Publicidad
Nacional 28 Mar 2013 - 10:30 am

Historias sobre el terremoto

'Esas construcciones antiguas se hicieron polvo'

El ingeniero Alfredo Ortiz no sólo recuerda cómo su ciudad se convirtió en escombros. También, el lugar donde trabajaba y el hogar de uno de sus amigos quedaron en ruinas en esa mañana de marzo.

Por: Alfredo Ortiz*
  • 38Compartido
    http://www.elespectador.com/noticias/nacional/esas-construcciones-antiguas-se-hicieron-polvo-articulo-412864
    http://tinyurl.com/cajv7y7
  • 0
insertar
/Archivo El Espectador

Era Jueves Santo. Toda Popayán estaba preparada para la Semana Mayor. La ciudad blanca era más blanca, pero la naturaleza nos deparaba una grande y terrible sorpresa. A las ocho y quince el reloj de la Torre se detuvo y de repente, oí un sonido estremecedor. Sentí como si miles de máquinas, como esas que usan los ingenieros en la construcción de carretera, se acercaban a toda velocidad. La tierra rugía como si estuviera berraca. Era un ruido infernal. Comenzaron a caer tejas del techo, el piso saltaba y las cosas se caían de su sitio. Inmediatamente desperté a mi familia y salimos a la calle. Todos los vecinos estaban asustados y lloraban. Nos mirábamos como preguntándonos qué estaba pasando.

El piso se movía como una ola, los árboles se mecían de un lado a otro, los vidrios de las ventanas se quebraban y las tejas seguían cayendo.

Minutos más tarde, en la radio nos dimos cuenta de la catástrofe que había ocurrido. Las sirenas se escuchaban por todas partes. Muchos corrían, preguntaban sobre lo ocurrido. Algunos aseguraban que la ciudad se había destruido, que la catedral se había caído y que habían fallecido muchas personas. Luego supe que 90 feligreses murieron mientras asistían a misa. La cúpula se vino abajo.

Luego de dejar a mi familia en casa, salí para investigar qué tanto había pasado. En ese entonces era secretario académico de la Facultad de Ingeniería Electrónica de la Universidad del Cauca, razón por la que me dirigí a Tulcán y al llegar y ver el edificio caído y ver mi impotencia, me puse a llorar. El primer piso donde la noche anterior se había realizado un laboratorio de física con los estudiantes de primer semestre de Ingeniería Electrónica estaba destruido.

Junto algunos estudiantes hicimos vigilancia diurna y nocturna para que no se perdiera ninguno de los costosos equipos que la Facultad tenía y pudiéramos reiniciar mes y medio después las clases.

Uno de mis amigos vivía en el primer piso de un edificio. Cuando fui para saber si estaba bien, vi cómo los bomberos lo ayudaban a sacar de su apartamento que quedó en escombros. Recuerdo cómo un vidrio le había cortado la planta del pie como si fuera una tajada.

El centro de la ciudad, el Hotel Colonial, la Iglesia de Santo Domingo, la Iglesia del Carmen, la Catedral, la Iglesia de San José, la Iglesia de San Francisco, todas esas construcciones antiguas, adornadas con balcones y que le daban a la ciudad ese aspecto colonial, se convirtieron en polvo.

Durante el día y la noche, durante varios días, se sintieron réplicas. La gente no dormía. A pesar de todo lo ocurrido hubo mucha inseguridad.

Pero no sólo fue el centro de la ciudad el que sufrió el terremoto. En los alrededores la situación fue todavía más dolorosa. La gente humilde, aquella que hace con su trabajo que la ciudad se mueva, recibió con más dureza los coletazos de la tragedia. Miles de ciudadanos quedaron sin techo, perdieron todas sus pertenencias y fueron pocas las esperanzas de aliviar su situación prontamente.

Hoy Popayán es la ciudad blanca de siempre, donde se celebra la Semana Santa de una manera muy especial. Su población ha crecido en gran porcentaje. Pero nunca olvidaremos a nuestros muertos, nuestro pasado y todo aquello que la urbe necesita para seguir saliendo adelante.

* Ingeniero y ex profesor de la Universidad el Cauca
 

inserte esta nota en su página
  • 0
  • 1
  • Enviar
  • Imprimir

Lo más compartido

Publicidad

Suscripciones impreso

362

ejemplares

$312.000 POR UN AÑO
Publicidad
Ver versión Móvil
Ver versión de escritorio