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Paz 13 Mayo 2013 - 9:00 pm

Entrevista a Fernando Carrillo

‘Al proceso de paz le falta pueblo’

El ministro del Interior reconoce que la posibilidad de revisión de la actual política de extradición depende de lo que se acuerde en La Habana. También dice que no hay plan B si el marco jurídico para la paz se hunde en la Corte Constitucional.

Por: Elespectador.com
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El ministro del Interior, Fernando Carrillo. / Gustavo Torrijos

A un día de iniciarse una ronda más, la novena, de los diálogos de paz entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana, el ministro del Interior, Fernando Carrillo, reconoce que el Gobierno ha fallado en la comunicación de sus logros y por eso la nueva estrategia apunta a llevar el Estado a las zonas de conflicto para comenzar a consolidar un verdadero clima de reconciliación, independientemente de lo que suceda en Cuba. Al mismo tiempo, dice que no hay por ahora un plan B en caso de que se caiga en la Corte Constitucional el Marco Legal para la Paz.

A sólo seis semanas para finalizar la legislatura, ¿si alcanza para sacar la reforma a la salud y el fuero militar?
Hay que respetar los tiempos del Congreso, pero les puedo anticipar desde ya que el balance el 20 de julio va a ser la aprobación de 12 ó 14 leyes, entre ellas el Estatuto del Fuero Penal Militar y la ley estatutaria de la salud. Ahora, este gobierno quiere calidad en las leyes y no cantidad, y la espina dorsal de la normatividad de la administración Santos ya fue tramitada. Lo que viene es cumplir con lo que dicen esas leyes y seguir adelante con el cumplimiento de la agenda.

De todas maneras queda la sensación de que van a terminar ‘pupitriando’ muchas cosas…
Me parece que hemos sido responsables con el número de leyes que hemos presentado. Por ejemplo, uno no puede decir que la estatutaria de la salud no se ha discutido cuando los médicos llevan dos años hablando del tema y socializándolo en todos los escenarios posibles. Y en lo del fuero militar, la demora fue en el nombramiento de los ponentes, pero va a tener toda la prioridad.

¿Las reuniones con congresistas mediáticos para qué son: agenda, imagen o reelección?
Para dos objetivos fundamentales: por una parte la articulación de los representantes de las bancadas y de los partidos de la Unidad Nacional frente a los compromisos en el legislativo. Es más, vamos a convocar una Mesa de Unidad Nacional en la tercera semana de mayo para entrar a la recta final de la legislatura, cuando se vayan a votar en las plenarias los proyectos estratégicos. Y también buscamos acercarnos a las regiones, lo que supone un contacto más cercano con los parlamentarios, casi que a nivel personal. Reconocemos que hemos fallado en eso, en la forma de comunicar los logros. La idea es que los parlamentarios, además de los ministros, se conviertan en voceros del Gobierno en las regiones.

Siendo malpensados, eso suena como a preparar el camino para la reelección…
No, acá la prioridad es cumplir con las políticas del Gobierno. Pero además, en el Ministerio del Interior es necesario tratar de abonar el terreno para la construcción de una paz estable y duradera, independiente de que el proceso de paz tenga o no tenga éxito. Nosotros tenemos un compromiso con la reconciliación, con la presencia del Estado en las zonas de conflicto. Vamos a crear una red de alcaldías de las zonas de conflicto, con el ánimo de hablar de paz y de convivencia. Hace falta meterle mucho pueblo al proceso de paz y eso se logra con los dirigentes regionales. El conflicto está en las regiones y la paz está en las regiones. No se puede ‘bogotanizar’ la paz, esa sería la formula segura para el fracaso.

Es decir, crear escenarios de paz sin que dependa de lo que suceda en La Habana…
Una cosa es la primera fase, que es terminar el conflicto, pero lo más difícil viene después con la construcción de una paz estable y duradera. Ojalá se logre en La Habana, pero si no es así, estamos construyendo un país con base en el perdón y la reconciliación. La guerra es el fracaso de la política.

¿Qué tanto le preocupa al gobierno la baja favorabilidad en las encuestas?
Esa es la toma de temperatura de la opinión pública en un momento. Falta mucho tiempo para que termine el gobierno Santos, las políticas están sobre la mesa y son evidentes los éxitos, por ejemplo, en materia social, donde se ha sacado a mucha gente de la pobreza

¿El Gobierno tiene un plan B si la Corte Constitucional tumba el Marco Legal para la Paz?
No hay plan B. estamos esperando a ver que dice la Corte. El Marco para la Paz fue un paso adelante que se dio y tenemos la convicción de que es una herramienta fundamental para el futuro del proceso de paz. Trabajar sobre hipótesis es complicado y preferimos esperar a ver qué pasa.

¿Cómo asumir la declaración de Humberto de la Calle de que a los diálogos de La Habana les falta ritmo?
Ese fue un mensaje a la guerrilla. El ritmo se da por los resultados, no porque haya conversaciones. Esto no es el diálogo por el diálogo, los resultados llevan a la solidificación de los acuerdos y el problema es que hasta el momento se han visto resultados muy modestos. El pueblo colombiano está exigiendo resultados, que son los que nos permitirán ir ganando en confianza.

Entonces es culpa de la guerrilla que no haya avances…
Yo no soy parte de la mesa de La Habana, pero si el doctor De la Calle dice que no hay ritmo, es porque tiene argumentos.

Precisamente una de las dudas está en la participación política de la guerrilla. Hay quienes dicen que ya no hay tiempo para 2014…
Todo depende de lo que pase en La Habana porque no podemos ponernos a tramitar normas que no estén acordes con lo que se acuerde en Cuba. ¿Qué sentido tiene inventarnos una herramienta que no va a cumplir con las expectativas o los compromisos que se adquieran con la negociación? No podemos abrir una Caja de Pandora sin que haya algo claro. Estamos a nueve semanas del 20 de julio y lo ideal sería que se pueda lograr un acuerdo antes de esa fecha. Vamos a ver si los ritmos de La Habana nos lo permiten. Pero también hay un segundo tiempo, que es lo que yo denomino como la ‘octava papeleta’, que va a ser la refrendación de los acuerdos de paz por parte de la ciudadanía. Esa va a ser la prueba de fuego para dejar atrás 50 años de guerra.

¿No será que con decretos de conmoción interior se podría garantizarles esa participación?
No sé, no voy a especular con eso.

¿Refrendación cómo? Llama la atención que usted, siendo uno de los promotores de la Constituyente del 91, ahora no esté de acuerdo con esa fórmula…
Se tiene la falsa idea de que la Constituyente del 91 fue un elemento esencial del proceso de paz con el M-19, cuando el proceso arrancó a raíz de los magnicidios que se dieron en esa época, en mi caso particular, con el asesinato de Luis Carlos Galán. En 1991, cuando el gobierno de César Gaviria convoca a una Asamblea Constitucional, fue la Corte Suprema, a través de una sentencia, la que dijo que no había límites.

Qué es lo que hoy les da temor, que no tenga límites…
Hay temor de que una constituyente se convierta en un factor de retroceso, en términos de derechos, de espacios políticos, de reformas sociales. Es claro que es abrirle un proceso electoral a todos los sectores políticos. Yo pregunto: ¿cuáles serían los resultados electorales que tendría la guerrilla en ese proceso? Creo que ni siquiera les convendría.

Pero hasta ahora parece un inamovible de las Farc…
Vamos a ver, porque yo sigo creyendo que ese no es el camino. En La Habana no se está negociando ni la forma del Estado ni la relación del Estado frente al mercado. Pero si la guerrilla quiere hacer reformas de fondo, que vaya a las elecciones y las ganen. Y no estoy muy seguro que ganen para una constituyente.

¿No es un contrasentido que en un eventual acuerdo, los desmovilizados de las Farc no encuentren espacios dónde participar en política?
Ahí estamos frente a un problema adicional, porque hay una sentencia de la Corte Constitucional que tumbó un acto legislativo, según el cual los congresistas no pueden participar en normas que impliquen algún tipo de leyes que podrían afectarlos. Cuando presentamos el Código Electoral, el año pasado, que hoy está en stand by, dispusimos que su vigencia fuera para 2015, porque no tiene presentación que uno diseñe las reglas del juego para su beneficio. Ese es el cuello de botella que tenemos y vamos a elevarle una consulta al Consejo de Estado porque el problema es que pueden llegar a carecer de oxígeno político más adelante.

El tema del narcotráfico se va a tocar en La Habana y la extradición sigue siendo unba amenaza para las Farc, ¿hay algún tipo de intervención judicial de compromiso de Estados Unidos para que esto no ocurra?
No podemos anticiparnos a lo que puede pasar con los acuerdos. Aquí hay una política de extradición que está vigente y que se revisará dependiendo de lo que se acuerde en La Habana.

¿Usted cree, como dicen algunos, que se está gestando una alianza entre Álvaro Uribe y Andrés Pastrana contra los diálogos de paz?
Yo lo que creo es que el factor que va a realinear las fuerzas políticas del país va a ser la paz, y en el caso particular de quienes están en la oposición, mi misión como ministro del Interior es garantizar que cuenten con todos los derechos. Lo que nos estamos jugando es si va a haber 10 o 50 años más de guerra o si somos capaces de construir los espacios para que termine el conflicto y para que le podamos dar sostenibilidad a la paz.

Pero sin duda las críticas al proceso desde esas tribunas han hecho mella en la opinión pública…
Lo triste es que tratan de minar la confianza de los colombianos en el proceso de paz con historias fantásticas de supuestos acuerdos para garantizar impunidad. Eso es totalmente falso y esas voces se mueven alrededor de falacias. Por eso estamos tratando de ir solidificando una aprobación cada vez mayor del proceso de paz.

¿Para el Gobierno, se han vuelto un dolor de cabeza esas declaraciones?
Los derechos de la oposición implican el derecho al disentimiento. Lo que molesta es el golpe bajo, la pugnacidad y el insulto. El radicalismo es aceptable en la medida de que no implique la violencia verbal. Si estamos tratando de erradicar 50 años de violencia, deberíamos renunciar a recursos que acudan a la violencia para descalificar al contrario.

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