Los desafíos tras la firma de un acuerdo de paz en Colombia

Documento de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos dice que es posible pensar en la firma de la paz hacia finales del año.

"Parece cada vez más probable que a lo largo del próximo año Colombia llegue a un histórico acuerdo de paz que promete poner fin a medio siglo de conflicto armado. A medida que aumenta esta probabilidad, Estados Unidos —
que ha contribuido miles de millones de dólares a la guerra— debe prepararse para ayudar a Colombia a consolidar la paz".

Lo dice Adam Isacson, coordinador principal del Programa de Políticas de Seguridad Regional, Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA), refiriéndose al informe 'Poner fin a 50 años de conflicto en Colombia', presentado por esa organización. Según el documento, las negociaciones entre el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc que se desarrollan actualmente en La Habana (Cuba), "están comenzando a dar resultado" y se ha llegado "mucho más lejos que nunca antes". Por eso, dice Isacson, "no sería irrazonable esperar que se llegue a un acuerdo hacia el fin de 2014".

El informe de WOLA analiza los desafíos pendientes en la mesa de negociación: encontrar una solución digna para los millones de víctimas del conflicto, establecer mecanismos de justicia transicional para llevar ante la justicia a los responsables de los peores abusos de los derechos humanos, y superar las objeciones de los opositores políticos a las negociaciones.

Y advierte también que una vez que se llegue a un acuerdo, será necesario hacer frente a una serie de retos definitivos en la consolidación de la paz: la implementación de los compromisos acordados en la mesa de negociaciones, la desmovilización y reintegración de todos los ex-combatientes, y el establecimiento de una presencia funcional del Gobierno en territorios durante mucho tiempo abandonados en manos de grupos armados ilegales.

Pero quizás uno de los puntos más importantes que plantea WOLA es el que se refiere al papel de los Estados Unidos en la paz de Colombia. El informe señala que desde el año 2000, Estados Unidos ha otorgado al país más de US$600 millones al año en ayuda mayoritariamente militar. “En los años posteriores a un acuerdo de paz, no solo se debería continuar la ayuda, sino que se debería aumentar y redirigir hacia las necesidades civiles, tanto económicas como de consolidación institucional”, explica Isacson.

El análisis plantea que Colombia necesitará ayuda para llevar al Gobierno a áreas sin ley; desmovilizar y reintegrar a los combatientes; asistir el retorno de poblaciones desplazadas; proteger a los defensores de los derechos; ayudar a cumplir los acuerdos sobre tierras, participación política y víctimas; apoyar la justicia transicional y el establecimiento de una comisión de la verdad; y garantizar una fuerte presencia internacional de verificación y monitoreo.

"Estados Unidos puede aprovechar la buena relación que ha construido con las poderosas Fuerzas Armadas colombianas para ayudarlas a atravesar la difícil transición hacia un rol menos dominante tras el conflicto. A medida que avanzan las negociaciones, el gobierno de Obama deberá continuar manifestando su apoyo al proceso. Deberá hacerlo incluso si los negociadores acuerdan cambios en la política antidroga —como la suspensión de la erradicación de cultivos mediante la fumigación aérea— que algunos sectores del gobierno estadounidense preferirían no implementar", dice Adam Isacson.

Y concluye: "El momento de ayudar a Colombia a prepararse para el posconflicto se acerca rápidamente. Estados Unidos y otros donantes internacionales deben comenzar a planificar ahora, no el día que se firme el acuerdo".