Oposición no es enemiga, es un contradictor político

El exmagistrado plantea que al llegar la paz será necesario construir una democracia incluyente en la que haya cabida para las voces diferentes a la del Gobierno.

El Polo Democrático es el único partido de oposición en el Congreso. / Gabriel Aponte
El Polo Democrático es el único partido de oposición en el Congreso. / Gabriel Aponte

 Colombia en paz debe ser ante todo un país democrático. Yo digo a menudo que Colombia no es una democracia auténtica y que su enorme reto es constituirse como tal. Que la Constitución muestra el camino. Me imagino esa situación con partidos políticos fuertes, vigorosos, con el resurgimiento del Partido Comunista llamándose por su nombre, que nadie lo persiga, que sus militantes no tengan que esconderse.
Es una inmensa responsabilidad del Estado darles garantías a todos los proyectos políticos que surjan en el país en la época de posconflicto, y no sólo darles garantías, sino asignarles recursos para que puedan entrar en igualdad de circunstancias al debate de las ideas políticas.
El florecimiento de partidos serios, fuertes, que tengan propuestas diferentes, y particularmente partidos de oposición, es definitivo para que haya democracia. Me parece que los movimientos políticos estilo Marcha Patriótica son importantes porque mueven a la gente, pero no tienen un norte claro. Hacen falta partidos con propuestas ideológicas bien diferenciadas y que el debate político tenga lugar en esos términos.

Debe haber un espacio amplio de participación, pero tiene que encauzarse hacia la constitución de partidos, entendiendo por tales, organizaciones con vocación de poder y portadoras de propuestas ideológicas. Cuando no lo son, degeneran en simple aparato o maquinaria, lo que es absolutamente indeseable.

Hoy, por ejemplo, prevalece ese tipo de partidos con simples propósitos electorales inmediatos. No hay diferencias claras entre lo que es el Partido de la U y Cambio Radical, ni siquiera entre el Partido Liberal y el Partido Conservador. Por tanto, para que el debate sea rico y para que la ciudadanía se anime a participar, a votar y a superar los índices de abstención tradicionales, que son tan altos, es necesario que la gente sepa que en las elecciones se juega algo importante. Por ejemplo, que no es lo mismo que gane el Polo Democrático Alternativo a que gane el Partido de la U.
Ha faltado un proceso pedagógico de ambientación en la sociedad a la recepción de los guerrilleros reinsertados. Aún se les sigue tratando de una manera que revela odio, que revela aversión. Para que haya en realidad dejación de las armas y que se cambie la lucha armada por la política es necesario que se genere un ambiente en el que la gente entienda que los antiguos guerrilleros pueden hacer parte de las corporaciones públicas, que pueden desempeñar altas funciones del Estado.

Esa tarea pedagógica ha faltado y es necesario emprenderla y fortalecerla. De lo contrario seríamos conducidos a una pseudodemocracia donde para hacer política la gente tiene que esconderse, utilizar rótulos que no les corresponden a sus convicciones. Volveríamos a la época en la que los comunistas tenían que ocultarse en las listas liberales para las corporaciones públicas.

La democracia es una promesa en autenticidad, en el sentido de que a las personas no se les pasa cuenta de cobro por revelarse tal como son. Una sociedad democrática es aquella donde el gay puede decir que es gay, el comunista puede decir que es comunista, con la certeza de que van recibir un trato igualitario.
El solo hecho de que los guerrilleros hayan aceptado la invitación a un diálogo, a sentarse en una mesa de negociaciones con el Gobierno, demuestra que quieren cambiar la lucha armada por la política. Ese propósito es ya un punto positivo. Eso significa que tienen el ánimo de buscar un país distinto por las vías civilizadas.
Yo no sé cuál es su propuesta política, pero qué bueno sería que cuando se incorporen a la vida civil nos digan con claridad qué era lo que buscaban con las armas y que puedan conformar su propio partido o militar en alguno que les dé acogida, pero explicando claramente cuáles son sus propósitos.

Es urgente que empiece a cambiar la mentalidad del establecimiento, que no vea en la oposición a enemigos, sino adversarios políticos o contradictores. Hacer oposición en Colombia hoy es un acto heroico porque al opositor lo tienen como enemigo y lo tratan como tal. Es necesario apropiarse de la idea de que la oposición no sólo es legítima sino que es necesaria para construir una sociedad democrática.
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