"El conflicto frena la producción agrícola"

Los actos terroristas encarecen la mano de obra, los insumos, el transporte y generan temor para hacer inversiones óptimas en el campo. Entrevista con Felipe Pinilla de Brigard, joven economista de la U. de los Andes.

Felipe Pinilla de Brigard.  / Liz Durán Rodríguez
Felipe Pinilla de Brigard. / Liz Durán Rodríguez

Tiene 24 años, una maestría en economía de la Universidad de los Andes y entra pisando fuerte en el análisis de la realidad nacional. Dice que en un escenario de paz, el sector agrícola podría crecer más del 5% de lo que actualmente representa en el Producto Interno Bruto (PIB).

Es Felipe Pinilla de Brigard, economista de las nuevas generaciones, quien se metió de lleno a investigar el tema agrario en el país y con su tesis de magíster titulada “Impacto del conflicto armado colombiano en la producción agrícola nacional” argumenta por qué la confrontación armada está frenando la producción del agro.

En las variables de su análisis destaca cómo el desplazamiento forzado, que según datos del Registro Único de Población Desplazada (RUPD, 2012) ha afectado a cerca del 8,5 por ciento de la población, encarece la mano de obra y reduce la producción agrícola nacional. El abandono de los predios y la escasez de la mano de obra impactan negativamente el Producto Interno Bruto del sector agrícola en 3,5%.

Pinilla alerta sobre un problema que hoy se presenta tanto en el campo como en las ciudades: el pago de extorsiones. Afirma que por culpa del conflicto armado que vive el país el agro está dejando de crecer en 3,1%, por el incremento en los costos de producción asociados al pago de extorsiones, mayores costos en el transporte por la afectación de la infraestructura por actos terroristas, altos costos de los insumos y semillas que deben pasar por zonas controladas por los grupos armados al margen de la ley.

Miedo e inversión óptima

En su investigación explica cómo “el miedo que causa el conflicto en la población provoca cambios de comportamiento que afectan la toma de decisiones óptimas para poner a producir la tierra, lo que disminuye las fuentes de ingreso y, por supuesto, los niveles de consumo”.

Es por eso que plantea la necesidad de generar un entorno de confianza que permita superar el atraso del sector para que los productores puedan concentrar sus recursos y energías en los productos que más se demandan. Es decir, que la producción esté basada en la demanda y el consumo y no en el miedo.

En su tesis, Pinilla retoma planteamientos de los investigadores Fabio Sánchez y Catherine Rodríguez (CEDE, 2009) en el sentido de que los efectos del conflicto armado en Colombia también se reflejan en la acumulación del capital humano, porque en las zonas afectadas por la guerra se da una baja asistencia escolar lo que, indudablemente, afectará el capital humano futuro de esos municipios.

“Uno de los aspectos que más me llamaron la atención del estudio fue encontrar cómo existe una correlación entre los departamentos que tienen un valor de productividad alto y las mayores afectaciones por el conflicto”, precisa Pinilla. Esos departamentos son Meta, Valle del Cauca y Risaralda (ver mapas).

Un escenario de paz permitiría aprovechar más el potencial agrícola del país, ya que existen más de 21 millones de hectáreas disponibles para uso agrícola y actualmente sólo se están explotando cerca de cinco millones de hectáreas.

El conflicto hace que muchos productores decidan hacer menores inversiones en sus tierras y asumir un perfil bajo para evitar ser víctimas de los grupos armados ilegales. “Si no hubiera conflicto armado se estuviera produciendo en más de 110.000 hectáreas adicionales, generando unas 700.000 toneladas de alimentos al año, con lo que comenzarían a darse pasos para solucionar el problema estructural que afronta el campo colombiano”.

Pinilla dice que los derechos sobre la tierra son un factor fundamental para el desarrollo del campo. “El despojo por la fuerza que hacen los grupos armados ilegales, debido a la alta informalidad de la propiedad de la tierra, es uno de los aspectos a los que más atención se les debe prestar por parte del Gobierno”.

Asegura que en el país no ha habido una reforma agraria pertinente y que sólo se han dado pasos para asignar baldíos, sin acompañamiento institucional, lo que finalmente favorece a los grandes terratenientes, quienes terminan adquiriendo las tierras que les entregan a los campesinos.

“Hay que regresar el campesino a su terruño y decirle esta tierra es suya, dedíquese a cultivarla y explotarla”, enfatiza el joven economista.

Explica que una de las experiencias más enriquecedoras, después de varios años de analizar el tema agrícola colombiano, fue poder constatar con el paro agrario, que se inició desde el 19 de agosto pasado, que todo su esfuerzo académico vale la pena y que lo que está escrito en su tesis de maestría encuentra sustento en la realidad que viven los campesinos, que se ha evidenciado con las marchas y peticiones que le hacen al Gobierno.

“Me inquietan los temas sociales”

Este bogotano, hijo de un abogado y una sicóloga, dice que siempre le han inquietado los temas sociales. Precisamente una de las aventuras que más recuerda fue la que protagonizó durante 38 días entre diciembre de 2008 y enero de 2009, cuando a bordo de 10 kayaks recorrió, junto con 40 personas, más de 1.500 kilómetros desde la Laguna de la Magdalena, en el Huila, donde nace el río Grande de la Magdalena, hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza, en Barranquilla.

“Dormíamos en los pisos de las escuelas y hacíamos talleres de sensibilización ambiental con los niños de los municipios ribereños. Con los jóvenes hacíamos talleres de trabajo en equipo y con los adultos talleres de primeros auxilios. Fue una experiencia muy enriquecedora”, dijo.

Hoy trabaja como analista de inteligencia comercial en uno de los grupos financieros más grandes del país y su interés por el sector agrícola no termina con la tesis de maestría.