Más sillas en la mesa de diálogo

Hay quienes creen que llegó la hora de que diferentes sectores del país, más allá de los políticos, conozcan qué es lo que se está acordando en el proceso de paz de La Habana y expongan sus puntos de vista.

Las delegaciones de paz del Gobierno y las Farc, en plenas conversaciones en el Centro de Convenciones de La Habana (Cuba).  / EFE
Las delegaciones de paz del Gobierno y las Farc, en plenas conversaciones en el Centro de Convenciones de La Habana (Cuba). / EFE

¿Llegó la hora de abrir el proceso de paz que desarrollan en La Habana (Cuba) el gobierno del presidente Juan Manuel Santos y las Farc? Es la pregunta que quedó ayer sobre la mesa, tras el comunicado del grupo guerrillero —leído por Pablo Catatumbo— en el que, además de cuestionar el proyecto de referendo presentado por el Gobierno al Congreso para abonar el camino como mecanismo para que los colombianos avalen los eventuales acuerdos, proponen que una “delegación parlamentaria” se reúna con ellos “con el fin de escuchar nuestros planteamientos sobre el asunto de la refrendación”.

Ya hace unas semanas el presidente del Congreso, senador Juan Fernando Cristo —con quien Catatumbo dijo haber conversado telefónicamente en la noche del martes— había hablado de la necesidad de que una delegación de víctimas fuera hasta Cuba a fijar su posición frente al proceso, en aras de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Y también había insistido en que, de cara al tema de la participación política, era conveniente que los presidentes de los partidos o sus delegados tuvieran una conversación con los negociadores de las Farc para expresar sus posturas.

Es cierto que ya una delegación de las comisiones de paz del Congreso estuvo hablando con la guerrilla en La Habana. Asimismo, que por el Centro de Convenciones de la capital cubana han desfilado expertos de organizaciones internacionales relacionadas con la resolución de conflictos y hasta excombatientes que han firmado la paz en otros países. Pero lo que hoy reclaman algunos sectores en el país es que después de un año de haberse iniciado los diálogos de paz, es hora de que el país comience a conocer qué es lo que se está pactando, así el presidente Juan Manuel Santos y el jefe de su equipo negociador, Humberto de la Calle, digan que en ningún momento se trata de la institucionalidad del país.

Sobre la posibilidad de que una comisión de congresistas vaya a explicarles a las Farc su proyecto de referendo, el mismo jefe de Estado no ve mayores inconvenientes: “En principio no me opongo”, dijo, aunque, eso sí, aclaró que habría que ver las condiciones, cómo sería y cuándo sería. Para Santos, todo lo que contribuya a clarificar e ir tomando decisiones importantes en torno a la paz es bienvenido. Y, por lo visto, dicha comisión deberá estar centrada sólo en explicarles a los delegados guerrilleros el proyecto de ley estatutaria presentado para reglamentar los mecanismos de refrendación.

De hecho, para Cristo, si bien no se trata de “caguanizar” el proceso, es justo que a estas alturas se abra la discusión a los sectores ciudadanos, dependiendo de los puntos de la agenda. “Las víctimas y los partidos tienen mucho que decir y creo que el escenario es allá. Por eso supongo que Pablo Catatumbo se comunicó telefónicamente para insistir en que ellos consideran que es muy importante una reunión con los congresistas”, agregó. Una posición que comparte la senadora del Polo Democrático Gloria Inés Ramírez, quien cree que la sociedad civil no sólo puede estar para la refrendación de los acuerdos, sino que debe ser parte incluyente de las propuestas.

El exministro Antonio Navarro Wolf va más allá. En su concepto, el proceso de paz debería ser público, “que el país conozca qué es lo que se está acordando en La Habana, de qué es que se está hablando, porque aunque allá están sentados Gobierno y Farc, los temas que se están discutiendo nos interesan a todos”. Navarro ve que la mesa está cerrada sólo para la guerrilla, pues cada que termina un ciclo los miembros del equipo negociador del Gobierno se reúnen con gremios y partidos políticos para pedir sus puntos de vista sobre lo que se está hablando. Y la guerrilla hace lo mismo en Cuba, casi desde la clandestinidad.

En este sentido, el exministro —hoy haciendo política desde el Movimiento Progresistas— propuso la creación de un “fondo para la paz”, que facilite la llegada de personas que quieran participar en la mesa de conversaciones y que puedan hacer aportes importantes, como las víctimas y los campesinos, que seguramente no tienen cómo pagar un pasaje. “Hay que escuchar, lo digo por experiencia: cuando uno está en el monte tiene una visión sesgada de la realidad y cuando nosotros salimos a negociar, no conocíamos bien el país. Por ejemplo, Rósemberg Pabón no quería negociar y lo convencimos cuando le llevamos la gente de Yumbo para que lo convencieran”, contó navarro.

Por ahora, está claro que el dichoso proyecto para que el referendo de refrendación se haga el mismo día de las elecciones genera mucha incertidumbre en las Farc, que además de sentirse excluidas en la concertación de la idea, creen que esconde intereses electorales (léase reelección de Santos y campaña de los congresistas) y es una imposición del Gobierno, buscando excluir de su propuesta de asamblea constituyente. “Nos oponemos a la utilización de este mecanismo y debe considerarse que el Gobierno ha empeñado su palabra en el compromiso de que lo atinente a la refrendación de los acuerdos se definirá bilateralmente, al abordar la discusión del punto sexto de la agenda de diálogo”, argumentan en su comunicado.

Algo que para el presidente Santos se trata de una confusión: “Lo que esa ley estatutaria permite, y es para eso y solamente para eso, es que si hay un proyecto de referendo —si hay un proyecto de refrendo—, éste se pueda votar el mismo día que las elecciones, bien sean del Congreso o presidenciales”, precisó. Lo cierto es que, como dice el primer mandatario, se está en un punto fundamental del proceso de negociación con las Farc y la hora de las decisiones está cada vez más cerca. Y la ciudadanía, que mayoritariamente apoya los diálogos, ya reclama saber qué carga el barco de la paz y saber si avanza en realidad hacia puerto seguro.