Paz 19 Feb 2012 - 7:45 pm

Diez años del Caguán

El Caguán o El 'Ciérrate Sésamo'

Una respuesta de la Comisión de Paz del Senado al "fallido intento del Caguán que se recuerda como un error estratégico".

Por: Roy Barreras, Presidente de la Comisión de Paz del Senado
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Foto: David Schwarz/Cromos

Diez años del Caguán o diez años del fracaso de la paz; que son también diez años más de conflicto. Fallido intento del Caguán que se recuerda como un error estratégico. Sinónimo de torpeza, de ingenuidad, e incluso de irresponsabilidad. La palabra “Caguán” también adquirió un efecto mágico y perverso: Cerró todas las puertas al diálogo. Nada más pronunciarla durante estos diez años cierra puertas y oídos a una salida política al conflicto. Y no era para menos, la cadena de errores que el país vio con asombro en televisión como quien sigue un reality inconcebible, impulsó el péndulo emocional de los colombianos hacia el otro extremo: De la ilusión del diálogo al fuego a discreción. Del mandato por la paz a la seguridad democrática. Y es ésta una cadena de errores que hay que recordar para no repetir: La no prohibición del secuestro como condición para el diálogo, la agenda abstracta, el abandono del territorio por parte del Estado, el peregrinaje inútil, el mal uso del acompañamiento internacional, el Eurotour de guerrilleros travestidos en diplomáticos, la visión de las camionetas robadas conducidas tranquilamente por los despojadores, la indolencia de las Farc frente a las familias de sus víctimas, el incremento del delito, en fin, la burla descarada a la esperanza de paz de los colombianos. Por eso el efecto más contundente del Caguán fue el triunfo de Uribe.

Fue el hastío por la burla de las Farc, la rabia por sus farsas y delitos, el miedo a su fortalecimiento, lo que generó el espacio para el líder de la seguridad democrática. Expatriado el lenguaje del diálogo y ocupado el espacio por los hechos y el discurso de la fuerza, los colombianos transitamos esta década aferrados al Estado fuerte que nos proteja honra, vida y bienes. Quien encuentra una tabla de salvación no la suelta y los colombianos en medio de los actos terroristas que recuerdan épocas aciagas, hoy no están dispuestos a volver a ese pasado de incertidumbre y desconfianza. Por eso hoy, diez años después, “Caguán” sigue significando error irrepetible. Y “volver al Caguán” un eufemismo con el que no sólo se recuerdan los errores del pasado, sino que se usa para estigmatizar cualquier otra iniciativa de paz para el futuro. Si dices “paz” alguien dice Caguán, como un “ciérrate sésamo” al debate.

Y lo que hay que saber es que así como el fracaso del Caguán abrió el camino al gobierno fuerte de Alvaro Uribe, sus éxitos innegables y su política de seguridad son los que abren el camino a la posibilidad de una paz nueva, diferente en el gobierno Santos. Una paz desde la fortaleza. Una paz desde el reconocimiento de nuestras instituciones y de nuestro Estado de derecho. Pero también una paz a la que no se pretenda llegar por el aniquilamiento del último enemigo.

El gobierno Santos por tanto, tiene una doble responsabilidad: La de mantener la fortaleza militar, el control del territorio y la protección y confianza de los ciudadanos, pero al mismo tiempo, construir desde esa fortaleza una solución definitiva al conflicto que le brinde a Colombia por fin la paz esquiva por más de medio siglo.

No habrá Caguán pero habrá paz. No se repetirán errores, no habrá show televisado, ni diálogos con los fusiles en la nuca, ni indolencia frente a los secuestrados mientras pasean por Europa sus secuestradores, no se retomarán agendas eternas dilatorias. Este no es un gobierno ingenuo y los colombianos ya aprendimos la lección. Y entonces sobre qué dialogar? ¿Qué es lo que estamos dispuestos a negociar? Sin duda no será la constitución, ni las políticas públicas, discutidas en la mesa del miedo con hombres armados que carecen de toda representatividad democrática apuntando al rostro de los negociadores. Tampoco será la rendición, sin duda. Pero sí las condiciones para la reintegración social y política de los colombianos violentos que quieran apostarle a la paz y a la democracia y sobre todo, plenas garantías para las víctimas en materia de verdad, reparación y no repetición.

Sin Seguridad no hay paz y sin paz no habrá futuro. Por lo menos no el futuro de crecimiento, desarrollo y oportunidades que merecemos todos los colombianos.

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Opinión por:

danyuni

Lun, 02/20/2012 - 13:27
Uribe!! este país es suyo, gracias a tu voluntad..
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