Hombre que perdió a su esposa y dos hijas en la tragedia de Villavicencio contó su historia

Como pudo, José Luis Molina se sostuvo de una tabla al momento en que un puente, suspendido a unos 70 metros, se desprendió. "Miré hacia atrás. Cuando las vi, ya estaban abajo", contó el hombre que perdió a toda su familia en el accidente.

Ya son nueves las víctimas tras la caída un puente en la vereda El Carmen, en Villavicencio.Guillermo Herrera - Periódico del Meta

Hay quienes no creen en el destino, o que son las decisiones las que lo forjan, o que los sucesos hacen parte del plan de un ser divino y superior, pero el relato de José Luis Molina tiene los elementos para convencerse de que la vida quería evitarle que asistiera a ese lugar en el que un puente desgastado, suspendido a unos 70 metros, se desprendió y cayó, llevándose a su esposa y sus dos hijas en una tragedia que enlutó a, por lo menos, nueve familias en Villavicencio el pasado lunes.

Desde el viernes, su hijastra Valentina le insistía en que fuesen a conocer la vereda El Carmen, pero el plan, por falta de tiempo, se postergó. El sábado, el sueño nos lo dejó despertar temprano, y el domingo se enredó en compromisos familiares. (Lea también: Las víctimas del colapso del puente en Villavicencio)

El lunes, sin olvidar la idea, la pequeña de 14 años se despertó temprano, junto a su prima, para recordarle a José Luis la cita retrasada. Hacia allá se fue con sus dos hijas, su esposa, su sobrina y una perrita.

Molina le contó el miércoles a Caracol Radio que había mucha gente en el lugar. Demasiada. Y una fila larga para cruzar el primer puente. Al llegar al punto de partida, les dijeron que debían comprar unas boletas primero por lo que tuvo que devolverse a pagar $20.000 por los cinco tiquetes, sin embargo, tampoco los dejaron pasar porque para cruzar el puente no se podían llevar mascotas.

Luego de cuadrar un lugar para dejar a la perrita, siguieron el paseo. “Le pasamos las boletas a un señor y pasamos un primer puente, pero vimos que le faltaban tablas, las guayas estaban oxidadas, desgastadas”, contó José Luis. El recorrido siguió a través de un segundo puente, luego de pagar dos mil pesos adicionales, con la promesa de que podrían ver una cascada.

El puente, más alto y en un estado similar al anterior, había sido el camino por el que había cruzado tanta gente que José Luis decidió esperar a que todos se fueran para irse con tranquilidad. “Cuando el puente quedó solo, empezamos a bajar”, relató a la emisora.

Pero la espera fue en vano y cuando apenas avanzaba junto a su familia y no había llegado ni a la mitad del trayecto sobre el puente, otros visitantes decidieron también que era la hora de irse. Como previendo el hecho, José Luis advirtió a quienes subían la estructura improvisada y les gritó que se iba a caer. Pero fue como si no lo hubiesen escuchado. Tampoco había alguien que controlara el acceso.

Todo se juntó para que la guaya cediera. Hubo un sonido fuerte y lo siguiente fue gente cayendo. “En ese momento me agarré de una tabla y miré hacia atrás. Cuando las vi, ya estaban abajo. No sabía si soltarme o quedarme agarrado”, dijo el hombre.

En un instante, su familia completa se fue al fondo. Sólo sobrevivió su sobrina, quien es atendida en un centro asistencial por múltiples fracturas en manos y cabeza. Pidió ayuda varias veces, gritó, pero desde su posición esforzada sólo veía, en las alturas, a gente que sacaba fotos.  

José Luis es creyente y a lo mejor, para él, Dios no quiso llevárselo. Quiso mantenerlo aquí para que alguien pudiera sepultar a su familia, que integra las nueve víctimas que hoy reportan las autoridades de Villavicencio, tras una tragedia que, como muchas, se hubiese podido evitar.

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