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Nacional 28 Feb 2013 - 10:00 pm

Asesinato de un concejal en Tocancipá

La silenciosa muerte de Rodríguez 'Gacha'

Luis Gonzalo Rodríguez fue asesinado el pasado 22 de febrero. Los motivos del crimen aún se desconocen, sin embargo, en los caminos del pueblo se escuchan historias sobre las causas.

Por: Camilo Segura Álvarez
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Esta es la curul que dejó Gonzalez ‘Gacha’ en el concejo de Tocancipá. / Andrés Torres

El concejal de Tocancipá Luis Gonzalo Rodríguez era conocido como Gacha o Gachita en las calles de Tocancipá. Era un hombre afable al que le gustaba andar con sombrero, bromear con sus colegas, saludar a los tocancipeños e incluso ayudarlos con mercados y generando empleo. Sin embargo, esa popularidad no lo protegió de las balas que desconocidos dispararon sobre su rostro y tórax a las 7:45 a.m. del pasado 22 de febrero en el sector de Chautá, en la vereda Verganzo de Tocancipá.

Los apodos del concejal cualquiera los rechazaría, conociendo el oscuro pasado que representa para el país, pero sobre todo para el departamento, el prontuario criminal de Gonzalo Rodríguez Gacha. Al extinto narcoparamilitar, oriundo de Pacho, se le adjudican las muertes de miles de colombianos y la exportación masiva de cocaína hacia los Estados Unidos.

Sin embargo, para el concejal Rodríguez el apodo, que le fue impuesto desde muy joven por la similitud que guarda su nombre con el del extinto capo, no era molesto. Tanto era así que el local que queda en el primer piso de la residencia que habitaba junto a su familia lleva por nombre Billares Gacha. Además, al igual que al narcotraficante, “le gustaba andar con sombrero ancho”, cuentan en el concejo municipal.

Pero no son esas las únicas similitudes que la vida del difunto concejal guardaba con la del socio del cartel de Medellín. Son bien conocidas por los colombianos las imágenes del narcotraficante bajando de camionetas o avionetas entregando fajos de billetes a los campesinos cundinamarqueses, haciendo gala de su espíritu dadivoso. Por su parte, el concejal del partido MIO era un hombre “al que le gustaba regalar mercados, dar empleo, hablar con los más necesitados del municipio y resolverles sus problemas”, según cuenta Naudí Anteliz, concejal del Partido Conservador.

En el cabildo todavía no se explican por qué mataron a Luis Gonzalo Rodríguez. Los concejales, que hasta el día de hoy adelantan novenas y homenajes a la memoria de Rodríguez, dicen no conocer de rencillas o problemas que tuviera el asesinado concejal. Mucho menos su familia, que permanece consternada y en un mutismo exagerado frente a los medios de comunicación.

No obstante, en el pueblo se escuchan tres posibles hipótesis sobre las causas del asesinato. La primera está relacionada con un negocio que, según versiones de pobladores, llevaba desde hace años Rodríguez: el agiotaje (sacar usufructo del préstamo de dinero de manera informal).

“Eran bastantes las personas que le debían mucho dinero. Además, estaban ahogadas por los intereses y, usted sabe, es fácil perder la cabeza con las deudas”, dice una comerciante de la plaza central del municipio. Incluso, la misma persona asegura que el negocio había degenerado en amenazas e intimidaciones en contra del concejal.

La segunda hipótesis gira en torno a las posiciones políticas de Rodríguez. “El concejal Gacha se había convertido en los últimos meses en la cabeza visible de la oposición a la administración del alcalde, Carlos Julio Rozo, logrando bloquearle, en principio, unas facultades extraordinarias que pidió en diciembre para elevar el endeudamiento del municipio en $18.000 millones. Por intereses políticos, el concejal terminó liderando el grupo de los ‘Dignos’ que se rebelaron contra los ‘Meñiques’, esos que dicen manejar el Concejo con un meñique y a la Administración con el otro”, dice el periodista Octavio Quintero, del diario local El Satélite.

Además, las tensiones entre el burgomaestre y el difunto iban más allá de un debate de gobierno y oposición. Según Quintero, basado en conversaciones con el concejal Darío Ortiz, Rodríguez creía que el alcalde y su hermano, Édgar Emiro Rozo, para atacar la posición dominante que la oposición había logrado en el cabildo, habían filtrado a la prensa una información que lo inhabilitaría como concejal: una condena de ocho meses de prisión por porte ilegal de armas. La información salió publicada en un diario de circulación nacional un día antes de la muerte de Rodríguez.

La tercera conjetura gira alrededor de un “lío de faldas”. Sin embargo, para evitar especulaciones y por respeto a su familia, no ahondaremos en esa teoría que, según fuentes policiales del municipio, es la menos plausible.

Hoy, la construcción de una nueva casa para la familia de Gacha ha quedado paralizada desde el asesinato, que ocurrió frente a los pilotes de una obra que, seguramente, permanecerá inconclusa. Los amigos y familiares del concejal guardan silencio y no reclaman airadamente justicia, sin explicar por qué. Mientras tanto, como es costumbre, las autoridades están concentradas en “una investigación exhaustiva”.

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