¿Qué hacemos con la marihuana?

En marzo de 1976 El Espectador cuestionó a través de su editorial el cultivo, tráfico y consumo de este estupefaciente.

“El Espectador” inició ayer una impresionante serie de artículos relacionados con el cultivo, el tráfico y el consumo de la marihuana dentro del país y fuera de él, mediante los cuales esperamos llevar a la opinión pública un completo análisis de uno de los más graves problemas que afectan —dentro de los muchos que enfrenta— la sociedad colombiana. La cuestión es saber qué se ha hecho, qué se está haciendo y qué se debe hacer con la marihuana. Porque la realidad es que la “yerba maldita”, como algunos la han llamado, está corrompiendo al país al país a grados inimaginables, no tanto en cuanto se relaciona al punto concreto de su consumo que parece ser inferior, dentro de nuestro territorio, al que se le suele atribuir. Sino porque, dado su codiciado precio en el exterior, su cultivo y su exportación clandestina se han convertido en un negocio a tal extremo lucrativo, que se están haciendo fortunas de la noche a la mañana, fortunas mal habidas que permiten a sus dueños ejercer todo tipo de presiones ilícitas como el soborno a guardias, a jueces, a funcionarios públicos y hasta encumbradas autoridades. (Vea el especial 30 años sin Guillermo Cano)
 
La mancha corruptora de la marihuana se está extendiendo por todo el país con rapidez vertiginosa. Los departamentos de la Costa Atlántica están ya altamente contaminados, a tal punto que la producción de artículos alimenticios se ha visto disminuida —al igual que la de otros productos— porque los campesinos y los terratenientes están dedicando sus parcelas y sus extensas tierras cultivables a sembrar y a recolectar marihuana que, para desgracia nuestra, ha merecido en el exterior el deshonroso título de ser la mejor y más pura que se produce en el mundo. Como no es difícil probarlo, el precio interno de la yerba no es alto. En cambio, su precio se multiplica muchas veces cuando se vende a los corredores de droga en el extranjero, particularmente en los Estados Unidos. Y este es el verdadero negocio. Y un negocio tan fabuloso que se manejan millones y millones de pesos para permitir su transporte clandestino e impune por nuestras carreteras y su embarque, bien sea en aeropuertos, en puertos o en ensenadas, hacia los productivos mercados norteamericanos. Esa cadena de la felicidad inmoral ha corrompido a las gentes a todos los niveles. Los billetes corren de mano en mano para pagar sobornos, silencios, fallos judiciales, libertad e impunidad a los traficantes. (Vea algunos textos de Guillermo Cano)
 
El cáncer, pues, se está extendiendo por todo el organismo de la nación. Los cultivos antes localizados en pequeñas zonas, se han extendido a departamentos del interior y no es improbable que la mancha llegue a todos los puntos cardinales del país con todas las secuelas de vicio y de delito que ya hemos padecido a manos de las mafias nacionales e internacionales. El problema es nuestro solamente. En los Estados Unidos la represión del tráfico de la yerba es muy fuerte. Pero paralelamente a las medidas represivas, se está estudiado con seriedad la posibilidad de legalizar el consumo de la marihuana y ya algunos Estados de la Unión así lo han hecho. Hay quienes aprueban la legalización y quienes la discuten. Pero el hecho es que hay una inquietud por encontrar alguna manera de enfrentar la enfermedad con remedios adecuados. La prohibición, como ocurrió con el alcohol —y como sucedió con la manzana bíblica—, suele ser un ingrediente favorable al consumo de la droga. Su libertad de venta y de consumo en dosis pequeñas, podría producir efectos contrarios. Es decir, una disminución del consumo y, por consiguiente, una baja en los precios. Y si estos bajan, el negocio de su cultivo, transporte y distribución dejaría de ser el negocio multimillonario y corruptor que es hoy. (Vea algunas de las luchas de Guillermo Cano)
 
Es, pues, a nuestro modo de ver, conveniente que el país, con el Gobierno y la sociedad todavía no contaminada, enfrenten el problema con entereza y valor para encontrar una cirugía capaz de extirpar un cáncer que nos está devorando. Parodiando al tuerto López, hay que pensar muy seriamente qué hacemos con esta marihuana…
 
Porque más grave que su consumo interno es el grado de descomposición moral, el insondable abismo de corrupción a que no está llevando su producción, su cultivo y su venta.