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Nacional 29 Dic 2012 - 9:00 pm

Yo estuve...

En la lucha del suroeste antioqueño contra la minería

Juan Ceballos, abogado ambientalista, ayudó a convertir a Támesis, Urráo y Jardín (en Antioquia) en los primeros municipios libres de minería.

Por: Juan Ceballos
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En Jardín (Antioquia) grandes mineras tenían proyectadas explotaciones. / Sebastián Ochoa

El 31 de agosto de 2012, el municipio de Támesis (uno de los 23 pueblos que conforman el suroeste antioqueño) tomó una de las decisiones más trascendentales de la historia política y constitucional de Colombia. Yo tuve el privilegio de estar allí.

Este pueblo agrícola y turístico —con una marcada memoria histórica y cultural, con petroglifos, grandes cascadas e imponentes montañas— decidió poner en práctica la empolvada Carta Política de 1991, que muchos tratadistas han definido como una constitución ecológica y algunos colombianos como una declaratoria de principios sin aplicación real.

Como un acto de soberanía y autonomía territorial, Támesis decidió proteger sus riquezas prohibiendo la minería. Lo hizo mediante el Acuerdo 008 de 2012 (“por medio del cual se crea la protección especial del territorio en Támesis y se prohíben algunas prácticas”), en un acto que podría interpretarse como una negación directa del pueblo a una locomotora minera ejecutada por empresas multinacionales.

Un acuerdo municipal, palabras más palabras menos, es la decisión que toman los concejales y alcaldes para regular el territorio desde lo local. Se aprueba con el voto por mayoría de concejales y lo firma el alcalde.

Hoy, en más del 25% del territorio nacional y en el 90% de algunos municipios —entre ellos Támesis—, hay solicitudes y títulos para explotar oro a gran escala. Para septiembre de 2012, la minería representaba el 23,2% del PIB de Colombia, pero esas ganancias no se veían reflejadas en inversión social. Por el contrario, esta actividad sólo parecía causar conflictos, enfermedades y pobreza local.

En los últimos 12 años, la minería ha aumentado más del 1.100% motivada, principalmente, por el incremento en los precios del mercado mundial. El desplome de la economía global, sumado a las condiciones garantistas del Gobierno Nacional con las empresas extranjeras —tanto en lo tributario como en lo legal—, ha llevado a que Colombia se convierta en la nueva despensa de los principales grupos económicos para extraer el oro que guardan nuestras montañas. Esta actividad acaba la fertilidad de la tierra, contamina las aguas, extingue especies y deja profundos cráteres de kilómetros en extensión y profundidad.

Yo soy optimista, porque, después de haber propuesto en mayo la creación de este proyecto de acuerdo con un cabildo abierto al que fui invitado en el municipio de Jericó, la iniciativa para combatir la extracción de minerales se difundió en pocos meses. Primero fue Támesis y luego Urrao (el 22 de noviembre) y Jardín (el 23 del mismo mes) los que firmaron el acuerdo en sesiones plenarias de concejos. Después, obtuvieron el respaldo de sus alcaldes.

Cada uno de estos municipios tiene tesoros que resguardar: en el caso de Urrao, es el Páramo del Sol y el Parque Nacional Natural “Las Orquídeas”, una inmensa riqueza biológica de montañas y bosques que limita con Chocó. Jardín, por otro lado, pertenece a la Red de Pueblos Patrimonio, conforma el Cañón del San Juan y funge como hábitat del gallito de roca (o loro orejiamarillo) y del oso andino. Pero el tesoro más importante, sin duda, son las comunidades que viven allí. Ellas han sido las principales protectoras. Son ellas las que han logrado, luego de años de resistencia y lucha, que sus dirigentes políticos tomen las decisiones más adecuadas.

Fue un privilegio ser testigo de tres de las decisiones más importantes para Colombia en los últimos 21 años. Seguramente, no sólo serán Támesis, Urrao y Jardín los únicos en defender su territorio. Ya otras alcaldías y concejales del suroeste han manifestado su interés por hacer valer la voz de los habitantes. La idea es unirse para blindar esta subregión de la amenaza minera.

Esta es una invitación, para que los colombianos participen activamente en las convocatorias de aquéllos que hoy entregan sus vidas por salvaguardar el aire que respirarán nuestros hijos y el agua con la que crecerán nuestros nietos.

 

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