Otro caso de justicia por mano propia: mujer atropelló y mató a presunto ladrón en Cali

El hecho reabrió el debate sobre el castigo a delincuentes por parte de los ciudadanos. Experto considera que se trata de las reacciones de una ciudadanía desesperada ante la ineficacia de las medidas que toman las autoridades para garantizar la seguridad.

Archivo

Las calles de Cali presenciaron en la mañana de este lunes otro lamentable hecho como consecuencia de la inseguridad que se vive en la capital del Valle. Indignada por un atraco alrededor de las nueve de la mañana en la calle 5 con carrera 84A, en el que fue despojada de un celular, una mujer persiguió a bordo de un Chevrolet Spark a quienes la habían robado.

Unos cincuenta metros más adelante, los arrolló y en el suelo quedó el cuerpo sin vida de uno de los presuntos ladrones; otro, un menor de edad, quedó con heridas y en su poder se halló el celular que habría sido robado y un arma de fogueo.

Según informó el diario El País, de Cali, la mujer también habría resultado herida, pero que la versión fue desmentida por las autoridades, quienes señalaron que ya estaba colaborando en la investigación del caso.

Como es normal, la noticia generó voces a favor y en contra, no obstante, la reacción de la mujer ante el atraco ha sido justificada por muchos que consideran apenas justo su actuar ante la imposibilidad de las autoridades de llevar tranquilidad a las calles de Cali. Otro caso de justicia por mano propia, como los que se ven a diario en el país.

Para el abogado penalista Iván Cancino, la vida está por encima de la propiedad, “lo que pasa es que la mujer puede tener una justificación de exceso por legítima defensa, luego, la responsabilidad va a ser atenuada y ella, seguramente, no va a responder por un homicidio agravado”.

Cancino considera que estos hechos son el reflejo del desespero de la ciudadanía de un país en el que las medidas que toman las administraciones locales no sirven de mucho, como la prohibición del parrillero. “Si no pueden ir en una moto, atracan en dos”, concluye.

Y casos en los que las víctimas arremeten contra sus victimarios hay muchos. El pasado mes de mayo, en una calle de Bogotá se presentó un polémico episodio en el que una mujer que había sido robada capturó al presunto ladrón, lo obligó a quitarse la ropa y, luego, a correr desnudo por la calle. Aplausos y condenas tuvo la actuación de la mujer, sin embargo, estas situaciones deberían ir más allá de las circunstancias.

El 31 de mayo, el editorial de El Espectador señalaba que la frustración y la rabia no eran motivo para tomar justicia por mano propia y dejar de lado las reglas que se han definido para vivir en sociedad y que, aunque el hurto y el sistema judicial colapsado causan indignación y frustración, “la legalidad nos exige ser mejores que nuestros instintos más básicos. Ese tipo de retaliaciones, que se mezclan con el estigma en contra de las personas que cometen los delitos sin una justa proporcionalidad, es la misma que justifica la aniquilación social (mal llamada “limpieza”) que, como lo mencionamos hace un tiempo, ha cobrado muchísimas víctimas en el silencio de la complacencia de la sociedad, que se siente “vengada” por quienes atacan a los atacantes”.

En contraste, algunos ciudadanos enviaron cartas al diario señalando que este tipo de retaliaciones eran resultado de la ausencia de justicia. “No con un editorial, unos artículos de prensa, un decreto presidencial o una ley que emane del Congreso, se acabará la justicia privada. Se necesita que la administración de justicia pública, llámense jueces y tribunales, realmente atiendan de manera pronta los casos que se les presentan”, señala uno de los lectores en una carta.

El debate es largo y, lo cierto, es que muchos colombianos prefieren castigar a los delincuentes por su cuenta que esperar procesos que, no en muy pocas ocasiones, los dejan de nuevo y en pocas horas en las calles.

Temas relacionados