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Nacional 20 Sep 2012 - 7:54 pm

En tres meses se han incendiado 4.256 hectáreas

No hay quien apague a 'El Niño'

Faltan bomberos en 23 de los 27 municipios en alerta roja por amenaza de incendios.

Por: Viviana Londoño Calle
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Desde junio, 170 quemas han sido registradas en Cundinamarca. / Archivo

“¿Quiere saber hace cuánto que no llueve aquí? Mire los pastos, mire las vacas, mire el río”. Quien habla es Rafael Ruiz, campesino del municipio de San Juan de Rioseco. Lo dice porque sabe que la imagen puede contestar por él: la tierra opaca y reseca de su finca y los huesos cada vez más visibles de las 25 vacas son la prueba de que han pasado muchos días sin que caiga una sola gota de lluvia sobre sus casi 15 hectáreas de tierra y el resto del municipio.

“No llueve desde enero”, recuerda por fin, después de hacer las cuentas de los ocho meses en los que ha estado esperando que caiga un aguacero. Su historia ya es una más en la larga lista de afectados por la sequía ocasionada en los últimos meses por el llamado fenómeno de ‘El Niño’ en todo el país. “Aquí no quiere entrar el agua, se nos dañaron los cultivos de plátano, de cacao, de yuca, y la cosecha que esperábamos de café se perdió totalmente”. Según Ruiz, en su memoria no hay recuerdos de una sequía como la que hoy tiene a sus vacas a punto de morir de hambre y a otros 15 municipios de Cundinamarca en alerta por desabastecimiento de agua (ver gráfico).

El deterioro de sus animales y de sus cultivos son apenas algunas de las señales de la difícil situación, que ya empezó a afectar directamente el consumo de agua de los 5.000 habitantes de San Juan de Rioseco. Antes de la sequía, el municipio se abastecía con el agua del río que lleva el mismo nombre; pero debido al cambio de clima, el río se ha convertido en un hilo escuálido de agua que apenas puede avanzar sin morirse por completo. “Ahora sí se puede decir que es un río seco”, dice Ruiz con una risa incómoda. Una quebrada más lejana es hoy la única salida para calmar la sed del pueblo, que puede acceder al líquido apenas dos días a la semana y sólo por algunas horas. Sin embargo, si la sequía continúa, no será fácil encontrar otra fuente de agua, como lo reconoce Gerardo González, funcionario de Planeación Municipal.

Condiciones similares viven los habitantes de municipios como La Peña y El Peñón, en donde los carrotanques de la Gobernación han sido la salvación para llevar el agua a escuelas y viviendas.

Algunas zonas de Cundinamarca, muchas de las cuales padecieron la temporada invernal, están blindadas por ahora contra la falta de agua, gracias a la capacidad de embalses como Neusa, Sisga, El Hato o Tominé, asegura Alfred Ballesteros, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR). Sin embargo, otras regiones, como las provincias de Gualivá, Bajo Magdalena, Rionegro o Magdalena Centro, en donde está ubicado San Juan de Rioseco, no tienen la misma suerte.

Así lo reconoce el gobernador, Álvaro Cruz, tras advertir que los municipios que están por debajo de los 1.500 metros sobre el nivel del mar corren el peligro de que se sigan agotando sus fuentes de agua (ver gráfico). “Hay ríos muy importantes que nunca se habían secado, como el Negro, por lo que le hemos pedido a los alcaldes que racionen el consumo de agua”.

La escasez de agua es sólo uno de los rostros de la sequía que ha prendido las alarmas en el departamento y el resto de Colombia. Los incendios son otro de sus efectos: en los últimos tres meses, el fuego ha consumido 4.256 hectáreas en la región, según cifras de la CAR.

Los afectados aseguran que no ha sido fácil apagarlos. La razón resulta bastante alarmante: de los al menos 27 municipios que en las últimas dos semanas han estado en alerta roja por amenaza de incendio —según análisis del Ideam— sólo cuatro tienen cuerpo oficial de bomberos, tal como lo demostró un estudio de seguimiento y control preventivo de la Procuraduría General de la Nación y lo pudo comprobar El Espectador en los municipios que no fueron analizados por el ente de control.

Sumado a esto, muchos tampoco cuentan con Defensa Civil ni con un grupo de la Cruz Roja para atender las emergencias. Aunque en la mayoría de alcaldías aseguran que sus pueblos cuentan con bomberos voluntarios, a la hora de afrontar un incendio queda en evidencia la falta de capacitación y la carencia de cualquier tipo de maquinaria. En la mayoría de accidentes de este tipo ha sido necesario el apoyo de municipios vecinos y de la CAR.

“Nos ha tocado apagar el fuego con baldes y con ollas de las casas campesinas”, reconocen en la alcaldía de La Peña. “Tenemos un solo bombero voluntario y es un señor de la tercera edad”, dicen en San Juan de Rioseco. “La propuesta de conformar un cuerpo oficial de bomberos se quedó en el papel, pero nunca se logró”, denuncian en Beltrán. Y de ese modo se siguen repitiendo las mismas declaraciones, muestra de que esta zona del departamento no está preparada para apagar el furioso fenómeno de ‘El Niño’.

En el municipio de Beltrán, por ejemplo, los campesinos vieron durante tres días cómo un incendio consumía árboles y pastos. Según Ángelo Gómez, director de la Umata del municipio, el fuego, que comenzó el pasado sábado, sólo pudo apagarse el lunes, con el apoyo de un grupo especial de la CAR y del cuerpo de bomberos de Tocaima.

Para el gobernador Cruz, el asunto no es tan preocupante, debido a que “la mayoría de atención la estamos haciendo con Policía y con Ejército, porque en esos incendios forestales no se utiliza agua”. No obstante reconoce la importancia de mantener activados los comités de emergencia.

Según el Ideam, el fenómeno de ‘El Niño’ apenas está comenzando y sus verdaderos efectos se vivirán en el país a finales de 2012 y durante el primer trimestre de 2013, con un inevitable desabastecimiento de agua. Si sus cálculos no se equivocan, a Cundi namarca le esperan grandes retos para evitar que la región viva una crisis similar a la ocurrida con el invierno, pero esta vez por la inclemencia de la sequía.

 

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