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Nacional 8 Jun 2013 - 9:00 pm

Sus modelos son exportados a Venezuela

El artesano de las tablas

Hárold Granados, un deportista y emprendedor colombiano, se le midió a competirle al mercado europeo y norteamericano. Guadua, fibra de coco y balsa son las materias primas de sus creaciones.

Por: Mariana Suárez Rueda
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Todavía recuerda como si fuera ayer el día en que le entregó a Riccardo Leccese, el primer colombiano que ingresó al escalafón mundial de kitesurf y actual campeón de Europa y Suramérica, una de sus tablas para que navegara. Era una oportunidad de oro, pues desde hacía meses Hárold Granados —sanandresano, diseñador industrial, windsurfista y soñador— recorría las playas exhibiendo sin éxito sus creaciones. No muy entusiasmado Leccese se subió a la tabla. Un salto fue suficiente para partirla en dos. “Me encantó, quiero una exactamente igual”. Fue lo único que dijo cuando salió del agua.

Desde entonces la marca Cogua ha conquistado a kitesurfistas de Colombia y de la región. A países como Venezuela y Brasil ya están siendo exportados sus diseños. Lo que comenzó como un proyecto universitario, acabó convertido en una extraordinaria labor artesanal, que con el tiempo se ha ido industrializando y quitándoles terreno a reconocidas marcas de Europa y Asia.

Mensualmente del taller de Hárold Granados, ubicado en el municipio del Darién, Valle del Cauca, justo en frente del lago Calima, uno de los sitios más apetecidos para practicar este deporte, se fabrican entre 35 y 40 tablas. Seis personas trabajan a su lado, sin embargo, sólo él sabe el secreto para darles la forma que las han hecho únicas en el mercado, pues el resultado final es una tabla resistente, pero que se siente cómoda y suave.

Además, con ciertas modificaciones consigue que quede a la medida de las necesidades y los gustos del deportista. Cada tabla, dependiendo de sus características, puede costar $1 millón y $1’600.000, con un año de garantía. Fibra de coco, guadua y madera balsa son las materias con que las fabrica. El resto de tablas del mundo se hacen con madera asiática. Sin saberlo, estos materiales que en principio eligió por ser autóctonos y ecológicos proporcionan una sensación diferente, agradable. Inspirado en ellos nació el nombre Cogua, su marca.

Al comienzo los diseños eran con base en la cultura calima, figuras indígenas y muchas líneas que se mezclaban con colores llamativos. Este año, cuenta, la tendencia son los neones y el uso de la fibra de carbono. “A la gente le fascina que brillen, pero además son colores muy útiles porque permiten encontrar las tablas en aguas oscuras, como las de la represa de Chivor, y así evitar que se pierdan”.

A los 13 años Hárold Granados comenzó a practicar windsurf. A pesar de ser un deporte costoso y difícil de aprender fue campeón nacional. Estaba tan entusiasmado que a los 17 años terminó mudándose de San Andrés a los alrededores del lago Calima. Con el apoyo de un colega la idea era montar una escuela y volverse los mejores. “Pero la falta de apoyo institucional me desmotivó. Ganábamos campeonatos y nada pasaba, era como si nuestros triunfos no fueran importantes para el país”.

Desilusionado regresó a la isla y aplicó a una beca para estudiar diseño industrial. No quería saber nada del windsurf, así que escogió una ciudad como Bucaramanga en la que no había posibilidad alguna de navegar. Pero jamás se adaptó. No logró hacer amigos y pronto se desesperó, así que aprovechó que una tía vivía en Pereira y terminó sus estudios en la Universidad Católica.

Para ese entonces ya el kitesurf había llegado a Colombia y Hárold rápidamente aprendió a manejar la cometa, a dominar la tabla y a deslizarse a toda velocidad sobre el agua. En segundo semestre le pidieron que diseñara un proyecto con materiales ecológicos. Podía ser cualquier cosa, y él escogió las tablas de kite. “Cuando fui windsurfista sentí que el mercado no me daba la tabla que necesitaba para competir según mis destrezas, así que busqué suplir esa falencia con mis diseños, pero esta vez aplicada al kite”.

Fueron muchos los eventos a los que asistió para exhibir sus creaciones, recibió demasiadas negativas de los kitesurfistas que se rehusaban a dejar sus tablas importadas para probar las Cogua. Finalmente la suerte le sonrió y de la mano de deportistas como Leccese consiguió abrirse espacio en el mercado y convertirse en el pionero del país en esta industria. Hoy ya tiene competencia. Uno de sus trabajadores se aprovechó de su confianza y copió sus diseños. Aunque es un episodio que todavía lo entristece, sabe que sus tablas tienen una manera única de moldearse. Una técnica secreta que lo ha llevado al éxito. Una destreza que lo está convirtiendo en uno de los mejores shapers del mundo.

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