La denuncia por acoso sexual dentro de una reputada agencia de publicidad

Oriana Castro salió a los medios a contar su historia de acoso sexual por parte de uno de sus compañeros en Leo Burnett, entre 2012 y 2014. Dice que la empresa nunca tomó cartas en el asunto. La agencia señala que el caso fue atendido en su momento, pero que respeta los planteamientos de la mujer.

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El deseo por permanecer en Leo Burnett, una de las más prestigiosas empresas publicitarias del país y del mundo, fue lo que hizo que Oriana Castro aguantara varios meses en medio de una situación que señala como incómoda con uno de sus compañeros en el interior de la compañía. La historia fue conocida hace poco tiempo en el portal Vice y Caracol Radio, aunque no se hizo  mención de la empresa. 

Desde marzo de 2012, cuando entró como practicante, recibió la advertencia de varias personas en la organización de que, con seguridad, muchos de sus compañeros de trabajo intentarían coquetear con ella con la intención de algo más, sin embargo, les restó importancia y se preocupó por una primera meta: ser contratada en la agencia. Por eso, tomó ciertas precauciones para evitar estar en boca de la gente de la oficina. Cuenta que evitó asistir con frecuencia a fiestas y cuidarse del trago. Sin embargo, las advertencias empezaron a materializarse.

Al poco de tiempo de estar en la empresa y, junto al acoso, se incrementaban las responsabilidades. Fue en ese momento, con cerca de cuatro meses de estar en la empresa, cuando tuvo que trabajar con uno de sus compañeros, con quien se encargaba de uno de los clientes. “Me asignaron mi primera cuenta y yo lo trataba agresivamente porque me tocaba las piernas, si me paraba al baño lo veía mirándome el culo. Me silbaba y hacía que los demás me silbaran. Llegaba y lo encontraba viendo mis fotos en Facebook”, relata.

Luego fue contratada y quedó en un grupo conformado por unos diez creativos en el que ella era la única mujer. “Ahí fue cuando empecé a escuchar comentarios referentes a mí y otras mujeres de la agencia. Se hablaban en código entre ellos para comentar sobre partes de nuestros cuerpos, las tetas, los culos”, cuenta Oriana.

La particular situación que vivía, específicamente con un compañero llamado Lukas Calderón, generó tanto temor en Oriana que llegó a sentir la amenaza de un ataque por parte de su acosador, insegura por la reputación que habría de él en la empresa, aunque aclara que nunca hubo un intento. Le contó lo que le sucedía a otra compañera que tenía más tiempo trabajando en la agencia para saber qué podía hacer.

“Me dijo que tenía que denunciarlo ante la oficina de Recursos Humanos, que contara todo. Así que me tomé el tiempo para organizar todo e ir a esa oficina. Ni siquiera dejé las cosas en mi puesto por si me echaban. Ahí le dije a Claudia Vargas, la directora de Recursos Humanos, que necesitaba hacer un reporte por acoso sexual contra Lukas Calderón. Sólo necesitaba que todo parara. No quería meter en problemas a nadie, pero es que no sabía ni cómo vestirme”, dice Oriana.

Salió de la oficina y fue llamada nuevamente en media hora para que les contara la misma historia a sus jefes directos. “Les conté que me sentía acosada, me sentía insegura. Cuando conté todo eso, uno de mis jefes no dejaba de mirarme a los ojos y no dejaba de sonreír. Terminé de hablar y sólo me dijo que por qué lo agarraba con ese sujeto específicamente si antes ya me decían esas cosas, se comentaban cosas de mí”. Dice que nunca más la volvieron a llamar para hablar del asunto, y tampoco movió el tema porque sintió que era una victoria que no la hubiesen echado por poner el caso en conocimiento.

“Después de esto, Lukas me llamó aparte y comenzó a hablar sin parar. Lo miraba ofendida porque ahora el indignado era él. Me dijo que le parecía mal que hubiese ido a Recursos Humanos a sus espaldas cuando podía hablar antes con él. Me dijo que tenía más tiempo que yo en la industria y que tenía que tener la piel más durita y no tomarlo todo personal”, relata Oriana, en tiempos en los que, dice, ya sufría de un desorden alimenticio, que tuvo que ser tratado médicamente, por la angustia y la zozobra que le generaba la situación. Logró que la cambiaran de grupo de trabajo, pero luego de contarle su caso a uno de los directores generales.

Sobre el asunto específico de Oriana Castro, la agencia Leo Burnett no dio mayores detalles. Señaló que, en su momento, la queja puesta por la creativa en Recursos Humanos fue atendida.

“Entendemos que una situación como esta es de una complejidad enorme y vemos con respeto los planteamientos de Oriana. La empresa se precia de respetar mucho a su gente, generar ambientes felices y deliberantes, pero en un entorno de respeto. Cuando suceden este tipo de situaciones, se tratan con seriedad y profesionalismo para que se pueda superar de la mejor forma”, señaló a El Espectador un vocero oficial de la agencia en Colombia.

Este diario también intentó establecer contacto con Lukas Calderón, el creativo a quien Oriana señala del acoso, pero no fue posible obtener una respuesta ni a través del teléfono de la empresa, en donde se dejó un mensaje en la contestadora, ni a través del correo electrónico. El vocero señaló que la empresa respeta la libertad de su empleado para referirse al tema.

Oriana renunció a la agencia en 2014 y cuenta su historia hoy, casi tres años después de haber sido víctima de acoso sexual en el entorno laboral. Y lo cuenta, después de todo este tiempo, porque dice que fue cuando pudo interiorizar y reflexionar sobre lo que le había sucedido. Saber que no es una situación normal y que no debería tener lugar, a pesar de que muchas mujeres y hombres lo obvian y lo consideran como gajes del oficio. “Me sorprende que en mi grupo cercano les había pasado a muchas algo similar. La principal razón para contar es que hoy no tengo miedo y no quiero volver a la industria. Varias mujeres no quieren contar porque no quieren que las echen”, señala.

Sin embargo, de este ambiente de acoso que se vivía en esa agencia da testimonio Ramiro Vélez*, quien dejó de trabajar ahí hace algún tiempo y quien compartió algunos de los espacios dentro de la empresa con Oriana. “Es muy pesado para las mujeres en general. A las bonitas todo el tiempo les decían piropos no siempre decentes y se les insinuaban de manera vulgar”, cuenta Vélez.

Agrega que el acoso era diario y que sus protagonistas hacían parte de una especie de “rosca”, cuyas acciones eran apoyadas entre sus miembros. Sobre el caso específico de Oriana dijo: “Sabía quién era, hablaba de vez en cuando con ella, pero nunca fui muy amigo, aunque sí era muy evidente el trato de este grupo de gente hacia ella”.

Lo que cuenta Oriana tampoco es extraño para Mónica González*, quien renunció a la misma agencia en mayo de 2015. González señala que el ambiente al interior de la empresa es bastante fresco e informal, característico de muchas agencias de publicidad, sin embargo, considera que esta cultura organizacional, lastimosamente, ha conllevado a que los directivos seas laxos con muchas actitudes y comportamientos. “Hacen advertencias antes que evitar los comportamientos machistas. Uno entra allá y le dicen que en el segundo piso los hombres son bastante pesados, por ejemplo”, cuenta Mónica.

Esta mujer relata una anécdota sobre una situación que señala como degradante. “En esa empresa hay una costumbre de hacer como una especie de premios con nominaciones como ‘la vieja más buena’, ‘el man más churro’, entre otras. En ese año (2014) me nominaron a ‘la vieja más bruta’”, señala.

Considera degradante que envíen un correo a todos los empleados en el que se aparece nominado a este ‘premio’. El día de la fiesta de la empresa anunciaron, delante de cerca de 250 empleados, que había sido la ganadora a la ‘más bruta’. No tuvo otra opción que echarse a llorar. “No podía entender cómo la agencia en la que añoraba tanto trabajar me estaba diciendo que era la ejecutiva más bruta y que los mismos directivos me decían que no me preocupara y que subiera por el premio. Después de esa experiencia perdí todo el respeto y admiración por ellos”, dice González.

Claudia Rodríguez* también trabajó en esa agencia de publicidad. De hecho, estuvo en el mismo grupo en el que estuvo Oriana durante el tiempo en que denunció sufrir el acoso al interior de la organización. “Ahora que leo la historia caigo en cuenta de esa situación. Es algo que sucede en ese piso en particular, hay un ambiente muy intimidante”, cuenta Rodríguez.

Señala que nunca fue víctima de este tipo de acoso porque tenía un cargo más alto que el de las personas a quienes se acusa de estas acciones, pero asegura que el ambiente que Oriana describe sí existía en la época en la que trabajaba en la empresa. “No se lo está inventando, y sé que hay otras niñas a las que les ha pasado algo parecido”, dice.

Sin embargo, aclara que está muy agradecida con la agencia y que su paso por ella fue muy afortunado. “Hay gente muy buena, todos los creativos no son así. Pasé por varios grupos de creativos y eran respetuosos. Lo que sucede en el grupo en el que estaba Oriana significa un porcentaje muy pequeño para una agencia muy grande”, relata.

La situación que Oriana Castro decidió poner en conocimiento de los medios de comunicación en Colombia desde la semana pasada también fue escalada a representantes de la agencia en Chicago (Estados Unidos), donde está la sede principal, en una comunicación escrita a Katy Newman, directora de mercadeo para Estados Unidos; y Amy Cheronis, vicepresidenta ejecutiva del Grupo de Reputación, PR y Comunicaciones de Leo Burnett en ese país.

*Los nombres de algunos de quiene dan testimonios fueron cambiados por solicitud de ellos, debido a que varios continúan trabajando en la industria de la publicidad en el país. 

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