¿Llegó la hora del cese al fuego?

Las Farc insisten en pedirlo y el Gobierno en negarlo. Hay sectores políticos que hablan de que el proceso de paz está ya maduro para considerar esa posibilidad. Puntos a favor y en contra.

¿Llegó la hora de comenzar a hablar en firme de un cese al fuego entre el Gobierno y Las Farc? Hasta el momento, esa ha sido una de las más insistentes peticiones de la guerrilla. No hay declaración pública en La Habana en la que no mencionen el tema y solo la semana pasada, su máximo comandante, Rodrigo Echeverri Londoño, alias ‘Timochenko’, en una carta dirigida al presidente Juan Manuel Santos, en la que le pidió “aislar” al expresidente Álvaro Uribe ante sus posturas en contra del proceso de paz, habló también de la necesidad de un armisticio.

“Resulta muy difícil entender cómo puede presentarse como adalid de la reconciliación, un presidente que rechaza concertar un cese el fuego que detendría el desangre de los hijos de su patria (…) Estamos seguros de que la firma de un armisticio que ponga fin a los enfrentamientos armados sería un paso gigantesco en la construcción de la paz en Colombia. Y un mensaje inequívoco al mundo de que cuanto se habla de las posibilidades de un posconflicto se está expresando con suficiente propiedad. Mucho más si lo proclamáramos conjuntamente las dos partes. Son decisiones que no dan más espera, Santos. Que harían creer a todos en el proceso de paz”, escribió el jefe guerrillero.

Mensaje que tuvo respuesta casi inmediata del Gobierno, en cabeza de su ministro de Interior, Juan Fernando Cristo, quien enfatizó, una vez más, que se mantendrá la posición de adelantar negociaciones en medio del conflicto: “El Gobierno tiene una superioridad militar frente a la subversión que no va a dejar. Hay que mantener la ofensiva, garantizar la vida de los colombianos. Un cese bilateral traería muchas dificultades para el mismo proceso en La Habana”, expresó.

Hablando de argumentos, en el Congreso Nacional de Exportadores de septiembre pasado, el mismo presidente Santos dijo que las experiencias con las Farc en los intentos de paz anteriores han demostrado que “ellos son expertos para aprovecharse de los ceses al fuego para fortalecerse militar y políticamente”. Le respondió así a una petición hecha por el grupo de víctimas que en ese entonces viajó a Cuba a exponer sus puntos de vista en la mesa de diálogos, que exigió a las partes un “cese al fuego bilateral urgente” para que las discusiones avancen en un clima sin hostilidad y se imprima “celeridad” al proceso, con lo que se evitarían un número mayor de víctimas.
“Ese (el cese al fuego) sería un incentivo perverso para prolongar las negociaciones indefinidamente. Las Farc armadas, dialogando, sin presión militar, el mejor de los mundos”, advirtió el primer mandatario. E incluso, reconoció que no quiere pasar a la historia como otro presidente que ensayó un proceso de paz, fracasó y dejó a las Farc fortalecidas, por lo que en esta oportunidad no se considera “correr el riesgo”.

Sin embargo, aunque es claro que el Gobierno ha sido enfático en su posición, ya comienzan a aparecer en el país político posturas que sugieren que quizás ha llegado el momento de considerar esa posibilidad. Para el presidente de la Cámara de Representantes, Fabio Amín, del Partido Liberal, ya se ha avanzado lo suficiente en las conversaciones como para pensar en detener las hostilidades y así el proceso de paz gane legitimidad ante los ciudadanos.
“Ya llegó el momento de comenzar a hablar del cese al fuego y para eso se han iniciado los ciclos de discusión en La Habana en los que están participando generales activos de nuestra Fuerza Pública. Es el momento, de acuerdo a la madurez y a los avances del proceso de paz, que se llegue a eso: al cese al fuego, al cese de hostilidades y que de un momento a otro se comience a hablar de la dejación y de la entrega de armas”, afirmó. Para Amín, lo que se necesita es que las Farc suspendan sus ataques y acciones ofensivas de guerra para poder comenzar el trabajo del posconflicto en las regiones. “Es hora de que comencemos a hablar de cómo construir una paz desde las regiones con la inversión social que se requiere”, concluyó.

Otro que ha hablado el tema del cese al fuego fue el exministro Álvaro Leyva, que en una carta dirigida al expresidente Álvaro Uribe, le pidió apoyar una tregua entre el Gobierno y las Farc para acabar con tanta polarización en torno al proceso de paz. Su propuesta es un cese al fuego bilateral con verificación de observadores internacionales y nacionales, para detener el derramamiento de sangre y cerrar la brecha de la polarización por los opositores a la negociación del conflicto: “Encuentro que no es que usted haya sido y sea un enemigo cerril o grosero de la paz, como no lo fue del intercambio humanitario, sino que advierte su visión de un deber ser de la paz, que incluye unos inamovibles que según usted deben ser tenidos en cuenta en procesos de reconciliación nacional”, le escribió Leyva a Uribe.

Pero aunque no hubo respuesta directa del exmandatario, sí se dio por parte de sus escuderos. Entre ellos el senador Alfredo Rangel, quien señaló que Leyva se equivoca al buscar ese apoyo del uribismo: “Desde el Centro Democrático respaldamos la posición de Álvaro Uribe que para negociar la condición indispensable es el cese al fuego unilateral y definitivo del grupo terrorista y que la agenda de negociación con un grupo sin representación social y política se debe limitar a acordar la desmovilización, reinserción y desarme y sin impunidad por sus crímenes”.
A su vez, el también senador Fernando Nicolás Araújo advirtió que negociar un cese al fuego es como “cagüanizar el territorio nacional. Yo me pregunto, si mañana un guerrillero se roba unas vacas o se mete con una retroexcavadora en sur de Bolívar o extorsiona un comerciante en Bazurto, entonces, ¿no lo podemos perseguir? No se puede hacer una persecución criminal a esa actividad que no es un homicidio, pero si es una actividad criminal (… ) Eso es entregarle un salvoconducto a la guerrilla para que secuestre, extorsione y haga narcotráfico, todo lo que han venido haciendo durante 50 años en todo el territorio nacional. El cese bilateral acaba con el proceso de paz”, dijo.

Ahora, hay quienes ven diferencias entre ‘cese al fuego’ y ‘cese de hostilidades’. Como el exministro uribista Fabio Valencia Cossio, quien reconoció que es muy difícil negociar en medio del conflicto y la experiencia del Cagúan dejó entrever que a pesar de la declaración de cese al fuego en la Zona de Distensión, en el resto del país continuaban los secuestros, extorsiones y ataques por parte de las Farc, lo que llevó a una pérdida de confianza y de credibilidad que se tradujo en el fracaso de los diálogos. Para el exfuncionario, una cosa es “parar la guerra” desde el punto de vista militar, y otra el “cese de hostilidades”, lo cual tiene un sentido humanitario y, en este caso, le corresponde es a la guerrilla, que es la que hostiga a la población civil y ataca la infraestructura.

En un documento de análisis de la Fundación Ideas para la Paz, el investigador de la Universidad Externado, Frederic Massé, plantea que el cese al fuego tiene que ver con la correlación de fuerzas de los actores armados y en ese sentido debe ser lo más neutral posible. Y en este sentido, señala que si bien su declaratoria al inicio de unas negociaciones es inviable, pues reduce el margen de maniobra del más débil, la elección del momento en el que se debe declarar depende muchas veces de las características propias de la confrontación. “Así, por ejemplo, hay casos como el de Irlanda del Norte en los que el cese al fuego previo ayudó a generar confianza creando un ambiente favorable de discusión, mientras hay otros como el de Vietnam o El Salvador, donde la negociación se desarrolló exitosamente en medio del fuego, o como el caso de Nepal o Sri Lanka en los que a pesar de que hubo un cese al fuego previo no se avanzó en los diálogos”, explicó.

En ese mismo análisis, el también investigador Carlo Nasi recordó que en el pasado algunos intentos de suspensión de hostilidades fracasaron por la persistencia de la violencia debido a la falta de mecanismos adecuados de verificación que garantizaran su cumplimiento. Sea como sea, es claro que tarde que temprano el tema tendrá que ser avocado por el Gobierno, pues las Farc lo tocan casi todos los días. Un reto gigantesco, no hay duda, pues no se trata de una simple declaración y ya. Un cese al fuego implica establecer compromisos: qué se considera una violación, cuál es la cobertura geográfica, cuáles los mecanismos de comunicación ágiles, cuál el comportamiento respecto a civiles y los mecanismos de supervisión y verificación. Y bien es sabido que más allá del cumplimiento de lo acordado, en un país como Colombia, donde además de guerrillas existen otros grupos armados ilegales (bacrim), narcotráfico y hasta se habla de “fuerzas oscuras” que persisten y se lucran de la guerra, el asunto no es menor y requiere mucho análisis con cabeza fría.

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