¿Hay unidad en las Farc frente a la paz?

El presidente Santos insiste en que no hay división en la guerrilla. Pero se habla de tres frentes y una columna móvil que rechazan los diálogos.

Henry Castellanos, alias ‘Romaña’, es comandante del frente 53 del bloque Oriental y miembro del llamado Estado Mayor Conjunto de las Farc. / Archivo El Espectador

Desde el mismo comienzo del proceso de paz entre el gobierno Santos y las Farc, uno de los interrogantes que se plantearon fue si en la guerrilla había unidad de mando, es decir, si todos los frentes que libran la guerra en Colombia acompañaban las negociaciones. Y aunque los máximos comandantes subversivos y el mismo presidente Juan Manuel Santos han dicho que sí hay cohesión en las filas guerrilleras y que las versiones que lo niegan lo único que buscan es “desinformar y sembrar dudas y miedo” en torno al proceso, lo cierto es que los hechos de los últimos días —como el plan para atentar contra el expresidente Álvaro Uribe y el fiscal general, Eduardo Montealegre, y algunos ataques en varios puntos del país— han hecho crecer la incertidumbre y los rumores.

Un informe de RCN Radio revela que, en efecto, ya empiezan a visibilizarse disidencias y desacatos en el interior de las Farc, motivados por la falta de representatividad que algunos sectores creen que hay en la mesa de diálogos de La Habana, la molestia de algunos mandos medios por los supuestos lujos con que viven los negociadores en Cuba y la resistencia a abandonar las jugosas rentas provenientes del narcotráfico. Concretamente se refiere a los frentes 7, 27 y 57, y a la columna móvil Teófilo Forero, que serían los que no acatarían el eventual acuerdo de paz que se llegue a firmar con el Gobierno.

Los frentes 7 y 27 son los que operan en los municipios de Puerto Rico, Puerto Lleras y Vistahermosa, en el Meta, conocido por las autoridades como “el triángulo de la coca”. Según el informe, se trata de los más ricos del bloque Oriental —con nexos con los carteles mexicanos— y con un gran poder militar. Uno de sus comandantes, Henry Castellanos, alias Romaña, sería de los más duros opositores al proceso de paz y habría ordenado aumentar el reclutamiento de menores, reforzar el entrenamiento de la tropa en explosivos e intercambiar cocaína por armas con grupos del narcotráfico.

En cuanto al frente 57, informaciones de inteligencia dicen que es el que controla la región del Darién, donde en alianza con los Urabeños domina la exportación de cocaína hacia Centroamérica. Y sobre la columna móvil Teófilo Forero, según un excomandante desmovilizado consultado por RCN Radio, su resistencia a los diálogos radica en que no se siente representada en La Habana y considera una “traición” el hecho de que los delegados de las Farc se hayan sentado a negociar sin el uniforme militar y las insignias de la organización, que era una de las premisas del fallecido máximo comandante guerrillero Manuel Marulanda o Tirofijo.

Lo que se ve es lo que hace algunos meses planteó el expresidente Andrés Pastrana, quien en entrevista en marzo pasado con El Espectador preguntó por la ausencia del ala militar de las Farc en Cuba, en ese momento representada por Pablo Catatumbo, Fabián Ramírez y Milton de Jesús Toncel Redondo, alias Joaquín Gómez, uno de los jefes del bloque Sur. Como se sabe, Catatumbo se sumó en abril a la mesa de negociación, lo que fue visto como un mensaje al país, y sobre todo a las tropas subversivas, de que hay cohesión y unidad de mando. Y, de paso, de que por fin se sentó a hablar al ala militar y a quienes más estarían involucrados en el tráfico de drogas.

Un estudio de Jeremy McDermott, codirector de InSight Crimede —organización no gubernamental de análisis e investigación sobre el crimen organizado en América Latina y el Caribe— advierte, por su parte, que el dinero del narcotráfico, la minería ilegal, las extorsiones y el secuestro no son las únicas motivaciones para que algunos de los combatientes de las Farc lleguen a criminalizarse o se nieguen a entregar sus armas. “Los guerrilleros tienen un estatus en sus comunidades, predominantemente rurales; y si bien muchos tienen poca o ninguna educación formal, ellos son respetados e incluso venerados. Por eso, la idea de convertirse en agricultores o en guardias de seguridad en una ciudad desconocida les puede resultar poco atractiva”.

Y agrega: “Los combatientes que controlan las unidades sobre el terreno, donde se cultiva la hoja de coca o se extrae el oro de manera ilegal, no son los actores políticos que podrían tener un rol destacado en una situación de posconflicto. Algunos apenas saben leer y nunca han estado en una ciudad, pero dirigen grupos de hombres y mujeres; y encima ganan grandes sumas de dinero”. Es la encrucijada que se plantea hoy frente al proceso de paz, teniendo en cuenta que el hecho de que algunos sectores de la guerrilla se criminalicen es casi inevitable. Y por eso, aunque el presidente Santos haya dicho que “no hay divisiones en las Farc”, se sabe que el Gobierno sí le ha pedido a la delegación guerrillera en Cuba aclarar quiénes sí y quiénes no están con la paz.