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Nacional 23 Mar 2013 - 9:00 pm

La violencia no da tregua en Cali

'Pandillas mercenarias'

Hoy existen 134 pandillas en 17 de las 22 comunas de la ciudad. Según la Personería, al menos 2.200 jóvenes hacen parte de ellas.

Por: Alexánder Marín Correa y Hugo García Segura
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El miércoles pasado, sicarios asesinaron al comandante de la Estación de Policía del barrio Alfonso López, capitán Edwin Stiward Mariño, cuando se desplazaba en su carro por el sector de Calicanto, en la Comuna 17, al sur de la ciudad. El homicidio ocurrió cinco días después de que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, lanzó en la ciudad la nueva estrategia de seguridad que incluye bloques de búsqueda para combatir el crimen organizado y reducir los índices de violencia. La primera hipótesis del homicidio apunta a la retaliación de una de las 134 bandas que operan en Cali, para vengar la muerte de alias El Anticristo, temido jefe de oficina de sicarios, que murió en enfrentamientos con la Policía.

Los rumores dicen que, antes de morir, El Anticristo le había declarado la guerra a la Policía y para ello se apoyaba en muchas de las pandillas que hoy señalan de ser la causa de la dramática ola de violencia que padece la capital vallecaucana. En lo que va del año, al menos cinco de cada 10 asesinatos es producto de la guerra entre pandillas; esto sin contar que algunas se dedican al tráfico de droga, armas y al sicariato, detonantes de la inseguridad.

Según estadísticas de las autoridades, hasta el pasado 11 de marzo se tenía registro de 327 asesinatos (casi cinco al día) y que las víctimas de 37 de ellos (cerca del 12%) eran menores de edad, entre los 13 y los 17 años. El pico más alto de violencia en Cali fue entre el 25 de febrero y el 3 de marzo, cuando hubo 50 muertes violentas, 10 de las cuales fueron menores de edad, y cinco, de ellos producto de la guerra entre pandillas.

Al parecer, hasta el momento de nada han servido medidas como el toque de queda los fines de semana en algunas comunas, como la 13 y la 14, ya que ha sido allí donde se ha registrado el mayor número de asesinatos. El personero de Cali, Andrés Santamaría, insiste en la necesidad de reforzar las estrategias de seguridad y le pidió al alcalde, Rodrigo Guerrero, que ponga en marcha el plan desarme.

Lo crítico de este asunto es que casi todos los caminos de la violencia llegan al mismo punto: las pandillas. A un gran porcentaje de ellas se le atribuye la delincuencia que azota la ciudad, bien sea por el microtráfico y las guerras que genera, por su tarea en la venta y alquiler de armas para cometer delitos o por la modalidad adoptada por algunas de ser pequeñas empresas de “servicios criminales”, con el asesinato como su principal fuente de financiación.

El fenómeno de las pandillas en Cali es crítico. Un estudio de la Personería Municipal sobre “el estado actual de las pandillas y su impacto en los índices de violencia” hace una radiografía que identifica los principales grupos, sus actividades y su zona de dominio. Una de sus conclusiones es que “el accionar de las pandillas es complejo, pues el mayor índice de criminalidad proviene de sus acciones”.

El estudio muestra que en los últimos 20 años las pandillas han crecido a la par con la delincuencia. Señala que de 10 que existían en 1992 en el distrito de Aguablanca, pasaron a 134 el año pasado, es decir, tuvieron un crecimiento promedio de siete nuevos grupos por año. Hoy existen en Cali casi 2.200 pandilleros, que hacen presencia en 17 de las 22 comunas. En cifras concretas, hay una pandilla por cada 18.000 caleños y “de seguir la tendencia, para 2022 existirán 204, es decir, una por cada 12.000 habitantes”.

La situación más compleja se vive en el distrito de Aguablanca (comunas 13, 14, 15 y 21), donde operan 59 pandillas, es decir el 44% de las que existen en Cali. Lo sigue el sector de Siloé (comuna 20), donde operan 26 pandillas, es decir, casi el 20%. En estos dos sectores hay al menos 1.200 pandilleros. Y aunque las pandillas se han caracterizado por ser un fenómeno barrial, cinco de las 134 que operan en Cali tienen presencia en casi toda la ciudad. Se trata de La Alianza, Los Contraalianza, Los Warner, Barón Rojo y Avalancha Verde. Estas organizaciones concentran, al menos, al 40% de los pandilleros de la capital vallecaucana.

Según el perfil de estos grupos hecho por el Ministerio Público, muchos han cursado la carrera criminal partiendo desde los simples grupos barriales (dedicados al control territorial), hasta llegar a una nueva categoría conocida como “pandilleros mercenarios”, que ofrecen un amplio catálogo de servicios delincuenciales al mejor postor, como guerrilla y bandas criminales, dice en su informe la Personería.

Sobre el impacto que tienen las bandas barriales, el estudio pone de ejemplo la situación de la Comuna 13, donde hay zonas con pandillas en cada cuadra. Allí “fijan fronteras invisibles e impiden con amenazas de muerte que los jóvenes pasen de un barrio a otro. De hecho, más de 20 muchachos han sido asesinados en los últimos años por atravesar esas fronteras. También ha generado otros costos sociales, como la deserción escolar, por miedo de ser asesinados”.

Esta crítica situación se refleja en los testimonios de los propios pandilleros, como el de alias El Panadero, quien reconoce que las fronteras invisibles son límites que no se pueden pasar. “Acá matamos por la frontera. Uno se relaciona tanto con la delincuencia que, si no existe forma de salirse, el sueño es pertenecer a una oficina grande”. Por su parte, alias Pistolo dice que muchos llegan a estos grupos por obligación. “Si no es de una pandilla, lo van a atacar. La actividad primordial es el hurto; claro que ahora es la droga. El problema es evitar que los hijos se involucren. La expectativa de vida de los muchachos es de 16 años... como se dice acá, no conocen la cédula”.

Sobre las pandillas mercenarias, que serían las estructura más peligrosa, “la Personería pudo constatar que funcionan como ‘oficinas de servicios criminales’, las cuales tienen a disposición jóvenes entre los 15 y 25 años, clasificados para actividades como homicidio, secuestro, trata de personas, inducción a la prostitución, etc. Dado que funcionan a sueldo, las buscan células de la insurgencia para actividades terroristas”.

“Se dedican al tráfico de droga, armas, hurto y extorsión. Muchos de los integrantes de las pandillas renuncian a sus grupos y pasan a ser reclutados por ‘oficinas sicariales especializadas’, quienes luego de permanecer en ellas al menos dos años, pasan a recibir orientación sobre delitos de alto impacto, para ingresar a las bandas criminales de Los Comba, Los Urabeños y Los Rastrojos”. Aunque la mayoría de pandillas detectadas tienen relación con el tráfico de drogas, la investigación ha demostrado que en Cali el negocio lo manejan las bandas criminales, las cuales surten a los grupos que operan en las diferentes comunas para mantenerlos bajo control.

[email protected]@elespectador.com

@alexmarin55@hgarciasegura

 

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