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Nacional 8 Mar 2013 - 3:59 pm

A propósito de los paros cafetero, camionero y cacaotero

Protesta en los tiempos de Uribe

Una mirada a las marchas, paros y manifestaciones ciudadanas sucedidas en el gobierno anterior.

Por: Hugo García Segura
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Álvaro Uribe Vélez/ Archivo

"Actúan, no cuando los ciudadanos le reclaman por los problemas, sino cuando las encuestas golpean la vanidad del Gobierno". Eso dijo el expresidente Álvaro Uribe, refiriéndose al paro cafetero y otras protestas ciudadanas, que desde hace ya más de una semana tienía en ascuas al gobierno del presidente Juan Manuel Santos. El pasado 25 de febrero, cuando inició la protesta, el exmandatario expresó su respaldo a los miles de cafeteros concentrados en varios puntos productores del país, en reclamo de medidas gubernamentales efectivas para la crisis del sector, manifestando que "tienen razón".

Tres días después, en su columna de El Espectador, Juan Pablo Calvás resaltaba el "giro de 180 grados" que ha dado el exmandatario, en lo concerniente a los movimientos sociales, el cual ha rebasado todos los límites de lo imaginable. Y planteaba algunas preguntas: "¿Dónde está aquel hombre que en 2008 aseguraba que el paro de los corteros de caña era promovido por la guerrilla? ¿Qué fue de aquel presidente que en 2007 declaraba ilegal el cese de actividades de los profesores? ¿Qué hicieron con el Ejecutivo que acabó con el Ministerio de Trabajo?".

De hecho, Calvás definía así a este Uribe modelo 2013: "Un hombre renovado, que cree en los movimientos sociales, que respalda las protestas campesinas y que no se arredra ante los anuncios del Gobierno de turno, según los cuales la guerrilla estaría detrás de las movilizaciones de los productores de café. Por eso digo que nada raro sería ver al expresidente sosteniendo una pancarta en las marchas del 1° de mayo, mientras camina a lo largo de la carrera séptima hacia la Plaza de Bolívar".

Eso sí, al final su columna, Calvás advierte que no se puede olvidar que Álvaro Uribe es un hombre político, que está en campaña y que, por ahora, todo se vale. "La foto con los campesinos, las frases altisonantes, el rechazo al statu quo, todo eso sirve para ir acumulando voticos", dice. Una transformación que era casi impensable hace apenas unos cuatro años, cuando según un informe del Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep), entre 2002 y 2008, durante el gobierno de Uribe se generaron el mayor número de protestas en el país desde 1975.

Según investigaciones del historiador Mauricio Archila, de 1958 a 1974 el promedio anual de luchas sociales fue de 173. De acuerdo con el Cinep, entre 1975 y 1990 este total saltó a 476; y de 1991 a 2001, bajó a 429. Pero a partir del primer gobierno de Uribe, se presentó el mayor número de protestas de los últimos 50 años: 643 por año.

El estudio, elaborado por 'Base de Datos de Luchas Sociales' del Cinep, demostró que en seis años de mandato uribista, de los 1.120 municipios que en 2007 existían en el país (cifras del Dane), 554 sirvieron de escenario para las protestas. La movilización social alcanzó en 2007 el mayor auge observado desde 1975, cuando se reportaron 800 protestas y en el año 2008 la cifra llegó a 950. Las capitales de los departamentos fueron las mayores concentradoras de las manifestaciones, debido a la visibilidad que poseen.

"La capital Bogotá concentra un número significativo de manifestaciones, a pesar de que parte de los conflictos no se desarrollan en la capital", decía el informe. Las acciones sucedieron principalmente, en los departamentos de Antioquia, Valle, Santander, Cauca y en los departamentos de la Costa Atlántica.

Las protestas en la era Uribe fueron motivadas por violaciones a los derechos humanos, desconocimiento de derechos económicos, sociales y culturales. También es el reflejo del desacuerdo con políticas gubernamentales y el incumplimiento de pactos. El estudio también mostró que la inconformidad nació en contra de la privatización de empresas estatales, el desempleo, las reformas académicas, la ausencia de una política agraria integral, la prestación de servicios públicos domiciliarios y sus tarifas. También la guerra y el conflicto motivan la manifestación pública.

En su momento, el Cinep le pidió al gobierno de Álvaro Uribe evitar la política represiva de las manifestaciones y la estigmatización, argumentando hechos como la infiltración de la guerrilla u otros grupos al margen de la ley. Incluso se sugirió la desactivación de Escuadrón Antimotines de la Policía Nacional.

En este sentido, se pidió respetar las manifestaciones públicas y colectivas como parte del conjunto de los derechos establecidos por la Constitución de 1991, en su artículo 37. "El disenso y la protesta son aspectos constitutivos de toda democracia. Por lo tanto, es preciso dejar de estigmatizar la protesta social por parte de altos funcionarios del Gobierno", recomendó el Cinep.

Como quien dice, tal y como cuando el exvicepresidente Francisco Santos acusó en 2005 a los medios de comunicación de ser "cajas de resonancia" del terrorismo por divulgar noticias de ataques de la guerrilla a la Fuerza Pública y ahora se ve al uribismo registrando vía Twitter ese tipos de acciones insurgentes, en el caso de las protestas de los últimos días –paro cafetero, camionero y cacaotero-, apoyado por el expresidente Álvaro Uribe, otra vez falla la memoria, aunque como lo dice Juan Pablo Calvás, es campaña y todo se vale por volver al poder.

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