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Nacional 28 Mayo 2011 - 9:00 pm

Pagó una condena de siete años y seis meses

La reina del norte

Esta semana, Lorena Henao Montoya, hermana de tres narcos del cartel del norte del Valle y viuda del capo Iván Urdinola, salió de prisión. El Inpec consideró que ya había cumplido su pena.

Por: Natalia Herrera Durán
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A la salida de la cárcel Modelo de Cúcuta la esperaba un hombre con un ramo de flores y una mujer que no dejó de abrazarla apenas la vio. Libertad por pena cumplida y buen comportamiento decía el boleto que expidió el Juzgado de Ejecución de Penas. El Inpec informó que después de un barrido judicial no había ninguna razón que ameritara su detención.

Hoy, ante los ojos de la justicia, la viuda de la mafia, de 42 años, es sencillamente Lorena Henao Montoya, sin alias, sin antecedentes, sin ropa de marca. Antes la señora del cartel del norte del Valle, la reina que a su paso dejó una estela de leyendas, sicarios, narcos, sobornos, riqueza y amantes. Purgó una condena de siete años y medio por concierto para delinquir, testaferrato, fraude procesal y cohecho. Una pena que pagó en su casa, en varias prisiones y en una silla de ruedas cuando un cáncer en la columna vertebral casi la vence.

Fue la hija menor y única mujer de una familia humilde y campesina. Nacida en Cartago (Valle) en octubre 9 de 1968, su futuro estuvo marcado por el devenir traqueto y el dinero fácil de la venta de droga en la década de los 80 que llegó a Cali, y con la rapidez de una salsa estrepitosa se apoderó también del norte del Valle. En el caso de Lorena, fue de la mano de sus hermanos mayores que conoció ese mundo. Orlando de Jesús, Arcángel y Fernando pronto llegaron a estar armados, como sus 50 escoltas, y a ser temidos y respetados.

Quizá por eso no fue sorpresivo que Lorena conociera a Iván Urdinola Grajales, el amigo de su hermano Arcángel, quien se paseaba por el municipio El Dovio. Iván, 20 años mayor que ella, su primer novio, el mismo que dirimía a bala las cuentas del clan Henao. Después serían los Henao y los Urdinola, la familia mafiosa, los responsables de coronar toneladas de cocaína a los Estados Unidos y Europa. Una organización independiente del cartel de Cali que pasó inadvertida por años, antes de que se formalizaran cargos en su contra.

Cuentan quienes conocieron esta historia, que ella sólo tenía 17 años cuando se casó con Urdinola, que él se moría por ella, que tuvieron cuatro hijos, que le compró vestidos Prada y Chanel, y le trajo artistas como Óscar de León y Leo Dan para celebrar sus cumpleaños, que viajaron juntos a los Carnavales de Río de Janeiro, que regalaron útiles escolares a 3.000 niños una Navidad en El Dovio, que costearon una urbanización de 83 casas para familias pobres, un parque recreativo y un ancianato.

En la época de la guerra de los carteles, cuando Pablo Escobar les ponía precio a la cabeza de los policías y Gonzalo Rodríguez Gacha y sus socios libraban una guerra sin cuartel contra el Estado, Lorena e Iván, la pareja del norte del Valle, dueña de discotecas, galleras, chances, hoteles, bodegas de vino, haciendas excéntricas —como La Lorena y La Porcelana—, poseedores de camionetas blindadas y caballos de paso fino, preferían pagar millonarias sumas en corrupción para sostener su estilo de vida.

Pero la muerte empezó a tocarlos de cerca a comienzos de los años 90. Cuando el 19 de agosto de 1991 las partes desmembradas del cuerpo del teniente (r) de la Armada Ricardo Andrés Petersson Bernal fueron encontradas por las autoridades, una a una, en el río Cauca. Una escena común para la sórdida época, de no ser porque Petersson, un joven de 28 años y miembro de una familia adinerada de Bogotá, fue secuestrado, sometido a torturas de toda clase y asesinado, acusado de ser el amante de Lorena Henao.

Pronto empezaría el fin del clan Urdinola-Henao. Todo el esplendor empezaba a oxidarse. Arcángel era investigado por la masacre sin antecedentes de 133 campesinos del municipio de Trujillo e Iván era perseguido por las autoridades por el asesinato de Petersson, a la vez que estalló la guerra con los demás capos de Cali, por no querer confrontar al Estado. Poco tiempo después, el 26 de abril de 1992, Iván Urdinola fue capturado en su finca La Porcelana, cerca de Zarza, acusado de narcotráfico, tortura, homicidio y enriquecimiento ilícito.

Lorena, a quien decían los trabajadores le rendían cuentas, asumió la fortuna que se calculaba en más de $10.000 millones y estaban representados en negocios y fincas que decían tenían 100 mil hectáreas, siempre rodeada y protegida por sus hermanos. Durante los diez años que estuvo preso Iván, Lorena veló que sus propiedades no se perdieran y pudo evitar varios allanamientos. Incluso compró el azar para justificar ante la justicia su riqueza. Y en mayo de 1994 apareció como la feliz ganadora de la Lotería de Bogotá, tras acertar diez fracciones.

Pero la guerra ya estaba desatada y en esos diez años, en busca del dominio de las rutas de la droga, vino una cadena de delaciones y asesinatos. Orlando, el patrón, más conocido como El hombre del overol, eliminó uno a uno a sus rivales y se entregó a la justicia, para en la cárcel, junto con su cuñado Urdinola, dirigir el negocio protegido de sus enemigos. Pero un año después fue asesinado dentro de prisión por el hermano parapléjico del capo del cartel de Cali, Pacho Herrera. Siete balazos.

El cartel del norte del Valle se quedaba sin patrón y sin ley. Fue entonces el nacimiento de dos capos menores: Diego León Montoya y Wílber Varela, quienes a pesar de haber sido amigos en el pasado, se trenzaron en una guerra sangrienta que bañó de sangre las calles y los campos del norte del Valle. Cada quien se armó y armó a su gente. Entre tanto, Lorena tenía amores con Varela, quien la protegió y le ayudó a cobrar viejas deudas de su marido. A la vez Lorena le profesaba amor al conductor de la familia, Lucio Quintero Marín, a cuya esposa dicen envenenó para apartarla del camino y con quien se casó posteriormente.

Todos esos rumores llegaban a la cárcel, e Iván Urdinola, el esposo, murió de un infarto el 24 de febrero, aunque hay quienes aseguran que también fue envenenado. Lorena salió del país, estuvo en Chile, Argentina y Costa Rica, hasta que llegó huyendo junto con su hermano Arcángel a Panamá, en donde lograron lavar suficientes dólares con la compra de bienes, hasta el día en que la DEA, que ya le había congelado algunas cuentas millonarias, los apresó con apoyo de las autoridades de ese país.

Su hermano Arcángel fue extraditado a Estados Unidos, en donde su hermano Fernando ya estaba preso. Lorena fue detenida ese enero de 2004. Pero pronto un extraño fallo de la Corte Suprema de Panamá ordenó su libertad por falta de pruebas. Los escándalos por sobornar y comprar la justicia empezaron en Panamá y llegaron a Colombia, en donde fue nuevamente detenida el 7 de mayo de 2004.

Tres años después recibió el beneficio de casa por cárcel, hasta el día que volvió a prisión luego de que, en enero de 2010, la vieran de compras en un centro comercial de Armenia. Ahora Lorena Henao, la viuda de la mafia, purgó su condena y está libre.

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