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Nacional 23 Feb 2013 - 9:00 pm

Violentada hasta la muerte

Pilar Rueda, defensora delegada del Pueblo para las mujeres, cuenta cómo fue la lucha de Angélica Bello, muerta según el primer reporte oficial por “suicidio”.

Por: Elespectador.com
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“Me cuesta creer que la razón de su muerte fuera el suicidio”. / Archivo particular

Cecilia Orozco Tascón.- Por su trabajo como defensora delegada para las mujeres, usted conoce bien a las líderes de las organizaciones de víctimas de violencia sexual y desplazamiento. ¿Cuánto hace que conoció a Angélica Bello de quien se dijo que se suicidó en su vivienda de Codazzi hace ocho días?

Defensora delegada Pilar Rueda Jiménez.- Conocí a Angélica a comienzos de 2009, casi inmediatamente después de que ingresé a la Defensoría del Pueblo como delegada de la niñez, la juventud y las mujeres. Ella formaba parte de las organizaciones de desplazados. Vi cómo se fortaleció su liderazgo a partir del Auto 092 de la Corte Constitucional (protección jurídica reforzada a las mujeres desplazadas). En noviembre de ese año, ella fue violada en circunstancias que indican que se trataba de una retaliación por su activismo. Me pidió apoyo para denunciar el ataque con la intención de que los responsables fueran sancionados. Desde entonces trabajamos en su caso y en muchos otros, y nos propusimos visibilizar el delito de violencia sexual en el marco del conflicto armado y motivar a las víctimas a denunciar. Angélica abrió ese camino.

C.O.T.- ¿Por qué dice que Angélica pudo ser violada como retaliación por su liderazgo frente a los desplazados?

P.R.J.- Porque el ataque se produjo en Bogotá después de que ella se había hecho conocer por sus actividades. Angélica salía de una cita en el Ministerio del Interior hacia las 3 o 4 de la tarde, cuando dos hombres la obligaron a subir a un taxi. La llevaron a un paraje de la Circunvalar, la golpearon, abusaron de ella y le dijeron que eso le ocurría para que aprendiera a mantener “la boca cerrada”.

C.O.T.-  ¿Los responsables del ataque a Angélica fueron descubiertos y castigados?

P.R.J.- No, nunca. El proceso por la denuncia que ella puso no ha avanzado. 

C.O.T.- ¿Cómo describiría usted el carácter de Angélica y su ánimo frente a las adversidades?

P.R.J.- Era una persona valiente, fuerte y alegre. Como todas las mujeres desplazadas, vivía en una incertidumbre constante no sólo porque tenía que conseguir lo necesario para su manutención y la de su familia, sino porque, con mucha frecuencia, recibía amenazas contra su vida que se incrementaron cuando hizo público el ataque del que fue víctima. Sin embargo, siempre estuvo dispuesta a enfrentar los riesgos que su liderazgo le generaba, incluso el de la estigmatización y las burlas que sufrió por abordar el tema de violencia sexual. Había decidido continuar, pese a todo, porque sabía que su causa era justa.

C.O.T.- ¿Cree en la versión del suicidio que se ha dado, en principio, como posible causa de su muerte? 

P.R.J.- Cuando uno conoce a una persona con quien tiene una relación cotidiana, como la que le he descrito, la siente bien. En mi opinión, ella estaba en su mejor momento por el reconocimiento que había alcanzado su liderazgo social y político, y porque tenía interlocución con altos funcionarios del Estado colombiano y de organismos de cooperación internacional. Me cuesta creer que la razón de su muerte fuera el suicidio. Por todo lo anterior, el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, pidió que se investiguen con seriedad y prontitud las circunstancias reales en que sucedió su fallecimiento.

C.O.T.- Pero, entonces, ¿descarta el suicidio como causa real de la muerte de Angélica?

P.R.J.- Digamos que no se puede llegar todavía a una conclusión definitiva. Ella tenía plena conciencia de los impactos emocionales que dejaban los diferentes hechos de violencia, y de allí nació la necesidad de crear un programa de atención psicosocial para atender a las víctimas de ataques sexuales con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En un encuentro reciente, Angélica le propuso al presidente Santos que apoyara este modelo. Tal conciencia era la demostración del manejo que ella le daba a su propia situación. La importancia de la investigación sobre su muerte es enorme por todos estos motivos y circunstancias. 

C.O.T.- ¿Con cuáles funcionarios nacionales e internacionales conversó Angélica sobre estos temas?

P.R.J.- Con varios, entre otros, con la directora de la Unidad para la Reparación Integral a Víctimas, de la Presidencia, Paula Gaviria; con Alma Viviana Pérez, directora del Programa Presidencial de los Derechos Humanos, con funcionarios del Ministerio del Interior, e internacionalmente con Human Rights Watch, con el Sistema de Naciones Unidas, entre otros. 

C.O.T.- ¿Cuándo y para qué se encontró Angélica con el jefe de Estado?

P.R.J.- Ella estuvo el pasado 9 de enero en el Comité Ejecutivo para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas en la Casa de Nariño. En la reunión estuvo el mandatario, algunos de los ministros y funcionarios que tienen que ver con el tema. Y asistió Angélica junto con otra líder del pueblo wayuu. Angélica se presentó como sobreviviente del delito de violencia sexual y solicitó la implementación de programas de atención psicosocial para las víctimas de estos crímenes. 

C.O.T.- La historia de persecución a Angélica es larga. ¿Cómo fue?

P.R.J.- Ella fue militante de la UP y sobreviviente de aquella época. Dos de sus hijas fueron secuestradas y abusadas por miembros del grupo de Martín Llanos cuando vivía en Casanare y ellas eran muy jóvenes. Por sus propios medios logró llegar hasta él para pedirle que le entregará a sus hijas. Él se las devolvió a condición de que abandonara la región. Luego, en su calidad de desplazada, se instaló en Villavicencio donde inició su activismo a favor de la población que también había sufrido desplazamiento. Allí fue víctima de un atentado que le dejó una discapacidad permanente al caminar. Este ataque la obligó a trasladarse a Bogotá. Fue cuando se presentó el ataque sexual contra ella. Desde entonces asumió la causa de estas víctimas. 

C.O.T.- ¿Es cierto que Angélica fue desplazada de varias regiones?

P.R.J.- La persecución que ella sufrió es impresionante, además del atentado de 2001 y de los abusos contra ella y sus niñas, Angélica fue desplazada de cuatro sitios en 2000, 2001, 2009 y 2010. Otra de sus hijas fue golpeada en dos oportunidades: en 2011 y 2012 para “enviarle mensajes”. Este caso evidencia el nivel de los ataques de que son víctimas las mujeres defensoras de sus derechos.

C.O.T.- ¿Cuánto ha impactado su desaparición a las compañeras de activismo de Angélica?

P.R.J.- Todas, pero especialmente quienes han sido atacadas sexualmente están muy afectadas con la muerte de su compañera y con la versión sobre su posible suicidio. 

C.O.T.- ¿Por qué ella continuó con su activismo? Ha podido abandonar esa tarea y vivir más tranquila.

P.R.J.- Ella estaba totalmente convencida de que se podían generar cambios en este país y no se imaginaba su vida sin su trabajo social. 

C.O.T.- Angélica tenía un esquema de protección asignado por el Gobierno. ¿Usted considera que era suficiente y, ante todo, eficiente?

P.R.J.- Tenía un esquema que en términos de lo que se ofrece institucionalmente era adecuado para el nivel de riesgo extraordinario que ella tenía, según fue valorada su situación. Se le había entregado un vehículo y le habían asignado dos escoltas. Sin embargo, quiero enfatizar que en la Defensoría hemos dicho en reiteradas oportunidades que estos sistemas de protección no son adecuados para las mujeres porque reproducen y fortalecen los modelos tradicionales de relación entre hombres y mujeres.

C.O.T.- ¿A qué se refiere?

P.R.J.- A que es un modelo en que quienes asumen la profesión de darles protección a otros (escoltas) tienen un esquema cultural tradicional respecto del lugar que ocupan ellos y del que deberían ocupar las mujeres, además de que desconoce las diferencias sociales. Se lo explico de otra manera: en el imaginario colectivo ha llegado a creerse que quienes tienen protección son personajes importantes de determinados orígenes sociales. Piense en que dos hombres que ganan más de dos salarios mensuales, deben proteger a una mujer que no tiene ingresos fijos, que es líder de un grupo pero que, simultáneamente, parece no serlo por sus condiciones de vida.

C.O.T.- Hace un año El Espectador, en este mismo espacio, la entrevistó a ella y a otras dos líderes de mujeres abusadas y ellas dieron a conocer unos panfletos enviados presuntamente por las bandas criminales en los que las amenazan y a un grupo de organizaciones y personas. Al menos como hipótesis, ¿se podría decir que la muerte de Angélica tiene relación con esas amenazas o con el acoso que ella padecía?

P.R.J.- No lo sé, pero sí puedo decir que la semana anterior a su muerte dos hombres fueron hasta su casa en moto, la amenazaron y le ordenaron abandonar Codazzi. Enterada de estos hechos, la Defensoría les solicitó al ministro del Interior Fernando Carrillo y al director de la Unidad de Protección implementar mecanismos adicionales para proteger a Angélica. Ella estuvo en contacto con nosotros mientras preparaba su salida de esa población. Supimos que estaba empacando para trasladarse a Barranquilla. Yo hablé con ella en horas de la mañana y no la sentí agobiada. 

C.O.T.- ¿Los gobiernos, pero en particular este, se interesan por proteger a las mujeres víctimas de la guerra y de los depredadores sexuales?

P.R.J.- En términos generales, las violaciones a los derechos de las mujeres son subvaloradas. Sin embargo, hay que decir que este gobierno ha avanzado en reconocer esta situación abriendo espacios de concertación y está diseñando unas políticas en ese campo. También se debe resaltar que las instituciones oficiales representadas por Paula Gaviria y Alma Viviana Pérez actuaron rápida y coordinadamente cuando se conoció la noticia de la muerte de Angélica, que han apoyado a su familia y que ayudaron a trasladar su cuerpo a Bogotá, donde fue sepultado.

‘Empezaremos a exterminar sin piedad’

En junio de 2011, panfletos en cuya parte superior se veía un círculo con un hombre en camuflado apuntando un rifle de asalto y rodeado por la frase “Los Rastrojos. Comandos urbanos”, fueron dejados por debajo de las puertas en unos barrios populares de Bogotá. En ellos se leía que “debido a la reiterada desobediencia por parte de las organizaciones descritas en (nuestro) comunicado donde se les advierte suspender de inmediato la campaña de lavado de cerebro (que) corrompe mentes con su ideología... reiteramos que no nos hacemos responsables por lo que les pueda pasar a los líderes de estas organizaciones ya que empezaremos a exterminar a cada uno de ellos sin piedad”. El anónimo añadía que “todo aquel que se interponga, será declarado objetivo militar por más protegido que se encuentre”. Y a una lista de reconocidas ONG agregaron lo que denominaron “las porquerías subversivas que le hacen daño a nuestra lucha”. Entre ellas incluyeron el nombre de Angélica Bello, defensora de mujeres víctimas de delincuentes de guerra que las violaban. Bello fue hallada muerta en Codazzi (Cesar), aparentemente porque se suicidó ayer hace ocho días, cuando empacaba para salir huyendo por enésima vez pues hasta allá habían llegado las amenazas

Naciones Unidas pide a Colombia “reflexionar”

En cuanto se conoció la trágica noticia de la muerte de la líder de mujeres desplazadas y víctimas de violencia sexual en zonas de conflicto armado, Angélica Bello, el Sistema de Naciones Unidas instó a Colombia a adelantar una “reflexión” sobre lo que está sucediendo a la población civil como consecuencia de la guerra: “Las difíciles circunstancias en que falleció (Angélica) deben convocar a una reflexión nacional sobre los efectos del conflicto armado en la vida cotidiana de las mujeres y, en ese sentido, reconocer como principal desafío, garantizar una vida digna para las víctimas”. En el comunicado, Naciones Unidas expresó también su “sentimiento de solidaridad y apoyo a sus familiares y a sus personas más cercanas” y “manifestó su tristeza” por el lamentable acontecimiento, lo que da cuenta de la importancia que había alcanzado la defensora de mujeres en el ámbito internacional de los organismos de derechos humanos. La historia de esta luchadora cuyo fin, pese a todas las amenazas, llegó abruptamente en el mejor momento de su activismo social, alcanzó notoriedad externa cuando su caso fue documentado por la anterior representante especial del secretario general de Naciones Unidas para la Violencia Sexual, Margoth Wallström,

 

 

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