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Nacional 5 Abr 2013 - 10:00 pm

El Magdalena, protagonista de su economía

La industria que creció junto al río

Fue la vía que le permitió proyectarse como la ciudad que proveía al interior y paso obligado para las exportaciones. Tras años de estancamiento, la ciudad vuelve a centrarse en él.

Por: David Mayorga
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En los años 20 y 30, su época dorada, Barranquilla movilizó el 60% del comercio exterior colombiano. / El Heraldo

La industria en Barranquilla no podría entenderse sin el agua, el elemento que moldeó el rumbo de su economía, que edificó las primeras fortunas empresariales y le permitió convertirse en una de las principales urbes del país.

Un camino que se inició y giró alrededor del río Magdalena. En los primeros años del siglo XIX sus corrientes trajeron a Juan Bernardo Elbers, un empresario alemán que se convirtió en el proveedor oficial del ejército de Simón Bolívar durante la campaña libertadora; tras el triunfo, recibió en 1823 el comodato para convertir el río en la autopista fluvial del país. El primero de sus buques a vapor zarpó del puerto barranquillero el 10 de noviembre de 1825, y con él se inició la industria que jalonaría a la ciudad.

Los barcos les permitieron a los empresarios enviar sus productos a las ciudades del interior (en especial a Bogotá y Tunja, los centros económicos de la época) y convertirse, más tarde, en proveedores de alimentos y bebidas, textiles y manufacturas de hierro, latón y acero. Asimismo, la cercanía con el mar Caribe convirtió a la ciudad en un punto estratégico para el comercio exterior.

“La expansión de la industria inició en 1871 con la construcción del ferrocarril entre Barranquilla y la bahía de Sabanilla, que le permitió sobresalir entre Cartagena y Santa Marta por sus problemas de conexión con el Magdalena. Esto tiene relevancia un par de décadas después con el inicio de la bonanza cafetera”, explica Adolfo Meisel Roca, economista, investigador, autor de diversos ensayos sobre la economía de la capital atlanticense y actual miembro de la junta del Banco de la República.

Ya en el siglo XX era la tercera ciudad del país en importancia, gracias a que el 60% del comercio exterior (principalmente las ventas a Estados Unidos) pasaba por su puerto. Asimismo, las inmigraciones judía, árabe e italiana, entre otras, lideraron la diversificación de las manufacturas.

Hasta que llegó el año de 1914 y, con él, la apertura del Canal de Panamá, que influyó para que el norte económico se trasladara al terminal marítimo de Buenaventura. Al mismo tiempo, el país fue dejando de lado el transporte fluvial y destinó millonarios recursos a la construcción de carreteras que conectaron al Eje Cafetero con la costa del Pacífico.

Para los años 40, Barranquilla había perdido el liderazgo portuario, obligando a sus empresarios a invertir en sectores como el comercio, el transporte y el turismo. Ejemplos de esta época son los hermanos Obregón Arjona, fundadores de Tejidos Obregón, la principal textilera del país, con una capacidad instalada de 400 telares para 1932, y del tradicional Hotel El Prado. También se destacan Mario Santo Domingo y Ernesto Cortissoz, impulsores de la aviación comercial en el país y del correo aéreo, o la familia Char, que convirtió a las droguerías Olímpica en una de las principales cadenas de almacenes de Colombia.

Pero la escasez de carreteras afectó a la economía local, basada en la venta a ciudades del interior. La industria de la ciudad se estancó entre los 50 y los 60, y sólo vino a recuperarse con la llegada del siglo XXI. “Las buenas administraciones públicas coincidieron con un giro hacia el sector servicios, especialmente en los sectores educativo, financiero, comercio y salud. Hoy Barranquilla es una ciudad dinámica. La clave de su economía en el mediano plazo es la prestación de servicios de alto capital humano”, comenta Meisel Roca.

Claro que la ciudad no se ha olvidado del mar: tiene previsto invertir $200.000 millones en un corredor portuario para ampliar la capacidad de carga en el Magdalena, aprovechando la política de diversificación de mercados que hoy le brinda acceso preferencial a los productos colombianos en más de 60 países.

Tal como en el principio, Barranquilla vuelve a depositar sus esperanzas en el agua.

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