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Nacional 1 Jun 2013 - 9:00 pm

En 25 años, Elizabeth Ferris estudió en terreno más de 200 casos de todo el mundo

El desplazado no es como lo pintan

No es cierto que todos quieran volver a sus tierras o quedarse en los lugares que los acogieron.

Por: Élber Gutiérrez Roa
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Elizabeth Ferris, codirectora del Brookings Institute, estuvo en Colombia hasta el jueves, cuando viajó al Líbano a evaluar la situación de los desplazados sirios. / Óscar Pérez

La controversia acerca de la realidad del desplazamiento en el país asoma con tanta vehemencia con cada nueva medición sobre el número de afectados, que se ha vuelto costumbre reducir la discusión a un debate ideológico respecto del origen de las cifras: que el estudio ignora a las víctimas de aquella región, que excluye a las que ya retornaron a sus hogares, que la metodología esto, que la metodología aquello. Como si los artilugios de la matemática resolvieran la situación de los afectados.
De hecho, en muchas ocasiones se habla sobre desplazamiento como fenómeno que exclusivamente cobija a quienes cambiaron forzosamente de ciudad o pueblo. O como si éste afectara tan sólo a quienes son víctimas del conflicto armado. Ni lo uno, ni lo otro. Por un lado, el desplazamiento intraurbano es un fenómeno de creciente preocupación en las grandes ciudades y, por el otro, los violentos no son los únicos generadores de desplazamiento. El huracán Katrina, el desastre nuclear en Japón o el invierno que cada vez con más asiduidad sacude al país, también lo pueden ocasionar.

De ello da fe Elizabeth Ferris, codirectora del prestigioso Brookings Institute y del Proyecto sobre desplazamiento interno que lideran ese centro de pensamiento y la London School of Economics. Ferris lleva 25 años corriendo por el planeta, investigando in situ sobre el tema, a razón de 10 países por año. Monitorea casos y promueve respuestas efectivas, acogidas incluso por el Relator Especial de la ONU para los Derechos Humanos de las personas desplazadas. La última semana la pasó en Colombia, en donde fue invitada central a la Conferencia de Soluciones Sostenibles para la Población Desplazada y, antes de que viajara al Líbano, a verificar la situación de los refugiados sirios en ese país, dialogó con El Espectador sobre el desplazamiento forzado, más allá de las ideologías.

El desplazamiento forzado es una tragedia humanitaria en el país, pero hay controversia por las cifras. ¿Cuál es su fuente?

Todas. Usamos las del Gobierno e instituciones como Codhes y la ONU, entre otras: son más de cuatro millones los desplazados.

¿Y de dónde salieron?

Especialmente por el conflicto armado, aunque Colombia no es ajena a otros tipos de desplazamientos.

¿Es que existen otras causas?

Son muy variadas. Mi hijo fue desplazado en EE.UU. como consecuencia del huracán Katrina (en 2005), se fue a Texas y lo recibió gente muy amable, pero después de un año, cuando vieron que su número de teléfono era de Nueva Orleans, dijeron que no le podían dar trabajo, porque era competencia para la población local. Eso ocurre también en Japón con los desplazados por el accidente nuclear de 2011.

En el caso de Colombia, ¿cree que todo el desplazamiento se debe a una sola causa?

Mi punto de entrada es el desplazamiento por el conflicto, pero también puede haber por las bacrim, por proyectos de desarrollo, por minería, por desastres naturales. Ustedes han tenido horribles inundaciones que han desplazado a millones de personas.
Para usted, el proceso de paz no resolverá todo el problema…
Resolverá una parte, la búsqueda de soluciones para las causas de los otros desplazamientos seguirá.

¿Es común el desplazamiento por macroproyectos?

No es coincidencia que los proyectos sean en zonas de países donde hay grupos indígenas y poco apoyo para hacer protestas. Pasaba con proyectos hidroeléctricos. Pasa con parques de reserva natural.

Hay más desplazamiento del que uno cree…

Mire, uno piensa en Mogadiscio (Somalia) como modelo, pero allí quieren reubicar los desplazados en otros lugares para limpiar la ciudad y no dar la impresión de que hay muchos desplazados. Pasa en EE.UU., mi país. En Brasil, por los preparativos para los Juegos Olímpicos. En Londres limpian barrios y ese proceso casi siempre quiere reubicar a los pobres o desplazar a la gente que no contribuye a la imagen que queremos dar.

Pero las soluciones no pueden ser las mismas. Las formas de desplazamientos son distintas…

Las soluciones a veces son diferentes, pero en el fondo es la misma cosa: en el Katrina o la guerra civil en el Congo la experiencia humana es la misma: perderlo todo, estar lejos de la familia y, especialmente, el sentimiento de haber sido abandonado por el gobierno. ¿Alguien piensa hoy en los desplazados por el huracán Katrina?

¿Quiénes son los que más discriminan a los desplazados?

Todos. Incluso las comunidades pobres, porque sienten que el desplazado es competencia por el acceso a la vivienda.

¿Pasa también en Colombia?

En Bogotá hubo un plan para poner a los desplazados en el centro de la ciudad, pero la mayoría de encuestados prefería tener al lado un narcotraficante. Es una contradicción, porque muchos desplazados son empleados de servicio que cuidan niños dentro de sus casas, pero nadie los quiere de vecinos.

¿Qué soluciones ha visto en otros países para este problema?

Colombia es modelo en cuanto a la labor de sus cortes y sus leyes, así no siempre se cumplan. Pero también puede aprender sobre justicia transicional. Por ejemplo, el proceso de decir la verdad puede desatar competencia entre las víctimas.

¿Qué tan complejo le parece el caso colombiano?

Se requiere tiempo para resolverlo. Normalmente el retorno se hace después de la resolución de un conflicto. En cierto aspecto Colombia está en posconflicto, pero sigue habiendo violencia.

¿Deben regresar los desplazados a sus lugares de origen?

No es necesaria la recuperación de sus tierras para lograr una solución sostenible. Los desplazados necesitan mecanismos de restitución y acceso a la tierra, pero no en todos los conflictos han regresado a la tierra que tenían.

¿Eso no es legitimar la acción de quienes los despojaron?

En muchos casos es más importante que se acabe la estigmatización. Hay conflictos en los que los desplazados no quieren volver porque creen que los volverán a expulsar. Lo importante es que no sean discriminados, ese es el estándar internacional. No deben tener educación o trabajos magníficos, pero tampoco discriminación.

También se necesitan recursos…

Nunca hay recursos suficientes. Tienen que pensar en soluciones diferentes.

¿Como cuáles?

Los gobiernos enfatizan en el retorno, porque es un regreso al statu quo. Pero, según encuestas, en Colombia la mayoría de desplazados no quieren regresar, por miedo a la inseguridad. En Burundi, el 90% no quiere regresar. En Uganda, el 90% quería regresar. Los padres que vienen del campo quieren volver, pero los hijos criados en la ciudad no. Es una tensión común.

La ciudad tiene otros desafíos...

La integración social es una segunda opción para quienes no quieren regresar. Requiere más compromiso político. Una de las razones por las cuales los gobiernos quieren que la gente regrese es porque así no les toca invertir en vivienda, porque no habrá conflicto entre receptores y desplazados.

¿Y los que no regresan pero tampoco se quieren quedar?

Viene la tercera opción: reubicación en otras partes. Por ejemplo, para los afectados por desplazamiento intraurbano.

¿Cuál es el ejemplo más exitoso de retorno que conoce?

Uganda. En un año, el 80% de casi dos millones de desplazados han retornado, porque el gobierno tenía un plan ligado al de desarrollo de una parte del país. Recibieron un paquete de reinstalación, con herramientas y semillas. No fue perfecto, pero sólo unas 30 mil personas no regresaron. Para ellas, el gobierno buscó otra solución.

¿Y uno de integración local?

Chipre, uno de los más antiguos del mundo. El desplazamiento comenzó en 1974. Los desplazados insisten en el derecho a volver, pero el conflicto está congelado y creo que nunca podrán hacerlo. El Gobierno decidió, entre tanto, invertir en vivienda, acceso a trabajo, derechos políticos y participación política igualitaria para desplazados y no desplazados. En una década se han integrado.

¿Se integraron sin abandonar la esperanza de volver?

Como en Georgia, en donde el gobierno (en principio) no apoyaba la integración pues creía que era abandonar sus reclamos territoriales contra Rusia. Finalmente decidió apoyarla. En ambos casos la vivienda urbana era la clave.

¿Qué opción recomienda?

Escuchar a los desplazados y tener una estrategia de apoyo. Si en Soacha o Bogotá se quieren quedar, la solución se tiene que encontrar acá. Si no, implica otras decisiones como la restitución, la seguridad, el trabajo con la policía o la desmovilización de grupos armados.

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