicleta a su trabajo hasta jubilados. Tampoco hay edad para subirse a estas bicicletas: niños, jóvenes y ancianos conducen Monaretas, Huffman, Humber, y todas esas bicis fabricadas en países como Francia, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos y que comprueban que las bicicletas de turismo tuvieron su época dorada.

“Ya estuvimos en Bogotá en el Ciclopaseo Cachaco. Este año nos invitaron a Buga y entre los proyectos está ser reconocidos en todo el país y a nivel internacional”, dice Rojas, quien además es concejal de Zipaquirá.

En parte, el proyecto surgió para desestimular el uso del vehículo particular en el municipio. “Aquí muchas personas salen en su carro para ir al banco, que queda a menos de ocho cuadras. Creemos que la bicicleta es una buena opción”, añade Rojas.

Sus planes están dando resultados. Por lo menos así ocurre para la familia Goyes. Abuelo, hijos y nietos tienen sus bicicletas clásicas y las prefieren a la hora de moverse por el municipio. “Es bueno que la gente se anime a montar en bici por salud, por descongestionar la ciudad y por unión familiar. A mis abuelos les encantaba la bicicleta y para nosotros es muy reconfortante recordar y hacer paseos como los que ellos hacían”, dice entre sonrisas el mayor de los Goyes. En el Club del Zipa, llamado así en honor a Efraín El Zipa Forero (ganador de la primera Vuelta a Colombia, en 1951), no sólo hay espacio para las bicicletas antiguas o clásicas. También pueden participar bicicletas fabricadas recientemente, pero que tengan estilo clásico. Cada que llega un nuevo miembro, un equipo analiza la bici y define si puede ingresar. Son muchas las sorpresas que se han llevado.

Cada uno de los dueños de las bicicletas del club tendría un cuento largo para contar. El de Gerardo Vega es bien interesante: la suya, modelo 1965, es la bicicleta con la que a finales de los 80 se apagaban algunos incendios en Zipaquirá. Era la bici en la que el capitán de los bomberos cargaba los extintores, hasta que se volvió un transporte de mensajería.

La de Óscar Goyes, por ejemplo, fue una bicicleta bastante disputada. La bici, marca Huffman, es de los años 30. Primero fue de un hombre que la compró cuando tenía 13 años y que ahora tiene 85 años. En los años 50 se la jugó al cara y sello y la perdió. El ganador la guardó cerca de 40 años y luego pasó a manos de Goyes. “Es una bicicleta que no tiene precio, ya no se consigue”, dice orgulloso de su compañera de ruta.

Como estas, todas tienen memoria en los kilómetros rodados. La más vieja es de 1930 y de ahí hasta ahora son múltiples las anécdotas y los recuerdos. Para Fabián Rojas, el asunto va más allá de salir a pedalear: “Estas son bicicletas que han pasado de generación en generación. Lo más bonito es que llegan los hijos, los papás, las hermanas. Se trata de reunir a la familia y, en últimas, de mostrar que nos podemos movilizar de una forma diferente”.

“La bicicleta no paga impuestos, es más práctica y más duradera que un carro, permite disfrutar el paisaje y lo lleva a uno a donde sea”, dice Víctor Hugo Garzón para explicar en pocas palabras por qué prefiere pedalear que poner el pie en el acelerador.

El Museo de la Bicicleta

Entre los planes del Club del Zipa está consolidar el Museo de la Bicicleta en la antigua estación del tren de Zipaquirá. Por ahora ya cuentan con buenas bicicletas y trofeos de los años 60. Además tienen uno de los trofeos que ganó Efraín ‘El Zipa’ Forero. La idea es que, con el museo, los habitantes del municipio sigan tomando conciencia de las ventajas de usar menos el vehículo particular. Otra de las propuestas es hacer este año el primer encuentro de bicicletas clásicas y antiguas.

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