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Paz 29 Jun 2013 - 9:00 pm

Los escenarios paralelos de la paz y la guerra

Diálogo y fuego en las regiones

La pausa en los diálogos de La Habana dio lugar a la visibilidad de la protesta social. Un escenario legítimo que de alguna manera la guerrilla aprovecha. Las Fuerzas Militares refuerzan sus acciones para que el incendio no se expanda.

Por: María del Rosario Arrázola
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Mientras las delegaciones del Gobierno y las Farc están en receso, en el país se agita la protesta social y se intensifican las operaciones militares . / AFP

La semana que concluye fue de receso en los diálogos de paz entre el Gobierno y la guerrilla que se adelantan en La Habana, pero en el territorio nacional fue de días de tensión en el orden público. De un lado el polvorín del Catatumbo, que dejó ver la confrontación entre la Policía y las organizaciones campesinas, y del otro, el incremento de los operativos militares contra objetivos claves en la insurgencia. Difícil no admitir la conexión entre los escenarios de la guerra y la paz ahora que el tema de discusión es la participación en política.

En el momento de presentar sus propuestas para esta segunda etapa de discusión, los voceros de las Farc hicieron énfasis en la participación de las regiones a través de las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes. Incluso llegaron a sugerir la creación de una cámara territorial que sustituya a la actual Cámara de Representantes para garantizar una nueva forma de debate democrático. En otras palabras, una evidente demostración de que conciben llegar a la paz e intervenir en política, pero desde las regiones.

Eso explica cómo les cae como anillo al dedo la agudización de la protesta social en el país. Lo manifestó una fuente consultada: “No quiere decir que, por ejemplo, las marchas en el Catatumbo sean impulsadas por las Farc, como han salido a decir algunas autoridades, pero de que las aprovechan, no cabe duda”. De alguna manera, son expresiones de inconformidad con el Estado que sacan a relucir temas que aún no tienen suficiente desarrollo en la mesa de diálogo. Como las zonas de reserva campesina o la sustitución de cultivos ilícitos.

La guerrilla sabe que a la hora de la política las regiones donde el conflicto ha sido una constante histórica en los últimos tiempos es su escenario clave. En las actuales condiciones, si se sostienen las protestas, sirven como herramienta para presionar en la mesa de diálogo. Es decir, mientras más bloqueos, manifestantes y organizaciones sociales y cívicas salgan a las calles, sin querer queriendo las Farc pueden demostrar en La Habana que existen problemas rurales por resolver y que sus tesis de participación política son válidas.

El problema es que la visibilidad de la protesta en el Catatumbo se convierta en un modelo para replicar en otras regiones, lo cual crearía para el Gobierno un lío mayor de inciertas consecuencias. De hecho, esta semana alcanzaron a circular versiones de que se estaban gestando protestas similares en Cauca, Putumayo, Caquetá, Antioquia, Tolima y Arauca. Aunque claramente refiriéndose a la crisis del Catatumbo, cabe recordar cómo el director de la Policía, José Roberto León Riaño, les insistió a sus hombres: “Ojo con los paros”.

Las Farc han dejado advertir en Cuba que frente al laberinto jurídico que significa acceder al Congreso o la inutilidad de unas pocas curules para enfrentar la aplanadora legislativa de la política tradicional, lo suyo es la creación de un movimiento con influencia en las regiones que eventualmente se pueda proyectar a las elecciones locales. En ese contexto las manifestaciones de protesta social también juegan en su favor. De alguna manera se asoma la estrategia de ambientar los diálogos regionales como otra forma de ampliar su círculo político.

Ante tales cálculos, el Gobierno sabe que además de salir a apagar los incendios con voceros de alto nivel, tiene que garantizar que no se extiendan a otras regiones. En esa visión, tiene un as en la mano: arreciar sus operaciones militares contra las Farc. La idea es que si la guerrilla quiere sacar ventaja de la legítima protesta social, las Fuerzas Militares propinen fuertes golpes a su antagonista o pongan a correr a sus jefes. En el fondo, así resulte contradictorio, en las actuales circunstancias eso puede beneficiar el ritmo de las conversaciones.

Eso también explica por qué se han intensificado las operaciones militares en zonas como Guaviare, Meta, Putumayo o Arauca. En cada una de estas regiones hay objetivos de alto valor estratégico y la instrucción es clara: desarrollar las misiones tácticas que sean necesarias con toda la tecnología a su disposición. En concreto, atendiendo órdenes del alto mando, aviones Tucanos, Supertucanos y helicópteros Blackhawks se han desplazado hacia bases militares en el sur del país y zonas de frontera para desarrollar operaciones contra las Farc.

El más reciente golpe se dio el pasado domingo 23 de junio en Tame (Arauca), donde cayó abatido el jefe del frente 45 de las Farc, alias Antonio Pescador. De igual modo, las Fuerzas Militares han activado sus acciones contra varios miembros del Estado Mayor Central de la organización o contra mandos medios de columnas móviles y frentes. La ofensiva busca también que crezca el número de entregas voluntarias de guerrilleros rasos, con el objetivo de apretar el acelerador hasta que las Farc asuman que negocian la paz o negocian.

Ni siquiera la región del Catatumbo, donde hoy protagoniza la protesta social, está exenta de la directriz militar. La idea es cerrarle el paso al máximo jefe de la organización guerrillera, alias Timochenko; también al exguerrillero y mandamás del narcotráfico en la región alias Megateo, cuya zona de operaciones común es esta convulsa región. Según estableció El Espectador, en esa zona las Farc les dieron prioridad a las columnas móviles y el propósito es neutralizarlas para avanzar hacia los enclaves de los principales mandos de la insurgencia.

“Inteligencia militar y de policía tiene la ubicación exacta de los campamentos y los anillos de seguridad de Timochenko y de la forma como se mueve estratégicamente en la zona fronteriza con Venezuela”, comentó una fuente militar. De la misma manera, hay acciones enfocadas hacia el frente Tercero, la compañía 29 de Mayo y la columna móvil Antonia Santos. Una reactivación de las acciones militares que se replican en todo el país, también para impedir que las Farc quieran aprovechar la protesta para regionalizar su debate.

Más allá de la guerra, el Gobierno confía en que el proceso de paz avance en La Habana y que antes de caer el telón de 2013 se dé un acuerdo general para la terminación del conflicto. Obviamente, para la misma época, las Farc confían en que al menos las zonas de reserva campesina estén listas. Entretanto, a falta de diálogo en Cuba, los escenarios de la confrontación tienen suficientes ingredientes políticos. Si el diálogo se abre paso y neutraliza la violencia, los efectos van a verse desde la región del Catatumbo hasta La Habana.

Los aliados internacionales de la paz

La estrategia del Gobierno en búsqueda de la paz va más allá de los diálogos que se adelantan en La Habana o de los avances en el escenario militar. La canciller María Ángela Holguín ha desplegado una ofensiva diplomática que tiene como fin lograr aliados importantes, para la negociación.

 Los frutos se han venido dando. En su gira por la región, la canciller Holguín logró que el presidente de Uruguay, José Mujica, se convirtiera en un aliado incondicional en el proceso de paz. Del mismo modo, sucede con el mandatario de Chile, Sebastián Piñera, quien desde el principio respaldó los diálogos, pero ahora tendrá un papel más protagónico. A esto se le suman las gestiones del presidente Juan Manuel Santos con el primer ministro de Inglaterra, David Cameron, y el expresidente del Gobierno español, Felipe González, quienes apoyan el diálogo. Y tampoco se descarta el llamado a la paz y reconciliación del papa Francisco, con quien el mandatario sostuvo un encuentro a mediados de mayo.

La otra mirada del conflicto

Las redes sociales en internet demostraron esta semana que, más allá de las críticas a sus contenidos, se han convertido en una fuente directa de información. Lo que sucedió en la región del Catatumbo es una muestra de que en estos tiempos de comunicación masiva ya no es posible ocultar nada.

La Asociación Campesina del Catatumbo o el colectivo Prensa Rural, por citar tan sólo dos ejemplos, pusieron en las redes terribles imágenes de lo sucedido. Tan duras como las que se vieron divulgadas por la Fuerza Pública. Sin necesidad de palabras, mostraron la gravedad de los hechos.

 

No se trata de armas sino de información. Es la forma como a través de celulares, cámaras y otras opciones tecnológicas, la gente divulga cuanto ve. La manera como se reprodujo en chats, Twitter, Facebook o correos electrónicos prueba que la comunicación de hoy es distinta.

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