Las curules de las FARC en el Congreso: ni muy poquito ni muy exagerado

Esta semana se conoció el texto final y definitivo de los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, dentro de los cuales se explicitan cómo serán las curules de las FARC en el Congreso. El hecho de haber logrado un acuerdo al respecto destrabó las negociaciones.

Esta semana se conoció el texto final y definitivo de los acuerdos de paz entre las FARC y el gobierno colombiano, dentro de los cuales se explicitan cómo serán las curules de las FARC en el Congreso. El tema hacía parte de los temas todavía pendientes de las negociaciones de paz y el hecho de haber logrado un acuerdo al respecto destrabó las negociaciones.

Ya no hay lugar a especulaciones. En un principio, las FARC tendrán tres voceros en el Senado y tres en la Cámara de representantes, pero no tendrán votos. Para las elecciones de 2018 se les garantizará mínimo cinco curules para el Senado y cinco para la Cámara, pero estas curules serán sometidas a elecciones. El acuerdo logrado parece salomónico.

Bienvenido este acuerdo. Supera el problema de las curules a dedo que suelen ser consideradas como un regalo perverso. Supera también la imposibilidad de que las FARC participen en política, o por lo menos, que sus miembros puedan presentarse a elecciones populares, aunque no está claro si para estos puestos, las FARC podrán postular o no a sus líderes acusados de crímenes de guerra o de lesa humanidad.

La fórmula de los escaños reservados es una medida de discriminación positiva que se ha sido utilizada en varios escenarios tanto en Colombia como en otros países. Favorecer la representación de algunas comunidades, algunos partidos o grupos políticos y proteger su inclusión o transición hacia la democracia es bienvenido. La idea de tener algunas garantías de representatividad en el Congreso y de no competir directamente con otras fuerzas políticas no es bueno o malo en sí, sino que depende de otros factores como el número de mandatos y el número de curules que se les otorgan a los beneficiarios  de estas medidas.

Primero, el número de mandatos. El acuerdo final y definitivo en su párrafo 3.2.1.2a estípula lo siguiente: “(…) el Gobierno Nacional pondrá en marcha las reformas constitucionales y legales necesarias para garantizar, mediante una fórmula transitoria, la representación política en el Congreso de la República al nuevo partido o movimiento político, durante dos períodos constitucionales contados a partir del 20 de julio de 2018.” La fórmula es claramente transitoria. Una cosa es que las FARC beneficien de garantías protección durante un tiempo limitado para hacer su transición a la política sin armas (en este caso dos mandatos). Otra cosa muy diferente es que hubieran obtenido estos curules ad vitam aeternam, es decir de manera indefinida.

El segundo factor es el número de curules. ¿Obtuvieron las FARC, a través de estas curules una representación política en sus justas proporciones? Asignarles uno o dos escaños hubiera sido más que todo simbólico y seguramente difícil de vender a las bases de la guerrilla. Por el otro lado, otorgarles hasta diez curules habría sido un poco exagerado. No es que con diez senadores, el país hubiera caído en el castro chavismo. No hay que exagerar la capacidad futura de las FARC de influir en la política (ni minimizarla, obviamente). El problema es más bien una cuestión de proporcionalidad y de equidad. Como era entendible, las comunidades afrocolombianas e indígenas, que no tienen más de 2 escaños en el Congreso y en la Cámara, no esperaron el anuncio oficial del acuerdo para protestar. De hecho, su argumento es entendible: ¿Por qué las FARC tendrían más del doble de curules que estas comunidades que representan el 15% de la población colombiana? Los indígenas llevan 500 años de lucha para que escuchen y respecten sus derechos. Las FARC 50 años con fúsiles

Algunos partidos políticos también expresaron su inconformidad ante esta fórmula y ante el hecho de que “como una medida para facilitar el tránsito de las FARC-EP a la actividad política legal, el partido o movimiento político que constituyan recibirá anualmente, entre la fecha del registro y el 19 de julio de 2026, una suma equivalente al 10% anual de la apropiación presupuestal para el funcionamiento de los partidos y movimientos políticos.” (p. 62).

La otra inconformidad tiene que ver con las circunscripciones especiales de paz, en la medida en que estas curules transitorias especiales se adicionarán a las cinco curules asignadas a las FARC en la Cámara de Representantes. Se habló, en un momento, de que podrían ser entre 10 y 15 circunscripciones especiales de paz. Los negociadores definieron finalmente que serán 16 (párrafo 2.3.6 p. 48): “El Gobierno Nacional se compromete a crear en estas zonas un total de 16 Circunscripciones Transitorias Especiales de Paz para la elección de un total de 16 Representantes a la Cámara de Representantes, de manera temporal y por 2 períodos electorales.”

Sin embargo, y al igual que las demás curules, la fórmula es igualmente transitoria, es decir no indefinida. Aunque allí también, el texto de los acuerdos aclaró lo siguiente: “Los partidos que cuentan con representación en el Congreso de la República no podrán inscribir candidatos ni candidatas para estas Circunscripciones.” Dicho de otra manera, las FARC sus movimientos afines podrán tener hasta cinco más dieciséis, o sea veintiuno representantes a la Cámara, lo que podría causar mayor malestar.

¿Será que en materia de participación política, el gobierno les regaló mucho a las FARC? Un regalo perverso decía el politólogo Karl Deutsch, es cuando uno regala algo a alguien por dejar de cometer delitos o crímenes, cosa a la cual las demás personas que nunca cometieron delitos o crímenes pueden difícilmente acceder.  

Si la fórmula hubiera sido de carácter indefinido, esta solución habría resultado bastante insostenible por ser demasiado injusta y hacer correr riesgo de ir en contra de la reconciliación nacional y del objetivo de no repetición. Pero dado que el esquema previsto es transitorio, esta fórmula resulta bastante balanceada. Por un lado, otorga a las FARC las garantías necesarias para que puedan hacer política sin armas a futuro. Pero por el otro, también les advierte que de aquí en adelante, no podrán revivir el argumento de que tuvieron que tomar las armas para influir en política, y no tendrán excusas si les va mal en las urnas.  

*Director del Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales (CIPE) de la Universidad Externado de Colombia.