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Nacional 2 Mayo 2013 - 10:42 pm

Autoridades investigan atentado contra Ricardo Calderón

Salió ileso, pero el periodismo quedó herido

Los violentos volvieron a generar terror luego de que desconocidos balearan el carro en el que se movilizaba el reportero de Semana.

Por: Redacción Judicial
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Con casi dos décadas en el oficio, el veterano periodista de la revista Semana Ricardo Calderón, quizá el reportero más prestigioso de Colombia y, al mismo tiempo, el más desconocido, logró esquivar en la noche del pasado miércoles las balas asesinas de los violentos que intentaron silenciarlo. El ataque se dio muy cerca de Melgar (Tolima), en plena carretera, cuando desconocidos le dispararon a su carro en cinco ocasiones. Primero, claro, se aseguraron de que fuera él y lo llamaron por su nombre. Luego vinieron los tiros. Iba solo. Había agendado una cita con una fuente en Ibagué y a esa hora, casi las 8 de la noche, se encontraba de regreso a Bogotá.

Calderón maniobró su vehículo y siguió por la vía durante 10 minutos hasta que llegó a un retén de la Policía y pudo dar aviso a la revista y a sus familiares de lo sucedido. De inmediato las conjeturas apuntaron a que el móvil del atentado serían sus más recientes investigaciones sobre la base militar de Tolemaida, en donde se han revelado toda suerte de irregularidades de oficiales y suboficiales detenidos, que más parecían en una casa de campo que en un centro de reclusión militar. Pero, si se pone el espejo retrovisor a sus investigaciones, lo investigado por Calderón en Tolemaida parece un juego de niños.

Para no ir muy lejos en el extenso listado de escándalos que han sido destapados por él, Calderón fue el que sacó a la luz pública las interceptaciones ilegales que desde la Dirección de Inteligencia de la Policía se hicieron a magistrados, políticos y periodistas. En mayo de 2007, como consecuencia de esta revelación, el presidente Álvaro Uribe sacó de la línea de mando a 12 generales de la Policía al nombrar al general Óscar Naranjo Trujillo. Poco volvió a saberse de las pesquisas de las autoridades en este evidente caso de espionaje, pero dos años después el episodio se repetiría en el DAS. De no ser por su publicación de febrero de 2009, en la que denunció no sólo que la policía secreta del gobierno se había convertido en una ‘cueva de Rolando’, sino que estaba destruyendo las evidencias de su barbarie, hoy el caso de las ‘chuzadas’ sería apenas una anécdota.

La Fiscalía allanó al DAS el mismo día de la publicación de la revista Semana y lo demás es historia conocida. Calderón también denunció en su momento las torturas en el Centro de Instrucción y Entrenamiento del Ejército, ubicado en Piedras, Tolima. El reportero obtuvo fotografías y relatos escalofriantes de cómo quemaban, pateaban y presionaban sicológicamente a los soldados sus superiores con el fin de ‘prepararlos’ en tácticas contraguerrilla. Esta investigación la realizó en febrero de 2006 y, de nuevo, los oficiales involucrados terminaron destituidos y el entonces comandante del Ejército, general Reinaldo Castellanos dando explicaciones. Desde que inició su carrera en Semana en 1994 —al principio como periodista deportivo y luego como reportero de orden público—, han sido muchas las historias que el país ha conocido gracias a su pluma, como aquella que tituló con toda razón “Santa Fe de Relajito”.

Hoy Colombia apenas empieza a dimensionar su trabajo como periodista. El director de Semana, Alejandro Santos, sostuvo que Calderón se encontraba investigando los pormenores del escándalo por los beneficios que se les otorgaron a uniformados recluidos en Tolemaida, a quienes, a pesar de estar condenados, se les había visto en fiestas y hasta haciendo compras en Bogotá. “Eso dejó molesta a mucha gente. Lamentamos lo que acaba de ocurrir. Como dicen en la jerga policial, Ricardo estaba controlado y sabían exactamente cómo se movía”.

El ataque en su contra constituye un atentado contra la libertad de prensa “y el espíritu crítico de la investigación”, añadió Santos. Una radiografía muy oscura justamente cuando hoy se cumple el Día Internacional de la Libertad de Prensa. La Fundación Guillermo Cano —que recuerda el legado del director de este periódico, asesinado por el narcotráfico el 17 de diciembre de 1986— entregará hoy su premio a la libertad de prensa a la periodista etíope Reeyot Alemu, actualmente recluida en una cárcel de su país por su compromiso excepcional con la libertad de expresión.

En la ceremonia de entrega, Ana María Busquets, viuda de Guillermo Cano, será enfática: “La realidad es tozuda. Han pasado casi dos décadas y siguen en aumento las cifras de periodistas asesinados y encarcelados, así como las presiones y los ataques a la libertad de expresión. Hoy nos preguntamos, ahora desde la orilla del desaliento, si es que no hay, entonces, lugar a la esperanza”. Desde que trascendió el ataque a Calderón, no hubo funcionario de alto rango que no alabara su trabajo y condenara que los violentos intentaran acallarlo.

El ministro del Interior, Fernando Carrillo, dijo que “atentar contra la libertad de expresión es un acto máximo de cobardía”. Con palabras semejantes se expresó el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, quien resaltó: “Si hay miembros de la Fuerza Pública implicados, será doloroso, pero tendrán que pagar con todo el peso de la ley”. El presidente Juan Manuel Santos le encomendó al director de la Policía, general José Roberto León Riaño, que se encargara personalmente de liderar la investigación en este caso. Y Andrés Villamizar, director de la Unidad de Protección del Ministerio del Interior, resaltó que de inmediato se le asignará un esquema de seguridad a Calderón.

Mientras tanto, entidades como la Fundación para la Libertad de Prensa condenaron el atentado y pidieron que se procese a los responsables. El columnista Ramiro Bejarano fue claro: “Repudio el alevoso atentado. Es preciso capturar a los autores”. Freedom House, una ONG que investiga la promoción de la democracia, publicó un listado en el que Colombia aparece como un país donde la prensa es parcialmente libre y la situación de los periodistas es peor que en Haití, Bosnia-Herzegovina y Timor Oriental (ver infografía).

 

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