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Orión: 10 años de sinsabor

La polémica ofensiva militar del 16 de octubre de 2002 es la más grande que ha tenido lugar en una urbe del país. Crónica sobre las víctimas inocentes, cuyos familiares hoy piden justicia.

Wálter Arias Hidalgo / Medellín
12 de octubre de 2012 - 10:00 p. m.
La Comuna 13 sigue siendo la más violenta de Medellín. Desde 2010 hasta el pasado 30 de septiembre, en la zona fueron registrados 587 asesinatos.  / Luis Benavides
La Comuna 13 sigue siendo la más violenta de Medellín. Desde 2010 hasta el pasado 30 de septiembre, en la zona fueron registrados 587 asesinatos. / Luis Benavides

Herido de muerte por un proyectil, el seminarista Elkin de Jesús Ramírez rodó por un barranco mojado y cargado de maleza hasta caer en el patio trasero de una casa vecina, en el barrio Nuevos Conquistadores, en la Comuna 13 de Medellín. Su madre, Nelly Vélez Correa, quien supo casi al instante lo ocurrido, intentó auxiliarlo. Pero la lluvia de balas que caía sobre el techo y las paredes, pese a que ella, sus hijos y los vecinos sacaban trapos blancos, le cortó el paso. Pudo salir tres horas más tarde.

Diez años después, Vélez Correa, 65 años, se apoya en un puñado de imágenes para mostrar el lugar exacto donde encontró a su hijo, aquella tarde lluviosa del jueves 17 de octubre de 2002. El día anterior había empezado la Operación Orión, intervención militar pensada para recuperar el monopolio estatal en la Comuna 13. Y Elkin, 27 años, era una de las primeras víctimas civiles de la estrategia estatal que diferentes organizaciones sociales han calificado como un buen ejemplo de fuerza desmedida e impunidad de homicidios, desapariciones, amenazas, torturas y desplazamientos forzados.

Nelly observó impávida el cuerpo inerte de Elkin, quien había salido después del mediodía con su hermano Álex a realizar unas encuestas para un proyecto del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en el que trabajaba. Un nudo en la garganta le impidió soltar un sollozo, pero tuvo el valor de pedir ayuda. Buscó al sacerdote del barrio, pero lo encontró empacando maletas porque, según le dijo él, los paramilitares lo habían amenazado. Fue a la policía y les pidió que recogieran a su hijo y lo llevaran en una tanqueta a un puesto de salud. Le respondieron que ésta no servía para bajar muertos.

Sólo a las 6:00 de la tarde fue posible llevar el cuerpo de Elkin hasta el hospital de San Javier. Finalizaba otra jornada de la operación militar más grande que se haya realizado en una ciudad colombiana y comenzaba una nueva etapa en la vida de Nelly, quien llegó a Medellín cuatro décadas antes.

Con 16 años, y después de seguir a su padre por varias fincas, Nelly se asentó en Medellín. Años después consiguió un lote en Nuevos Conquistadores, un barrio que junto a Las Independencias I, II y III y El Saldo surgió tras la invasión de cientos de personas y la mediación de organizaciones sociales que hacían contrapeso a las problemáticas de exclusión y pobreza que golpeaban a la Comuna 13, hoy conformada por 23 barrios.

Elkin nació el 17 de septiembre de 1975. Cabeza de hogar, siete hijos a cuestas, Nelly creyó que lo más conveniente para sus muchachos era llevarlos a diferentes internados de religiosos. Sentía temor de que ellos terminaran empuñando un arma.

En las décadas de los 80 y 90 surgieron en Medellín milicias del Eln, las Farc y los Comandos Armados del Pueblo (CAP). La Comuna 13 fue un escenario ideal para estos grupos. “En el caso de la Comuna 13 se acentúo su condición de exclusión al ocupar un lugar marginal en la atención del Estado, que se concentró en la Comuna Nororiental por el auge de fenómenos de violencia relacionados con el sicariato y el accionar de bandas al servicio de Pablo Escobar”, observa un informe del Grupo de Memoria Histórica.

Sin embargo, la puesta en marcha de megaproyectos como el Túnel de Occidente (que conecta a Medellín con el occidente antioqueño y Urabá) potencializó la Comuna 13 y favoreció, a finales del 90, el asentamiento del Bloque Metro, el Bloque Cacique Nutibara (BCN) y un frente de las Autodefensas Campesinas del Magdalena Medio. Estos grupos se beneficiaron, además, de la cercanía del oleoducto Sebastopol-Medellín y del terreno quebrado y de difícil acceso.

Mientras Elkin estudiaba en el seminario Hermanos Menores Capuchinos y se inclinaba cada vez más hacia la vida espiritual, el conflicto en Medellín entre esas organizaciones armadas (especialmente en la Comuna 13, donde las milicias impedían el ingreso de extraños para evitar que los paramilitares se fortalecieran) dejaba cientos de muertos. Entre 2001 y 2002 hubo en Medellín 7.201 asesinatos.

El 21 de mayo de 2002, en desarrollo de la Operación Mariscal, entraron a la Comuna 13 cerca de mil hombres en tanquetas y helicópteros. Murieron nueve civiles (entre ellos dos niños), 45 personas resultaron heridas (entre ellos seis policías y dos soldados) y 55 personas fueron detenidas.

Elkin regresó a su casa en ese escenario de disputa entre milicias, paramilitares y fuerza pública. Pese a que retomó sus actividades como colaborador habitual de la parroquia y a que consiguió trabajo y comenzó una carrera técnica en sistemas, su propósito era cumplir la vocación que tanto le mencionaba a su madre: ser misionero.

La noche del 16 de octubre, dos meses después de que Álvaro Uribe se posesionara como presidente de Colombia, comenzó otro operativo militar (el número de 11 desde febrero hasta esa fecha) en los barrios más altos de la Comuna 13. Más de 1.500 hombres del Ejército, la Policía, el DAS y el Gaula, con ametralladoras y con helicópteros artillados, llegaron a Belencito, El Corazón, Veinte de Julio, El Salado, Las Independencias y Nuevos Conquistadores. Acordonaron la zona e impidieron la salida y entrada de personas.

Los enfrentamientos dejaron 14 muertos, entre guerrilleros, soldados, policías y civiles. Elkin fue presentado como un guerrillero muerto en combate, según recoge la revista Noche y Niebla. Otra información, publicada en un medio local, observa que murió por una bala perdida. Ambas versiones indignaron a la familia, que asegura que Elkin no era guerrillero y que las balas iban contra él y su hermano.

También hubo 355 detenidos (de éstos no fueron judicializados ni el 10%) y desaparecidos. Algunos habitantes denunciaron que durante los allanamientos, en busca de milicianos, participaron hombres encapuchados. El 19 de octubre fueron subidos a una tanqueta oficial Blanca Lilia Ruiz, John Fredy Quintana y Dany Ferney Quiroz Benítez. Hasta hoy no se sabe qué pasó con ellos. “La familia no denuncia porque se cree que eran milicianos. Pero así lo fueran es un delito muy grave que se le atribuye a la Fuerza Pública”, dice Adriana Arboleda, de la Corporación Jurídica Libertad.

Días después de la muerte de Elkin, Nelly se contactó con esa corporación, que trabaja desde hace 20 años en la defensa de los derechos humanos, y les solicitó ayudarla a esclarecer la muerte de su hijo. Diez años después, no hay resultados judiciales, ni en el caso de Elkin ni en ningún otro. “No hay una investigación que trabaje todos los casos y los pueda esclarecer. Hasta ahora las investigaciones son por casos individuales y las que formalmente hace la Fiscalía, pero no hay un proceso de investigación amplio sobre la Comuna 13”, dice Adriana Arboleda.

La primera información sobre las desapariciones se conoció en 2003. El 1° y el 6 de agosto de ese año, el CTI de la Fiscalía exhumó 13 cadáveres en la finca Bellavista del corregimiento San Cristóbal (vecino de la Comuna 13), donde había un campamento del BCN. La mayoría de estas personas habían sido reportadas como desaparecidas tras la Operación Orión.

En octubre de 2005, Diego Fernando Murillo, alias Berna, comandante del BCN, reconoció la participación del bloque en estas desapariciones y se acogió a sentencia anticipada. El Juzgado Tercero Penal del Circuito Especializado de Medellín le profirió sentencia condenatoria en febrero de 2008 por los delitos de homicidio agravado, desaparición forzada, desplazamiento forzado y concierto para delinquir. “La única decisión judicial es contra Berna (…), porque se acogió a sentencia anticipada, pero no dijo toda la verdad”, dice Liliana Uribe, de la Corporación Jurídica Libertad.

En marzo de 2009, Berna, desde una cárcel en Estados Unidos, dio más detalles. Dijo que “las Autodefensas del BCN fueron al área de la Comuna 13 como parte de una alianza con la IV Brigada del Ejército, incluyendo al comandante, general Mario Montoya (…), y el general de la Policía Leonardo Gallego, el comandante de policía de Medellín: la policía de Medellín asignó su Unidad Especial Antisecuestro (Gaula) para asistir al BCN en los esfuerzos conjuntos de la Operación Orión”, recoge la Comisión de Esclarecimiento, conformada por 30 organizaciones sociales, sobre lo ocurrido en 2002.

Tras estas declaraciones y una acción de tutela que puso la Corporación Jurídica Libertad, fue abierto un proceso contra Mario Montoya. Sin embargo, no hay una investigación concluida ni por los homicidios, ni por las desapariciones forzadas, ni por el desplazamiento forzado (en 2002 fueron desplazadas 1.259 personas de la zona, según Memoria Histórica), ni por las torturas y amenazas. “El caso de Mario Montoya está en un proceso preliminar y Berna no tiene un proceso por la Comuna 13, porque se acogió a sentencia anticipada. En lo penal no hay nada”, dice Arboleda.

Su opinión es casi fiel a una de las conclusiones del informe la Huella Invisible de la Guerra (desplazamiento forzado en la Comuna 13), del Grupo de Memoria Histórica: “Los hechos ocurridos no han sido verificados, no se han judicializado los responsables, no se ha dicho la verdad, no se ha sancionado a los autores de los crímenes ni se han planteado políticas claras para restablecer la dignidad de las víctimas”. “A este paso que vamos, en 20 años no habrá una respuesta”, agrega Max Yuri Gil, director de la Corporación Región.

Pese a que las autoridades de ese entonces, como Luis Pérez, han dicho que la Operación Orión “fue un ejemplo para Medellín y Colombia” porque pacificó la Comuna 13, habitantes y organizaciones sociales han dicho que desde entonces se fortaleció el dominio de paramilitares y bandas criminales. Esa zona ha sido la más violenta de Medellín en los últimos años. Desde 2010 hasta el pasado 30 de septiembre fueron registrados 587 asesinatos, más de 100 que en la segunda comuna más violenta, Candelaria, con 481. Y en la actualidad hay presencia de las bandas criminales ‘Los Urabeños’ y ‘La Oficina’.

Entre tanto, la familia de Elkin dejó su casa en Nuevos Conquistadores porque empezaron a sentir el rigor de la estigmatización, por ejemplo, a la hora de buscar empleo. Ahora, Nelly, además de sus labores cotidianas, se dedica a participar activamente en diferentes actividades de memoria del conflicto. En estos ejercicios habla, escribe y pinta sobre Elkin, el más cariñoso de sus siete hijos, el que durmió con ella la noche en que empezó la Operación Orión.

 

Por Wálter Arias Hidalgo / Medellín

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