Paz 16 Sep 2013 - 1:09 am

El fotógrafo de la violencia

'El arte nos deja una memoria de los horrores'

Juan Manuel Echavarría ha intentado registrar en su obra artística las verdades que no caben en la historia oficial de Colombia

Por: Pablo Correa
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Juan Manuel Echavarría nació en Medellín y este mes está exponiendo en Francia. / David Campuzano

Juan Manuel Echavarría tenía 50 años cuando entendió que había fracasado como escritor. “Mis novelas son un naufragio”, confiesa sentado en la sala de su apartamento en Nueva York, al que huye cuando otra ciudad inmensa, Bogotá, lo agobia. En la pared que atraviesa de un lado a otro el inmenso salón están empotradas las fotografías de una obra que bautizó Réquiem NN.

A primera vista parece la obra de un artista excéntrico y contemporáneo. Recuadros de colores vivos mezclados con letras aquí y allá. De cerca, salta a la vista una verdad que produce escalofrío: son fotografías de tumbas. Son tumbas a donde los habitantes de Puerto Berrío, Antioquia, llevan los muertos que recogen del río.

El origen de esta y sus demás obras lo atribuye a aquel día en que caminaba con su cámara fotográfica por una calle del barrio 20 de Julio en Bogotá. Era una calle llena de maniquíes desfigurados, mutilados. Las personas pasaban a su lado mirando los precios y las prendas, pero nadie parecía detenerse en los rostros. “Fue ahí donde tuve una revelación. Ese momento separó mi vida de una literatura onírica y me fui por este camino de investigar la violencia de mi país a través de la fotografía. Se rompió la indiferencia con la que había vivido”.

El arte, dice, tiene también una misión en un país que necesita entender su pasado para dar un paso hacia un futuro en paz. Es quizás la única ventana posible.

¿Qué es la memoria para usted?

Hay una frase en Archipiélago gulag, del escritor ruso Aleksandr Solzhenitsyn, parece que es un proverbio ruso, que dice: “No escarbe el pasado. Si se escarba el pasado se perderá un ojo. Pero olvide el pasado y perderá ambos ojos”. Creo que la memoria puede ser dolorosa, como también luminosa.

¿Cuál es la relación de su trabajo con la memoria y con la guerra?

Llevo un poco más de 15 años investigando la violencia a través del arte, a través de mi cámara de fotografías. Es un camino muy corto para una guerra que tiene raíces tan profundas en el tiempo. Me he interesado en trabajos que guarden una memoria no oficial. La oficial encubre verdades, las tapa.

Ahora que estamos entrando a una etapa de posconflicto. ¿Qué es lo que cree que debemos recordar y qué se debe dejar atrás?

Si miramos la historia de Colombia, no hay mucho sobre la guerra bipartidista de los años 50. Creo que gracias al Grupo de Memoria Histórica, gracias también a las víctimas que se atreven a contar sus historias, se está construyendo una memoria muy importante en el país. Un país que no tenga memoria va a repetir sus traumas, o más bien sus traumas no van a ser resueltos. Creo que hay que escuchar a las víctimas. Pero también a los victimarios. Son procesos muy largos. Muy difíciles. Son procesos traumáticos para un país: mirarse, ver y reconocer sus heridas.

¿Qué papel juega el arte en ese proceso de memoria?

El arte propone una mirada diferente. En el caso de talleres de arte que hice con exvictimarios que pertenecieron a diferentes ejércitos, el pincel les permitió contar sus historias personales. Algo que quizás no habrían podido hacer en un juzgado.

¿Hablemos sobre su obra ‘La María’?

Las mujeres secuestradas de La María eran 11, pero sólo pude contactar a siete. Lo que a mí me impactó es que trajeron desde los farallones de Cali, donde estuvieron secuestradas, objetos e insectos que coleccionaron durante los cinco meses que duró el secuestro. Trajeron insectos, también pequeñas piedras, como si fueran suvenires. Tomar esa decisión de traer estos objetos, siento que es un intento de no olvidar. Impactante, por ejemplo, cuando una de ellas, Isabela, decide traer un trapo rojo deshecho que durante cinco meses del secuestro fue algo que utilizaron todas como toalla.

‘Réquiem NN’ es una obra sobre un lugar muy afectado por la violencia, Puerto Berrío. ¿Qué descubrió allá?

Lo que vemos en mis fotografías de Réquiem NN son tumbas de Puerto Berrío, Antioquia, Magdalena Medio. En noviembre de 2006 fui por primera vez. Allí se da un ritual muy particular. A los muertos que bajan por el río los rescatan los pescadores y la gente. Se entierran en el cementerio y empieza un ritual muy curioso en el que los vivos los empiezan a escoger. Escogen a un NN para pedirle favores al alma y a cambio de esos favores la persona le cuida la tumba, la pinta, le lleva flores, incluso le pone una placa agradeciéndole. Y, aún más, lo bautizan. Algunos hasta le han dado sus propios apellidos. Individualmente es algo utilitario, pero colectivamente están diciendo: estos muertos nos pertenecen. Aquí no le estamos dando la espalda a la violencia. Esta es una historia que habla sobre la muerte, pero también sobre la vida.

¿Esos rituales de la memoria también los ha encontrado en la música? ¿De qué se trata ‘Bocas de Ceniza’?

Voy con frecuencia al pueblo de Barú, a dos horas de Cartagena. Una noche de 2003 estaba tomándome una cerveza con unos amigos y de pronto llegó alguien y se sentó. No era de Barú y más tarde nos contó que compuso una canción y preguntó si la queríamos oír. Lo escuchamos. Era una canción en que le daba las gracias a Dios porque lo ayudó a sobrevivir a una masacre. Le pedí que me dejara grabarlo con mi cámara. Más adelante, poco a poco, fui encontrando otros cantantes. Pienso que hay muchas personas en Colombia que guardan la memoria a través del canto.

¿Cómo lo ha transformado esta exploración de la memoria y la violencia?

Cuando escribía, mi literatura era onírica. A mí no me interesaba la historia de mi país. Le daba la espalda. Mi literatura fue un naufragio. Pero sobreviví. Y el náufrago que sobrevive trae algo. Yo traje un conocimiento sobre lo simbólico. Lo interesante del arte es que permite una mirada indirecta. Creo que nos deja reflexionar sobre el horror. Si viera la fotografía de una masacre a través de la reportería gráfica, estoy seguro de que no la podría mirar. Pero a través del arte pienso que se abre otra mirada. Una mirada que no nos petrifica y que abre espacios de reflexión y espacios de emoción sobre los horrores de la violencia.

¿Borraría algún recuerdo de su vida?

Creo que nunca podré olvidar, y quisiera borrarlo aunque es imposible, el momento en que secuestraron a mi hermana Patricia y a su hija Dina. Quisiera borrar la voz de mi mamá cuando me llamó por teléfono a decirme que se las llevaron. Eso fue en 1989 y todavía puedo escuchar la voz de mi mamá.

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Dunan

Mar, 09/24/2013 - 22:09
Se le nota mucho el "sufrimiento" a este burguesito bogotano... cuanto habrá pagado por cada "boca de ceniza"?
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EZ

Mie, 09/18/2013 - 09:06
excelente reportaje. aprecio mucho que estos temas y personajes tengan exposición en el diario. en este pasi necesitamos arte que ayude a sanar nuestras profundas heridas y la obra de este artista es una muestra de ese valioso arte.
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kirios

Lun, 09/16/2013 - 01:35
' Felicitaciones ¡ Qué gran trabajo de este artista no solo como rescatador de la memoria histórica,sino de la dignidad de un pueblo dolido y de esa estética que la barbarie quiso imponerle al país para derrotarloo , sin lograrlo y que ahora permite que se pueda ver de frente para exorcizarla y decirle nunca más. Tambien los artistas tienen mucho qué hacer en la lucha por la paz y de denuncia de tanto horror.Fel i
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