Acuerdo cocinado a fuego lento

De cómo el Gobierno Santos y el Eln, tras cuatro años de conversaciones, llegaron a un acuerdo para emprender una fase exploratoria de negociaciones de paz. Víctimas y participación de la sociedad, primeros puntos de la agenda.

Cuando concluya el agitado debate electoral y se determine el rumbo inmediato de los diálogos de paz con las Farc en La Habana, el siguiente desafío para el Estado tiene nombre propio: el Ejercito de Liberación Nacional (Eln). El anuncio del pasado martes 10 de junio admite que el gobierno Santos y el Eln tienen intereses comunes en una mesa de negociación, pero también recalca que se trata de una fase exploratoria para diseñar el proceso. Por eso requiere atención inmediata para que se concrete un escenario específico de diálogo.

A pesar de que el anuncio fue interpretado en algunos sectores como oportuno para tiempos electorales, lo cierto es que la posibilidad de diálogos entre el Estado y el Eln es un tema que se trabaja casi desde el mismo momento en que el gobierno Santos decidió hacerlo con las Farc en 2011. Es más, el Eln, a través de su comandante Nicolás Rodríguez, alias Gabino, en noviembre de 2010 se le adelantó al presidente Santos y le propuso que, después de “ocho años de hecatombe uribista”, liderara un “acuerdo nacional de paz”.

Cuando empezaron los contactos entre el Gobierno y las Farc, esta organización alcanzó a plantearle al Eln una mesa conjunta, pero la idea no cuajó porque el Eln planteó de entrada una agenda amplia y participación de la sociedad civil en el proceso. Sin embargo, el entonces jefe de las Farc, Alfonso Cano, le pidió a Timochenko que arreglara las peleas entre las dos organizaciones, de cara a un proyecto de unidad política en un escenario de diálogos. Esta última iniciativa sí tuvo éxito en Arauca y Magdalena Medio, aunque se tomó su tiempo.

Ya en 2012, mientras las Farc adelantaban con el Gobierno la fase secreta de los diálogos en La Habana, en la cárcel de Bellavista, en Medellín, a instancias del jefe guerrillero del Eln, Juan Carlos Cuéllar, empezó a tomar forma una posibilidad de conversaciones con el Ejecutivo. El interlocutor del Estado fue el entonces ministro de Ambiente, Frank Pearl. Sin embargo, la logística de estos encuentros se hizo muy difícil, lo cual distanció la opción de entrar en una fase exploratoria. Sólo hasta 2013 se retomaron los acercamientos entre las partes.

Paradójicamente el punto de partida de una nueva etapa de diálogos fue una acción de la sociedad civil para lograr la liberación de un grupo de secuestrados. A principios de 2013, la Comisión Facilitadora para los Diálogos de Paz entre el Eln y el Gobierno, encabezada por Jaime Bernal, Horacio Serpa, Antonio Navarro y Alejo Vargas, le pidió a esta organización dejar en libertad al petrolero canadiense Jernoc Wober, los alemanes Breur Uwe Breuver Gunther, los peruanos José Mamani y Javier Ochoa, y los colombianos William Batista y Manuel Zabaleta.

El presidente Santos autorizó a la comisión facilitadora civil para que mediara en la acción humanitaria, y una vez se concretó, el 27 de agosto de 2013, la última entrega, quedaron sentadas las bases para avanzar hacia una fase exploratoria. En ese mismo momento el máximo comandante envió dos comunicaciones. Una al presidente Santos para responderle a sus condiciones para entablar la mesa de negociación, y otra a Piedad Córdoba explicando sus razones para aceptar los diálogos, y al mismo tiempo sus exigencias mínimas.

En particular, en la misiva dirigida a Colombianas y Colombianos por la Paz, Nicolás Rodríguez Bautista resaltó que el Eln no es partidario de soluciones unilaterales, porque cuando se ha recurrido a ellas los gobiernos han actuado de manera insensata o displicente. Además, insistió en que poner condiciones para iniciar diálogos era poner de entrada obstáculos a la negociación, generando distancias y desconfianzas en el camino hacia la paz. En contraste, el Eln manifestó su disposición a respetar el Derecho Internacional Humanitario.

El punto crítico de la postura asumida por la organización guerrillera, al reivindicar los términos de su congreso de 2006, fue advertir que si bien respaldaba los principios de verdad, justicia y reparación para las víctimas del conflicto, también tenía claro que en ese contexto específico el Estado no podía pretender actuar como juez y parte. Es más, el Eln recalcó en dicha comunicación que el Estado era el mayor responsable en este fenómeno y debía responder por ello. Finalmente, instó a la creación de un amplio movimiento por la paz.

En ese momento, desde la cárcel de Bellavista, la acción de Juan Carlos Cuéllar se hizo más insistente y, desde el Estado, Frank Pearl y el general (r) Eduardo Herrera tomaron nota atenta de pequeños pero significativos avances. Entonces empezaron a circular versiones sobre la posibilidad de establecer una mesa de diálogos en Uruguay, en Ecuador, en Brasil o en la misma Cuba. Cuando se tuvo una mínima confianza, reapareció el jefe guerrillero Antonio García, quien con el apoyo de cuatro mandos regionales encaró el tema.

Pasa un tiempo sin mayores avances, pero ante la premura electoral, comienza a ser importante que el Eln se sume a los esfuerzos de paz de las Farc. Desde La Habana, en más de una ocasión, los delegados de las Farc insistieron en la necesidad de que el Eln iniciara conversaciones de paz. Ya en 2014 el asunto se volvió prioritario y el 22 de febrero, 42 personalidades le enviaron una nueva carta al Comando Central del Eln haciéndole ver la urgencia nacional de apostar a la paz, sobre la base de que este es un momento difícil de repetir.

“Nada contribuiría más a incrementar la confianza en la genuina voluntad de paz expresada por ustedes, que un proceso de posconflicto antecedido por una rendición de cuentas de todas las partes involucradas frente a las víctimas, en términos de verdad, justicia y reparación”, expresó la misiva firmada entre otros por William Ospina, María Elvira Samper, Gonzalo Sánchez, Rodrigo Umprimny, Marco Palacio, Daniel Pecaut, Daniel Samper Pizano, Medófilo Medina, Alfredo Molano Bravo, Patricia Ariza y Alejo Vargas.

Ante la presión de la sociedad y el concurso de delegados de varios países, se recobraron los acercamientos. Primero en Ecuador, y luego en Brasil, donde finalmente se concretó el camino. El pasado 7 de junio, en carta dirigida a Clamor Social por la Paz, así quedó enunciado: “Coincidimos con ustedes que llegó la hora de tomar decisiones audaces que nos permitan ponerle fin a la barbarie, el crimen y las injusticias que ha padecido y sigue padeciendo nuestro pueblo y restar excusas a los que quieren seguir perpetuando la guerra”.

El pasado martes, después de cuatro años de esfuerzos exploratorios, por fin el Eln y el Gobierno anunciaron su disposición a entablar una mesa de diálogos. Con el apoyo de Brasil, Cuba, Chile, Ecuador, Noruega y Venezuela, y el respaldo de varios sectores sociales interesados en que la negociación llegue a buen puerto. Por ahora, más allá de los tiempos electorales, cuenta con un punto de partida crucial para estos tiempos: la tácita aceptación del Eln de que la agenda arranca con la discusión sobre los derechos de las víctimas de la guerra.

 

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@AlfredoMolanoJI