Orejón: la esperanza del primer desminado

Una comisión conformada por 50 militares, tres guerrilleros y miembros de Ayuda Popular de Noruega es la encargada de limpiar este territorio, “donde hay más artefactos explosivos que habitantes”.

El primer plan piloto de desminado humanitario en Colombia comenzó con total discreción. Cualquier extraño que pretenda entrar a la vereda Orejón, en el sur del municipio de Briceño (Antioquia), se estrella con un cordón de seguridad que hay a unos 10 kilómetros a la redonda y con el silencio absoluto de los pobladores.

En el casco urbano el panorama no es diferente. Allí predomina la reserva. Sin embargo, en medio de tanta cautela hay asomos de ilusión por lo que pueda significar el desentierro de miles de minas (se calcula que unas tres mil) en una vereda donde habitan cerca de 100 personas de 22 familias. Humberto de la Calle, jefe del Equipo Negociador del Gobierno en La Habana (Cuba), ha dicho que en Orejón “hay más artefactos explosivos que habitantes”.

Tras el acuerdo del 7 de marzo en la mesa de La Habana, “sobre limpieza y descontaminación del territorio de la presencia de minas antipersonales, artefactos explosivos improvisados y municiones sin explotar o restos explosivos de guerra en general”, una comisión conformada por 50 militares de antiexplosivos del Batallón de Desminado Humanitario (Bides), tres guerrilleros del frente 36 de las Farc, entre ellos alias Olmedo, y miembros de la ONG Ayuda Popular Noruega se encargarán de la fase de “limpieza y descontaminación” en cuatro sitios -unos 12 mil metros cuadrados- de Orejón. La labor puede durar dos o tres meses.

La tarea de esta comisión, que llegó a comienzos de esta semana a Orejón y que comienza el desminado hoy, ha entusiasmado a todos los briceñitas, porque, como dice Yudi Posada, integrante de Asomubri (Asociación de Mujeres de Briceño), puede significar “una nueva oportunidad de vida”. “Si estamos emocionados nosotros, imagínese cómo estará la comunidad”, agrega Sergio Alexis Londoño, secretario de Gobierno de Briceño.

Las heridas abiertas de Orejón

Londoño se refiere al padecimiento de esta comunidad que ha vivido durante los últimos años por este mal. Entre 2008 y 2014 los habitantes de Orejón han sido testigos de 13 casos, que han dejado un muerto y 12 heridos. El 19 de febrero de 2012 sucedió la peor tragedia: un artefacto explotó a 300 metros de la escuela y le quitó la vida a una joven de 15 años e hirió a 10 pobladores más, entre ellos cuatro adolescentes. En total, en este período, hubo 46 casos en Briceño (32 entre 2012 y 2014), que dejaron 37 heridos y nueve muertos: cinco de la Fuerza Pública y cuatro civiles, según registros de la Dirección Contra Minas.

Luego del suceso, la Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) denunció que más de 100 familias de las veredas Orejón, La Calera, La Mina, Gurimán y el corregimiento Pueblo Nuevo estaban confinadas. La razón: el frente 36 de las Farc había “contaminado los caminos, potreros y cultivos con minas antipersonales”, lo que había impedido que cerca de 80 niños asistieran a la escuela.

Diana, por ejemplo, debió sacar a un hijo de 11 años de la vereda y llevarlo a otro colegio porque el niño no ha podido superar el miedo. En abril de 2012, mientras estaba en clase, explotó una mina en las afueras de la escuela y le lesionó un oído. “El día que el médico nos dijo que el daño era irreparable, mi muchacho lloró todo el camino, en los 147 kilómetros de Medellín a Briceño”, cuenta.

¿Por qué Orejón y las demás veredas del corregimiento Pueblo Nuevo son epicentros de la siembra de minas antipersonales? Una de las razones ha sido la lejanía del casco urbano y el abandono del Estado, lo que habría creado las condiciones ideales para la siembra de coca y el dominio de grupos armados ilegales.

Sólo en marzo de 2012, Empresas Públicas de Medellín (EPM), por medio del programa “Antioquia Iluminada”, comenzó a electrificar la vereda Orejón. En ese momento, Hernán Moreno, líder de la comunidad, dijo que este era un gran logro porque debido a la lejanía del casco urbano siempre se encontraban “marginados de todos los procesos de desarrollo del municipio”.

Y sólo hasta el pasado 7 de febrero fue posible acercar a esta comunidad al casco urbano. Gracias a la entrega de un camino carreteable que beneficia a las veredas de Pueblo Nuevo se acortó el viaje en casi cinco horas. Ahora es posible ir en dos horas y media. Antes de eso, el viaje en caballo duraba unas siete horas.

Además del abandono histórico de Orejón, esta comunidad está enmarcada en uno de los territorios más golpeados por artefactos explosivos en Antioquia. Este departamento es, a su vez, el que más ha padecido el rigor de estos elementos: 2.455 casos desde 1990 hasta 2014, el 22% del consolidado nacional. Allí es “donde más ha sufrido y aún sufre la población civil”, dijo Humberto de la Calle, el 29 de mayo, al justificar por qué se comenzaba el piloto de desminado en esta vereda.

Esa porción de territorio está conformada especialmente por los municipios de Briceño, Tarazá, Valdivia e Ituango, en los que ha habido 618 casos de minas antipersonales (el 25% del consolidado de Antioquia). Esta zona se comunica, en parte, gracias al río Cauca y a la troncal a la Costa, directamente con el sur del departamento de Bolívar y el suroeste de Córdoba. Su característica de frontera y riqueza minera la ha convertido, entre otras razones, en un corredor de colonización y disputas.

Luego de la desmovilización del bloque Mineros y el bloque Central Bolívar de las Auc, con marcada influencia en el Bajo Cauca y norte antioqueño, los frentes 18 y 36 de las Farc comenzaron a hostigar en Valdivia, Tarazá y Briceño. “Estos municipios se han constituido históricamente en atractivo para los grupos armados ilegales que han hecho presencia en la región: Frentes José Antonio Galán y Compañero Tomás del Eln, los frentes 36, 18, 4 y la compañía Gerardo Guevara, perteneciente al Bloque Magdalena Medio de las Farc-EP; bloque Mineros y el bloque Central Bolívar de las Auc”, observa una alerta temprana de la Defensoría de 2008.

A finales de 2011, las bandas criminales se comenzaron a fortalecer en las subregiones del norte, nordeste del Bajo Cauca y occidente. En Briceño hay presencia de la guerrilla y bandas criminales. El 17 de junio, por ejemplo, murió el soldado Víctor José Mazo por evitar, según la Cuarta Brigada, una “acción delincuencial” del clan Úsuga.

A esto habría que sumarle que en esta zona se construye Hidroituango, que tiene influencia en 12 municipios. En 2012, cuando comenzó la construcción y se incrementó la presencia del Ejército, aumentaron las acciones de las Farc y los sucesos con minas antipersonales.

A cuidar la semilla

Este panorama ha sido una de las razones para que Briceño y su vereda Orejón sean el punto de partida para desarrollar el acuerdo logrado en La Habana el 7 de marzo. Desde entonces se comenzó a sembrar la semilla del cambio. Allí viajaron delegados del Gobierno, representantes de las Farc y técnicos de la organización Ayuda Popular Noruega, con el acompañamiento de Cuba y Noruega (APN) -países garantes- y del Comité Internacional de la Cruz Roja. Socializaron el proyecto con la comunidad y con la ayuda de estos recogieron información para seleccionar los sitios a desminar.

El desminado no será suficiente para sacar a esta comunidad del abandono y atraso histórico. La comunidad ya ha comenzado a hacer peticiones, como la reparación integral de todas las víctimas por el conflicto armado y minas antipersonales (incluyendo los desplazados) acciones y propuestas de sustitución de cultivos, acompañamiento y veeduría internacional.

Después del 7 de febrero, cuando la comunidad vio por primera vez llegar un carro hasta la vereda, empezó a solicitar “puentes para la vía, mejoramientos de vivienda, proyectos productivos, acueducto y alcantarillado”, dice el secretario Londoño.

“La semilla de la paz quedó sembrada en Orejón. Ahora hay que cuidarla… hay que darles nuevas oportunidades a esas comunidades”, ha dicho Humberto de la Calle.