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Paz 1 Feb 2013 - 8:40 pm

Las últimas del proceso de paz

El riesgo de negociar la paz entre las balas

La guerra marca los rumbos de la discusión en la mesa de diálogos. Tanto el Ejecutivo como la insurgencia libran sus propias presiones internas.

Por: Redacción Política
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El comandante de las Fuerzas Militares, general Alejandro Navas, quien reiteró la decisión del Gobierno de no bajar la guardia militar ante las Farc. / EFE

Al menos tres lecciones dejó la crisis que se vivió esta semana en los diálogos de paz que adelantan el gobierno Santos y las Farc en La Habana (Cuba): los riesgos permanentes de negociar la paz en medio de la guerra y luego reclamar por las acciones en el campo de batalla; el rechazo social que genera la privación de la libertad de civiles o de miembros de la Fuerza Pública, así se les denomine secuestrados, retenidos o prisioneros de guerra; y que cuando se multiplican los micrófonos se envalentonan las partes y se polariza la opinión.

Aunque el asunto no terminó en ruptura y al menos en la mesa de negociación Gobierno-Farc la semana concluyó con las aguas en reposo, sí quedó claro que por ahora la confrontación no va a ceder, entre otros aspectos porque es la forma de que cada quien se sienta fuerte a la hora de los diálogos. De alguna manera, tanto el Gobierno como la insurgencia tienen sus propias presiones internas y externas y el margen de maniobra de los negociadores está sujeto a los vaivenes de un conflicto armado sin mayores limitaciones.

Las Farc están forzadas a superar el escepticismo de algunos de sus comandantes, en especial de aquellos que se mueven en las zonas de mayor confrontación, y eso explica la insistencia de sus negociadores en un cese bilateral del fuego. El Gobierno quiere acelerar los diálogos en La Habana sin bajar la presión militar en Colombia, pero sabe que no puede ir más rápido y tiene que soportar la crítica incisiva de los sectores opuestos al proceso. Eso sí, tiene claro que no está dispuesto a pactar el cese bilateral.

Una prueba más de estas realidades internas para el Gobierno y la guerrilla fue el rosario de declaraciones encontradas con que se cerró el tenso momento de esta semana. En un comunicado que las Farc titularon “Los noes del Gobierno”, ayer el jefe guerrillero Iván Márquez le pasó una cuenta de cobro al Ejecutivo refiriendo ocho peticiones suyas que han sido negadas. La posibilidad de diálogos en Colombia, la presencia de Simón Trinidad o el Tratado de Regularización de la Guerra, entre otros puntos.

No hubo respuesta directa por parte del jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, pero no fue necesario, porque desde Colombia ya había suficientes voces de réplica y contraataque. Desde los ministros de Defensa e Interior, Juan Carlos Pinzón y Fernando Carrillo, pasando por los comandantes de las Fuerzas Militares y la Policía, y hasta el propio presidente Santos. Todos a una con similar mensaje: la ofensiva militar no va a ceder y de ninguna manera se le hará juego al secuestro.

“Si las Farc creen que a través de los secuestros —que prometieron que no iban a realizar— van a tratar de presionar al Gobierno para aspirar a un cese al fuego dentro del proceso de diálogos, se equivocan”, recalcó el presidente Juan Manuel Santos. Y luego sintetizó en pocas palabras cuál es la visión del Ejecutivo respecto a las Farc: “Aquí no hay contemplación de ninguna naturaleza, así estemos dialogando. Los generales saben que tienen que triplicar el número de acciones hasta que terminemos esta guerra por las buenas o por la malas”.

Es lo que le corresponde al jefe de Estado, sobre todo cuando siente la presión política y social cada vez que la guerrilla protagoniza una nueva acción violenta. Ayer, por ejemplo, murieron tres policías en La Guajira. El primero en reaccionar fue el expresidente Uribe, quien incluso divulgó fotografías de los uniformados muertos. La respuesta del Gobierno no se hizo esperar. El ministro Fernando Carrillo escribió: “La sangre de nuestros policías es nuestra sangre. No puede exhibirse como trofeo de guerra contra la paz”.

Es decir, el escenario alterno de la guerra de declaraciones de ambas partes con las motivaciones políticas anexas. Horas antes, el mismo ministro Carrillo había advertido que únicamente las Farc podían devolverle la confianza al proceso de paz. Y añadió una reflexión que también explica su réplica al expresidente Uribe, al advertir que o la guerrilla negocia con sinceridad o va a ser responsable del fin de los diálogos, pues además con sus secuestros lo que hace es avalar el discurso de la extrema derecha en Colombia.

Sin avances en la negociación, ésta seguirá siendo la ración cotidiana ante la opinión pública. Sin concesiones territoriales o despliegue mediático, pero la misma historia de siempre respecto a anteriores procesos de paz. A cada acción militar, una amenaza de ruptura o un comentario desafiante. Las Farc acusando al Estado de haber institucionalizado el conflicto; o los generales resaltando su disposición a combatir sin descanso, “sin bajar la guardia”, sin excepciones, en todo el territorio nacional.

Un ambiente que por ahora dio para una crisis pero que en la medida en que se vuelva recurrente, puede terminar, como siempre, en un puntapié a la mesa, hasta una nueva oportunidad y después de una larga lista de nuevas víctimas del interminable conflicto colombiano. Ayer, el jefe guerrillero Iván Márquez planteó una alternativa: una gran campaña para proteger la mesa de conversaciones. Sin embargo, hoy los niveles de resistencia de la sociedad no dan para está opción, si cada día las noticias muestran más acciones violentas.

En medio del rifirrafe verbal que caracterizó esta semana el proceso de paz en La Habana, quien terminó rompiendo su silencio de los últimos días fue Piedad Córdoba, quien a nombre del colectivo Colombianos y Colombianas por la Paz expresó su preocupación por el tono de las declaraciones y formuló un llamado a las partes para que no se levanten de la mesa hasta llegar a un acuerdo, y al país para que entienda que es necesario arropar esta iniciativa, participando activamente en su defensa colectiva.

La exsenadora informó que se van a convocar movilizaciones ciudadanas en respaldo a la mesa de diálogos de La Habana y en respuesta a quienes creen de antemano en su fracaso. “Debe entenderse que la paz no es un proceso entre el Gobierno y la guerrilla, sino un proceso en el que tienen que participar todos los colombianos”, insistió Piedad Córdoba, quien incluso consideró necesario que en algún momento entren a la negociación el Eln y el Epl, aunque no aclaró por qué habla de este segundo grupo ya desmovilizado.

Claro está que la exparlamentaria liberal no dejó de insistir en el punto que más mortifica al Gobierno, al manifestar que es muy riesgoso avanzar hacia un acuerdo de paz sin un cese bilateral del fuego, y que de no concretarse esta posibilidad, al menos debería negociarse un acuerdo especial humanitario. Y agregó: “Discutir en medio de la guerra significa asumir que mientras se buscan acuerdos el conflicto continúa y hay que padecer lo que está sucediendo”. Ni más ni menos que la realidad de la guerra y sus secuelas trágicas.

En perspectiva, concluye una semana muy caliente. Ruido de voces desafiantes, hechos de guerra con nuevas víctimas y un proceso de paz en Cuba que vivió su primer remezón, a partir del secuestro de los agentes de policía Víctor Alfonso González y Cristian Camilo Yate, que entre otros aspectos siguen privados de la libertad. Una crisis que no va a bajar en intensidad mientras no se resuelva este capítulo. Con una razón adicional: nadie quiere vivir la tragedia que vivió Colombia en la última década por cuenta de un frustrado canje.

 

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