Ecos de cambios electorales

La convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para reformar el sistema electoral y darle juego a los movimientos alternativos a los del Gobierno, fue la propuesta generalizada.

Organizaciones campesinas, sindicales, de estudiantes, de mujeres e indígenas reconocen ser un soporte social clave en el proceso de paz. / El Espectador
Organizaciones campesinas, sindicales, de estudiantes, de mujeres e indígenas reconocen ser un soporte social clave en el proceso de paz. / El Espectador

Las propuestas que surgieron del foro político que organizó la Universidad Nacional y Naciones Unidas, por petición de los negociadores del Gobierno y las Farc que adelantan conversaciones en La Habana, no abarcaron sólo las fórmulas para que eventuales desmovilizados de la guerrilla participen en política. En cambio, se trató sobre todo de un espacio en el que los movimientos sociales y populares de izquierda propusieron un cambio de reglas de juego para participar en el espectro político, al que hoy, dicen, sólo tienen acceso los partidos con fuertes maquinarias presupuestales.

Cambios sustanciales en el sistema electoral, circunscripciones especiales para minorías políticas, reelección popular de alcaldes y gobernadores, congelar el umbral electoral en el 2 por ciento, financiación estatal de los partidos políticos, fortalecimiento de la independencia de los órganos de control y democratización de los medios de comunicación, fueron esencialmente las propuestas que se repitieron en todas las mesas de trabajo en las que participaron 1.200 personas.

Uno de los participantes de estas mesas fue Carlos Arturo Velandia, conocido como ‘Felipe Torres’, quien fue portavoz del Ejército de Liberación Nacional (Eln) y formaba parte del Comando Central de esa guerrilla en el pasado. Velandia dio a conocer un nuevo movimiento político de izquierda, llamado ‘Unidad, Paz y Democracia’ (UPD), integrado por sectores sociales, sindicales y estudiantiles que no se sienten representados por ningún partido político tradicional, ni por las izquierdas, y que pretende disputar espacios de poder democrático.

En ese sentido, las propuestas de UPD van dirigidas a abrir espacios de participación reales para los nuevos movimientos, a través de la creación de circunscripciones especiales electorales, que no estén atadas a las personerías jurídicas de los partidos. También proponen que los guerrilleros que eventualmente se desmovilicen cuenten con una política de favorabilidad que permita su permanencia dentro de los movimientos políticos. Justifican, además, la creación de un estatuto de partidos inclusivo y garante para los movimientos de izquierda, sobre todo para los minoritarios, porque en las actuales condiciones no pueden competir con las maquinarias estructuradas de los grandes partidos.

Según Velandia, esto implica una reforma profunda del Estado a partir de una Asamblea Nacional Constituyente. Aunque es claro en decir que lo que se necesita a la mayor brevedad es un pacto político nacional en la que participen la totalidad de los partidos y fuerzas políticas existentes en el país, que incluya, naturalmente, a quienes hoy ser oponen al proceso de paz, como el Centro Democrático, que lidera el expresidente Álvaro Uribe. La idea es que entre todos se construya un consenso sobre cuáles serían los contenidos de una Asamblea Nacional Constituyente.

Por su parte, Feliciano Valencia, vocero y líder del movimiento Político País Común, propuso la creación de una circunscripción para la paz donde participen los desmovilizados y las organizaciones civiles y populares. Además cree que debe haber un tratamiento especial en cuanto a los umbrales para los movimientos sociales, “porque el umbral que existe no nos permite a nosotros participar, porque 500 mil votos no los pueden sacar un partido en crecimiento. Por eso creemos que debe haber un tope del umbral de carácter social y popular”.

Valencia también cree que es necesaria una reestructuración fuerte al interior de las Fuerzas Militares. Se trata, dice Valencia, de una reinstitucionalización para la paz, porque la actual, dice este líder indígena, se preparó para la guerra. A la vez, Valencia manifestó que, en cuanto a la democratización de los espacios de comunicación, a los movimientos y procesos sociales y populares que incursionen en debates electorales les deben dar horarios de audiencia, “no cinco minutos a media noche”.

El Partido Comunista, también presente en las mesas temáticas, propuso la reorganización institucional del país. “Si el tema de las libertades civiles y políticas, la no repetición de casos como la Unión Patriótica, la depuración de las Fuerzas Militares, no se resuelven todo el entramado institucional se puede quedar corto, son necesarios cambios profundos al régimen político”, dijo Gabriel Becerra, secretario distrital del Partido Comunista, que además insiste en la materialización de un estatuto de oposición que garantice la democratización de los medios de comunicación. También están de acuerdo con el delegado del Gobierno para las conversaciones con las Farc, Humberto de La Calle, en que es necesario modificar la ley de mecanismos de participación, haciéndola más asequible, bajando el número de firmas para que la gente pueda promover referendos o plebiscitos.

Al cierre del foro era clara la ausencia de figuras políticas de los partidos tradicionales, que el primer día hicieron presencia. También era claro que las organizaciones campesinas, sindicales, de estudiantes, de mujeres e indígenas que viajaron de todo el país estaban de acuerdo con ser un soporte social fuerte al proceso de paz que se lleva en La Habana, pero porque ven este escenario como una gran oportunidad para promover cambios más profundos que les permita participar en las decisiones políticas. Por eso no están de acuerdo con que el eventual acuerdo en Cuba termine solo con dos o tres curules para desmovilizados de las Farc.

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