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Nacional 25 Abr 2011 - 8:34 pm

Texto completo de la alocución presidencial

Este es el pronunciamiento completo del mandatario, Juan Manuel Santos, sobre la ola invernal que sacude al país.

Por: Elespectador.com
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Foto: Javier Casella/Presidencia

Alocución del presidente de la República, Juan Manuel Santos


25 de abril de 2011


Queridos compatriotas:


Disculpen la interrupción, pero quiero pedirles unos pocos minutos para hablar con ustedes sobre la difícil situación que atraviesa nuestro país por causa de la ola invernal, un invierno que no ha cesado de golpearnos y que nos seguirá afectando por lo menos por otros dos meses.


El fenómeno climático que sufrimos –conocido como La Niña 2010-2011– ha sido catalogado como La Niña más fuerte de la historia, y se ha manifestado a través de unas lluvias por encima de lo normal, que han durado prácticamente un año.


No han sido, como pensábamos, dos fases de la ola invernal –con una pausa al medio– sino un solo invierno ininterrumpido.


Es como si todo nuestro territorio fuera afectado por un huracán que entró a mediados del año pasado y no ha querido salir.


Por eso no pudimos aprovechar, como hubiéramos querido, los meses de menos lluvias para comenzar las obras de gran calado, porque hubiera sido como despilfarrar los recursos construyendo sobre arena movediza.


Nos hemos tenido que concentrar –y seguimos concentrados, por lo pronto– en la asistencia humanitaria de emergencia.


Porque ésta es, sin duda, la peor tragedia natural de que tengamos memoria.


Son ya cerca de 3 millones de compatriotas los afectados por este fenómeno; muchas vías nacionales, regionales o veredales han colapsado; cientos de miles de hectáreas permanecen bajo el agua.


El Gobierno nacional, de la mano de los gobiernos regionales, de la fuerza pública, de los organismos de socorro, de la Pastoral Social de la Iglesia –con la que firmamos un acuerdo de cooperación–, no ha cesado ni cesará de trabajar para enfrentar el invierno.


Convoqué el Consejo de Ministros el Jueves Santo y nos volvimos a reunir esta mañana para analizar todas la medidas que se han tomado, acelerar sus efectos y adoptar las decisiones que se requieren para seguir enfrentando la crisis.


Para la atención global de la emergencia, a través de Colombia Humanitaria, se han destinado cerca de 4,5 billones de pesos del presupuesto de la nación para el 2010 y el 2011 –sin incluir lo que se invierte a través de ministerios y entidades territoriales–, de los cuales se ha comprometido ya el 95 por ciento.


Desde el año pasado hasta hoy se han girado a departamentos y municipios cerca de 450 mil millones de pesos exclusivamente para asistencia humanitaria y alojamiento –que es lo más urgente: garantizar la comida y un lugar para dormir a las familias damnificadas–.


Y algo muy importante: dispusimos que los censos se hagan de forma inmediata, de manera que los damnificados se acerquen a los operadores autorizados en cada región o a los Comités Locales para la Prevención y Atención de Desastres –los Clopad– y reciban el auxilio urgente que necesitan.


En medio de la dimensión de la tragedia debemos reconocer que nuestro sistema ha funcionado y que la atención humanitaria –que, repito, es la prioridad ahora– está llegando oportunamente a quienes la necesitan.


Para obras menores –como jarillones en algunos ríos, labores de dragado, saneamiento básico, reforzamiento y contención de cuerpos de agua, entre otras– hemos autorizado más de 1.300 solicitudes por unos 300 mil millones de pesos a alcaldías y gobernaciones, y ahora depende de ellas su ejecución.


¡No pararemos! No podemos descuidar a las familias afectadas, ni bajar la guardia un solo minuto.


El campo ha sido particularmente damnificado, y hemos comprometido cerca de 400 mil millones de pesos, en diversos programas, para apoyar la agricultura y la ganadería afectadas.


En el tema de educación, tenemos ya 850 sedes educativas atendidas en las fases de ayuda humanitaria y de rehabilitación, y vamos a comenzar en julio la rehabilitación definitiva de otros 1.400 planteles.


También hemos puesto toda la atención al tema de la salud.


A pesar de las personas muertas y heridas –y nuestro corazón está con ellas–, tenemos que destacar que una calamidad de este tamaño no haya causado mayores estragos o epidemias en la población afectada, gracias a las campañas de prevención y auxilios de emergencia.


En cuanto a las vías también avanzamos en la medida de lo posible.


Para atender las emergencias viales en todo el país, y las fluviales en la región de la Mojana y el Canal del Dique, se han ejecutado ya 319 mil millones de pesos.


En la actualidad se están ejecutando obras de atención y rehabilitación en más de medio centenar de vías, en 22 departamentos, por 310 mil millones de pesos, y se tienen disponibles para ejecutar en el corto plazo otros 100 mil millones.


Tenemos los recursos, además de todo el personal del Invías y de los contratistas, dedicados a atender las continuas emergencias viales que se presentan.


Sin embargo, el ritmo de recuperación se dificulta –hay que entenderlo– por las mismas lluvias y deslizamientos.


Lo mismo en el tema de vivienda: hemos avanzado en alojamientos temporales y subsidios de arriendo pero la reconstrucción en firme de pueblos y barrios, y su reubicación en zonas sin riesgo, demora un poco más.


Por ahora –y en esto soy enfático– tenemos que dedicarnos a aliviar las crisis inmediatas, porque las grandes obras, las obras de rehabilitación y reconstrucción definitivas –como Gramalote, como el gran proyecto de La Mojana, como el Canal del Dique– no podemos iniciarlas sino hasta cuando cesen las lluvias, a mediados del año.


Hemos hecho lo que podemos con lo que tenemos, en medio de un desastre de una dimensión que no habíamos conocido en nuestra historia.


Seguramente ha habido fallas en algunos casos específicos, pero quiero asegurarles que nuestro propósito es cumplirles a todos los damnificados y al país.


Ahora, más que nunca, hago un llamado a la UNIDAD y a la SOLIDARIDAD.


Convoco a los alcaldes y gobernadores –cuyo papel es fundamental–, a los partidos políticos, a los gremios, a los sindicatos, a las organizaciones sociales, a los medios de comunicación, A TODOS, a que trabajemos unidos por esta causa.


Ahora, más que nunca, estamos dedicados a aplicar los principios del BUEN GOBIERNO, de eficiencia, eficacia, transparencia y rendición de cuentas.


Porque la emergencia es grave y tenemos el compromiso de estar a la altura del desafío que se nos presenta.


En tres meses, cuando La Niña haya pasado, tendremos que asimilar las lecciones y comprometernos a preparar al país para fenómenos como el que hoy vivimos, que serán la constante más que la excepción, pues el cambio climático llegó para quedarse.


Tenemos que devolverles a los ríos sus zonas de ronda, sus humedales, todo ese terreno que les pertenece y que les hemos ido quitando irresponsablemente.


En esta tarea es fundamental el trabajo de las Corporaciones Autónomas Regionales y por eso insistiremos en su reforma, y presentaremos al Congreso, en las próximas semanas, un proyecto en esa dirección.


Nuestro deber es construir un país mejor, más preparado para las contingencias, que el que teníamos hace un año


Y no sólo me refiero a obras físicas.


Tenemos que construir un país más solidario, más unido, más ético, con más sentido de comunidad y de corresponsabilidad de todos frente a nuestro futuro común.


Con la estrategia “COMÚN-UNIDAD” de Colombia Humanitaria estamos apuntando, no sólo a construir nuevas casas, sino a fortalecer nuestro tejido social.


Entre tanto, mantengámonos alerta.


Con las lluvias que se esperan esta semana aumentará el riesgo de deslizamientos, inundaciones y crecientes en la región Andina, el sur de la región Caribe, la Orinoquia y la región Pacífica.


Mandatarios locales, líderes comunales, organismos de socorro, gestores sociales de la Red Unidos, todos los ciudadanos tenemos la responsabilidad de evitar tragedias anunciadas y de ayudar a controlar –además– que los recursos y auxilios lleguen y se repartan en forma debida.


Pero hay que ser claros. Ésta no es una tarea solamente del Gobierno nacional: nos involucra a todos, y muy especialmente –¡muy especialmente!– a los alcaldes y gobernadores, que son, en últimas, quienes solicitan y ejecutan los recursos.


Gracias, muchas gracias, a todos los héroes anónimos que trabajan por sus compatriotas: a los miembros de Colombia Humanitaria, a los bomberos, a la Cruz Roja, a los miembros de la Defensa Civil, la iglesia, a soldados y policías, a tantos voluntarios que dedican tiempo y esfuerzo a ayudar a quienes más lo necesitan.


Gracias, muchas gracias, a tantos colombianos, a tantas empresas, a gobiernos extranjeros, que han ayudado con sus donaciones:


Hemos recibido más de 86 mil millones de pesos en dinero y más de 74 mil millones de pesos en especie, que han sido fundamentales para la atención humanitaria.


Pero no podemos detenernos, no podemos dejar de aportar.


Porque la calamidad persiste ¡y vamos a demostrar que podemos con ella!


El pueblo colombiano es superior a los obstáculos que nos opone el destino, incluso a una tragedia tan grande como lo que hoy vivimos.


Porque, en medio de las dificultades –es bueno resaltarlo–, nuestro país sigue funcionando.


No más en la Semana Santa –a pesar de los problemas en las vías– más de 5 millones de vehículos recorrieron nuestra geografía en busca de destinos turísticos, superando la cifra del año pasado.


También, gracias al esfuerzo del Ministerio de Educación, y las secretarías de Educación departamentales y municipales, la inmensa mayoría de nuestros niños y jóvenes retornan esta semana a sus escuelas y colegios, sin afectar su jornada escolar.


Porque repito: COLOMBIA ES MÁS GRANDE QUE LA ADVERSIDAD POR LA QUE ATRAVESAMOS.


Tengan la seguridad, tengan la TRANQUILIDAD, de que el Gobierno nacional está trabajando 24 horas al día, sin pausa, para que nuestro país supere este trance.


Unidos –solidarios– LOS COLOMBIANOS SALDREMOS ADELANTE.


UNIDOS SALDREMOS FORTALECIDOS.


Buenas noches

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karmapolice

Mar, 04/26/2011 - 04:02
Esto no me suena a nada diferente que a OTRA PUESTA DEL SOMBRERO, excusas para seguir recaudando. Seguramente si a alguien se le ocurriera confrontar todas estas maravillas de ayudas con la realidad no encontraría a un solo damnificado de verdad, que haya sido socorrido. Basta simplemente con escucharle decir que devolverá el cause robado a los rios o nuevamente en su lugar los humedales devastados. Con solo observar el plan de desarrollo, se puede imaginar el grado de verdad que contienen las palabras de este ciudadano, y no nos quede la menor duda de que la tregua que se presentó en la tragedia, no obedece al buen gobierno sino a la pausa que había dado la ola invernal. SIEMPRE CONSIDERANDONOS LOS MÁS ESTUPIDOS DE LOS ESTUPIDOS.
Opinión por:

Humber

Lun, 04/25/2011 - 22:32
Presidente, pidamos a los funcionarios y contratistas ( corruptos ) del estado, encargados de disponer de esos recursos, un pare o cese , no importa que sea temporal, en sus actuaciones ilícitas y que esos recursos, que son benditos, sean invertidos muy pulcramente.
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