El triunfo electoral de Alfonso López Michelsen

Para esta época Guillermo Cano advertía los riesgos del narcotráfico.

Después del retiro de Gabriel Cano del quehacer cotidiano de El Espectador, se produjo la transición política del bipartidista Frente Nacional a la disputa abierta entre candidatos de distintas tendencias. El elegido para gobernar en 1974 fue Alfonso López Michelsen, quien derrotó en las urnas al conservador Álvaro Gómez Hurtado y a la candidata de la Anapo, María Eugenia Rojas. De manera prudente, y más por su tradición de cercanía a las ideas liberales, El Espectador publicó un editorial extendiendo un voto de confianza al nuevo gobernante, y manifestando que el suyo era el gobierno de la esperanza. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
En ese momento, como labor complementaria a su exitosa edición dominical, El Espectador empezó a divulgar una serie periodística denominada “Anatomía de un país”. El trabajo fue orientado por el periodista e ingeniero Alberto Mendoza Morales, y tuvo tal acierto que fue galardonada con el premio de periodismo Simón Bolívar y recibió el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa–Mergenthaler. El trabajo periodístico fue utilizado masivamente en universidades y colegios del país como texto de consulta para entender las particularidades de una nación en desarrollo. (Vea las luchas y pasiones de Guillermo Cano)
 
Al tiempo que El Espectador seguía creciendo, sobre todo en las regiones de Colombia, el gobierno de López Michelsen comenzó a tener las dificultades propias de un país enfrentado a problemas que no se solucionaron en el Frente Nacional. La inflación alcanza niveles alarmantes y por eso el Ejecutivo se vio conminado a promover la emergencia económica. Esa opción en un país que ya sentía el agotamiento de Estado de Sitio, dio lugar a debates políticos que fueron polarizando a la sociedad colombiana. (Vea algunos textos de Guillermo Cano)
 
Después vinieron los errores del ministro de Justicia Alberto Santofimio Botero, quien en 10 meses de gestión no se cansó de casar peleas. El Espectador tuvo una tensa relación con él e incluso en alguna oportunidad editorializó calificándolo como el “soberbio censor”. En aquella época, Santofimio enfrentó la primera causa penal en su contra pues fue acusado de falsedad y peculado. Al final salió absuelto, pero sumó al difícil ambiente político y mediático de la administración López. 
 
En medio de las tensiones, la viuda del expresidente Mario Ospina, Bertha Hernández, quien tenía una columna en el diario La República, llamada “El tábano”, acusó a la familia López de beneficiarse del cambio del trazado de la vía alterna al Llano para valorizar su hacienda La Libertad. Aunque en el escenario jurídico el tema no prosperó, si se convirtió en un escándalo mediático de enormes proporciones que desgastó en alto nivel las relaciones entre la prensa y el gobierno. 
 
La posición de El Espectador estuvo asociada a desarrollar una independencia crítica con tres urgencias personales de Guillermo Cano: la advertencia de que se estaba gestando una concentración económica en la bolsa y en la banca que habría de tener lamentables consecuencias; los señalamientos a una clase política de espaldas a la crisis política y económica que vivía la nación; y sobre todo, los presagios de lo que podría llegar a suceder con un nuevo factor de desestabilización: el narcotráfico. De esta época datan las primeras columnas de Guillermo Cano contra el tráfico de drogas.