Economía |15 Sep 2008 - 8:15 pm

Desarrollo autofinanciado

Por: José Antonio Ocampo

UNA CARACTERÍSTICA NOTABLE del sistema financiero internacional en la última década ha sido la rápida e importante acumulación de reservas extranjeras por parte de los países en desarrollo. Las reservas extranjeras mundiales se triplicaron de 2,1 billones de dólares en diciembre de 2001 a un nivel sin precedentes de 6,5 billones de dólares a principios de 2008, según datos del FMI.

Los países en desarrollo en su conjunto representaron más del 80% de la acumulación global de reservas en este período, y su nivel actual de reservas se aproxima a los 5 billones de dólares. La mitad de este volumen se concentra en los países en desarrollo de Asia, pero América Latina y África también han estado acumulando activos internacionales a un ritmo notable. Este conjunto de reservas rebasa las necesidades inmediatas de liquidez de los países en desarrollo, lo que ha conducido a una creciente creación y expansión de fondos de riqueza soberana, que tienen un nivel adicional de activos de más de 3 billones de dólares.

El aumento sin precedentes de las reservas extranjeras de los países en desarrollo se debe tanto a sus superávit de cuenta corriente como a los grandes flujos netos de capital. Prácticamente todas las reservas de los países en desarrollo se invierten en activos de los países desarrollados, lo que ha generado un aumento neto en las transferencias de recursos del mundo en desarrollo al mundo desarrollado que, según los cálculos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, llegaron a 720 mil millones de dólares nada más en 2007.

Aunque el crecimiento económico y la reducción de la pobreza en muchos países en desarrollo han sido impresionantes en años recientes, se necesita un aumento significativo de las inversiones en esferas como la infraestructura para mantener ese crecimiento en el futuro. Proponemos que una porción muy pequeña de las reservas extranjeras totales de los países en desarrollo digamos, el 1%  se canalice a la expansión de los bancos de desarrollo regionales existentes o a la creación de bancos nuevos que inviertan en infraestructura y otros sectores esenciales.

En efecto, se reconoce que la inversión en infraestructura es un elemento clave para mantener y acelerar el crecimiento. Sin embargo, hay una gran disparidad en el financiamiento. Según el Banco Mundial, los países en desarrollo gastan un promedio del 3 al 4% del PIB en infraestructura al año, en comparación con aproximadamente el 7% del PIB que se requiere para satisfacer las necesidades actuales de infraestructura a fin de mantener un crecimiento rápido. Esto se traduce en una brecha anual de al menos 300 mil millones de dólares a precios corrientes.

Las altas expectativas de financiamiento del sector privado para infraestructura en gran medida no se han cumplido. La inversión privada sigue siendo limitada y concentrada tanto por países como por sectores. Los gobiernos nacionales siguen proporcionando la mayor parte del financiamiento. La asistencia oficial al desarrollo y los préstamos de los bancos multilaterales, aunque son valiosos, siguen siendo insuficientes. En particular, hay grandes disparidades en el suministro de inversiones regionales y transfronterizas cruciales, por ejemplo en energía y carreteras.

Las instituciones financieras multilaterales deben conservar su función central en la arquitectura internacional del desarrollo y en particular en el financiamiento de la inversión para el desarrollo. Pero las instituciones financieras regionales y subregionales de los países en desarrollo pueden y deben desempeñar un papel complementario importante y valioso. Estas instituciones dan una mayor voz y un mayor sentido de propiedad a los países en desarrollo, tienen una mayor probabilidad de recurrir a la persuasión moral que a la condicionalidad y tienden a beneficiarse de asimetrías menores de la información.

Además, los bancos de desarrollo regionales y subregionales son idóneos para proporcionar bienes públicos regionales. La creciente importancia de la integración comercial y los flujos comerciales regionales hace que el suministro de infraestructura regional sea urgente. La experiencia europea ofrece lecciones valiosas al respecto. En un principio, la integración comercial se apoyó en enormes inversiones en infraestructura regional, financiadas en gran medida por una institución grande creada específicamente para ello, el Banco Europeo de Inversiones.

Si los países en desarrollo dedicaran únicamente el 1% de sus reservas extranjeras al capital desembolsado de las instituciones regionales y subregionales, ello representaría 20 mil millones de dólares, tomando en cuenta los niveles actuales de las reservas. Suponiendo que la relación préstamos a capital fuera de 2,4 un cálculo basado en la relación de la Corporación Andina de Fomento, que ha tenido éxito y es financieramente sólida, los bancos de desarrollo regionales o subregionales ampliados o los nuevos podrían generar préstamos adicionales de aproximadamente 120 mil millones de dólares.

Con el tiempo, podrían apalancar las utilidades no distribuidas y aumentar así su potencial para dar créditos sin capital desembolsado adicional. Esto implicaría la capacidad de financiar una proporción importante de las necesidades insatisfechas de financiamiento para la infraestructura.

Sobre la base de estos cálculos iniciales, la capacidad adicional para otorgar préstamos que se generaría sería significativamente mayor que los desembolsos totales que realizan actualmente los bancos multilaterales de desarrollo existentes. Obviamente, se necesitan cálculos y análisis más detallados, al igual que discusiones con gobiernos, instituciones existentes, agencias calificadoras y otras partes interesadas.

Mediante la expansión o la creación de nuevas instituciones financieras regionales y subregionales, los países en desarrollo podrían sentar las bases para tener su propia capacidad de otorgar préstamos actualmente y en el futuro, lo que con el tiempo les permitiría cumplir sus metas de desarrollo. Dadas sus grandes reservas extranjeras, creemos que éste es el momento de comenzar esa iniciativa.

* Copresidente de Initiative for Policy Dialogue (IPD). Este artículo fue escrito con Stephany Griffith-Jones, directora ejecutiva de IPD, y Pietro Calice, asesor de política de Christian Aid.

© Project Syndicate 1995–2008

 

 

  • José Antonio Ocampo | Elespectador.com

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